Tras años de silencio y rumores sobre su destino, el fundador del Archivo Forteano reaparece para reivindicar la importancia de la evidencia documental y la urgencia de su preservación digital.

La reunión en La Molinera, en la esquina de Uriburu y Santa Fe, en el barrio de Recoleta, Buenos Aires, marcó el primero de varios encuentros previstos con un estudioso que siempre cultivó el bajo perfil. Fabio Picasso, investigador forteano activo desde los años ochenta, reapareció anoche para conversar sobre platívolos perdidos junto al profesor Fernando Jorge Soto Roland. Su regreso desactiva los rumores que, ante su ostracismo, llegaron a darlo por muerto.
Picasso trabajó como un pionero silencioso. Fue el primer interesado en escanear boletines argentinos de ufología, arqueología y criptozoología con el rigor de un historiador. A su gestión se debe el rescate en pdf de la revista UFO PRESS (también disponible en AFU) y, actualmente, avanza en la digitalización de la colección completa de Cuarta Dimensión, la mítica publicación de Fabio Zerpa.
El rigor de este forteano es tan técnico como lo es su profesión, es un farmacéutico, y cuando le llamamos pionero significa que su esfuerzo se anticipó al que emprendieron titanes del género rescatista como el abogado inglés Isaac Koi (AFU), los investigadores españoles Moisés Garrido y Claudia M. Moctezuma (Archivo Paradig+XXI) y los Archivos de lo Imposible que gestiona el Dr. Jeffrey J. Kripal en la Universidad Rice, Estados Unidos.
Además de Charles Hoy Fort, (1874-1932), su musa más evidente, en los años 80 Picasso fue suscriptor del UFO Newsclipping Service, un boletín mensual de recortes que publicó a lo largo de casi veinte años el ufólogo Lucius O. Farish (1937-2012).
A comienzos de siglo XXI, Picasso impulsó junto a Emilio Cabot, Mariela De Tomaso, Miguel Ángel Gómez Pombo y Claudio Miszka (1959-2017) el Proyecto CATENT (Catálogo de Entidades). A diferencia de otros registros centrados en luces nocturnas, el CATENT se enfocó en los ocupantes. Aplicaba criterios de credibilidad y contrastaba cada relato con prensa de la época y registros históricos. Su espíritu era estrictamente forteano: ningún caso era descartado por absurdo; todos merecían escrutinio. Fabio también cooperó con otros estudiosos llevando la amistad más allá de cualquier discrepancia de enfoque. Un caso emblemático es su colaboración con el escritor Héctor Antonio Picco (1941-2017), autor, entre otros, de Los Hombres de Negro en la Argentina (1997) y Las Pruebas Materiales de la Tierra Hueca (1987).
En 2004, fundó junto a la investigadora chilena Liliana Núñez el Archivo Forteano de Latinoamérica (AFLA). Siguiendo la tradición de Fort, el espacio se dedicó a preservar documentación sobre fenómenos anómalos, convirtiéndose en un centro de referencia regional. AFLA no buscaba pruebas de vida extraterrestre, sino documentar la casuística y el folklore: lluvias de objetos extraños, encuentros cercanos con humanoides, fantasmas y críptidos. Aunque el sitio original cayó en 2010, sus rastros permanecen en Archive.org.
Su figura traspasó la investigación para entrar en la ficción. El escritor Alfredo Salinas utilizó su nombre para el protagonista de sus novelas, un periodista especializado en lo sobrenatural. En 2009, esta historia llegó al cine con la película Pastora, el enigma del Monte Albornoz, donde el actor Gabriel Corrado interpretó a un Picasso cinematográfico tras los rastros de la misteriosa desaparición de una niña en 1972.
La desaparición de la web de AFLA en 2011 alimentó sospechas sobre su salud y paradero. Picasso confirmó en este encuentro que atravesó problemas personales y de salud serios, pero demostró una filosofía de vida capaz de sobreponerse a las calamidades. Actualmente, junto a Pablo Basterrechea, responsable del blog El Sur del Gran Triángulo, ha comenzado a volcar su archivo de recortes en Facebook, publicando cada pieza con referencias bibliográficas precisas para facilitar el trabajo de futuros investigadores.
Nuestro frugal encuentro cerró entre evocaciones a figuras desaparecidas y olvidadas y una coincidencia central: la necesidad de preservar el material histórico como base firme para la investigación de anomalías.
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