Quince años después del inicio, Factor reunió en un foro abierto a colaboradores, amigos y curiosos. Hubo abrazos, debates, agradecimientos, diferencias y algún hater de cuento.
¿Qué aprendimos? Factor encarna un proyecto cultural difícil de encasillar. Habemus entre los participantes cierta confluencia de intereses, pero prevalece una diversidad de voces casi ontológica.
Lo que sigue es un registro tardío, parcial y subjetivo de una celebración inolvidable, entre lo que fue, lo que no será y lo que todavía no sabemos si sucederá, o queremos hacer.
El pasado 11 de abril de 2025, la Biblioteca Popular Ansible acogió a los invitados de Factor para celebrar los primeros 15 años de existencia del sitio. Fueron y vinieron palabras, trucos de magia, intervenciones espontáneas –otras no tanto–, del público y las copas, en un brindis o firulete final, cortesía de 99 Fuegos Malbec.
Quince, veinte, cincuenta años son marcas emblemáticas e hitos memorables en la trayectoria de cualquier proyecto. A veces son, también, momentos de quiebre. No el quiebre en el sentido del llanto copioso –por no alcanzar utopías tales como su autofinanciamiento: este sitio superó quiebres así–, sino a los quiebres más bien simbólicos, a saber: “hoy termina cierta etapa y empieza esta otra”. Semanas antes del evento en la Biblioteca Popular Ansible, gracias el pulgar arriba y la simpatía a prueba de rayos láser de Carles Ros Mas, aquella idea de quiebre se me manifestó en un sueño.
Una mañana de marzo de 2025, todavía poco convencido de celebrar este aniversario (en realidad, poco convencido de celebrar cualquier cosa), me desperté después de un sueño en el que me preguntaba si alguien, o un grupo, iba a querer continuar alguna vez Factor cuando yo no pueda, ya no quiera o ya no esté, es decir, me preguntaba cómo seguirá, si es que podría seguir, este proyecto que es tan de nicho, tan rico humanamente, tan pobre en lo económico, pero tan personal, si no fuera por Pablito Lozano, que es como el brazo armado de la cosa.
En un lago del sueño vi emerger un Nahuelito digital, varias cámaras persiguiéndolo y un edificio rodeado de monitores-globo tipo helio con tags verdes de información codificada en una especie de juego de sapo. En el viaje reconocí mi preocupación por el futuro del blog: junto al juego había un cartel blanco con letras negras impresas en relieve, una especie de repulgue sobre la chapa vieja. Decía:
One-Seti. Módulo Rural de Conocimientos Galácticos”.
Armar un proyecto llamado así en Arturo Seguí, un pueblito cercano a La Plata, es una idea que me ronda desde 2018. El centro neurálgico de One-Seti sería una biblioteca pública, donde convocar a les amigues del blog a tomar unos mates al sol, un sitio donde los archivos y las historias estarían abiertos para quienes quisieran ser parte. Juntadas, charlas, talleres, cine-debate, todas esas bellezas que uno imagina querrá seguir haciendo de viejo e impulsar como parte de un colectivo multicultural de voluntades curiosas, con hambre de saber cada día más. Pero claro, eso es a una hora y media de Buenos Aires. Lejos de todo.
La realidad es una macana, pero no pierdo las esperanzas, así que dejo aquí mismo la marca digital que originó el nombre:
One-Seti no fue un sueño sino un malentendido. Quizá, algunas de estas cosas se pueden realizar en la urbe con el auspicio de dos iniciativas algo descuidadas, el Centro de Investigaciones Fantásticas (C.I.F.E.) y Eventos Anómalos. O las que se quieran sumar. Volveremos (sobre este asunto).
EL ENCUENTRO PROPIAMENTE DICHO
Las convocatorias se hacen desde las redes sociales. Hoy no existe otro modo. El sitio de Factor en Facebook, el Grupo de FactorElBlog en Facebook, el grupo en Telegram. Eventualmente, arrea algún periodista amigo, que alza la voz en su medio. Nunca sé si seremos 20, 30 o cuántos. El 11 de abril, más de 50 amigos llenaron el Café Artigas de la Biblioteca Popular Ansible. Increíblemente, más de la mitad se quedó para seguir la charla en la pizzería de la esquina. Que no quieran irse es lo más lindo que hay.
Después de una breve intro, que reproduzco abajo, invité a decir algunas palabras al profesor en Historia Fernando Soto Roland, uno de los más importantes colaboradores de Factor, a mi amigo, el escritor Guillermo David, director cultural de la Biblioteca Nacional, a los antropólogos y amigos Alejandro Frigerio, coordinador de Diversa, la Red de Estudios de la Diversidad Religiosa en Argentina, y María Vardé y, último por orden de llegada, al físico y neurocientífico del CONICET, Andrés Rieznik.
Varios detalles simpáticos fueron indetectables para quienes no conocían a los asistentes –esto es, para la inmensa mayoría–. Uno de ellos: para hacer un truco de mentalismo, el ex conductor de La Liga de la Ciencia (TV Pública, por si alguien recuerda) pidió la asistencia de alguien del estimado público. ¿Quién se animó? Felipe, quien junto a su esposa Lisa integra el movimiento Como Vivir por Fe y se interesa en el blog desde que en el Palacio de la Legislatura porteña participamos de un encuentro sobre Discriminación y Criminalización por Razones de Fe (y a quienes me había acercado cuando recibieron acusaciones falsas y fueron acosados por un organismo del Estado). Me dio mucha felicidad que cruzaran una sonrisa el mega racionalista Rieznik con un religioso con ideas radicales sobre el cristianismo como Felipe. (Este tipo de cruces solo los puede facilitar Factor, presumí).
Se dijeron cosas muy bonitas que se pueden escuchar parcial o totalmente en los videos que acompañan esta publicación. Lo mismo se puede decir de los colegas Marcelo Rodríguez y Javier Aguirre, del veterano seguidor del blog, Daniel Usandivaras, y del cientista político y escritor Pablo Robledo, de cuya intervención, lamentablemente, no parece haber quedado registro.
La filmación del evento corrió por cuenta de los amigos Damian Marsicano y José Luis Parada Sabio, y la fantástica edición es de Leandro Bartoletti. A todos ellos, muchísimas gracias.

A 15 AÑOS DE FACTOR
Hay mucho para pensar sobre lo que sucedió a lo largo de 15 años. Más desde el destete que significó haber sido antes parte de la separata de un diario. Claro, Factor 302.4, luego FactorElBlog, hoy Factor, se abrió camino desde Magia Crítica, crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas, que fue parte del combo de blogs que acompañó la edición digital de Crítica de la Argentina entre 2009 y 2010. Años atrás, entre 2002 y 2004, existió Dios.com.ar –hoy a la ciberderiva digital. Antes de las redes sociales todo era distinto. Se recibían centenares de mails que no eran spam de artefactos, la mayoría procedían de personas, algunas de las cuales estaban convencidas de que le escribían al Creador.
En 2010, antes de Magia Crítica, hice Ciencia Bruja en Yahoo! y comprendí de qué estaba hecho el universo de los odiadores, los haters. Ahí una vez me dijeron “¡Cipayo del Anticristo!”. Este singular insulto, que me dedicó un comentarista devoto de Sai Baba, me recordó que el periodista a veces arriesga demasiado por poca plata. Es decir, no se trata de plata.
A lo largo de estos años, Factor abordó, a través de diversos colaboradores que, a su vez, poseen distintos enfoques o son especialistas en diferentes disciplinas, una vastísima variedad de temas, por eso siempre me pregunté por qué algunos siguen viendo a Factor como “cosa de ufología”. Claro, por mi interés en la cuestión a veces me piden notas o recibo consultas sobre el tema, pero también creo que la carga simbólica del ovni es tan poderosa que arrastra a todo lo demás. Si mi especialidad hubiera sido la parapsicología y el sitio estaría más relacionado con los misterios de la mente ¿qué sucedería? ¿En vez de interpretar sus contenidos como “cosa de ufología” Factor sería “cosa de brujería”?
Toda esta intro solo para decir que en el encuentro también recibimos la visita de un hater. La locura se desató cuando dije: “Che, demasiados elogios. ¿Nadie va a decir algo en contra?”.
LA ERA DEL PLATIVOLISMO
Hágase de cuenta que soy editor de este blog y permítaseme el siguiente desvío. Mi objeto de estudio dentro o fuera del periodismo ni siquiera es la ufología, en la que no estoy envuelto desde hace 35 años, sino el plativolismo, una palabra compuesta por las expresiones “plato” y “volador” (el plato volador que dio origen al mito ufológico) y el sufijo “ismo”, procedente del griego -ισμός (ismos), que se usa en español para formar sustantivos que indican doctrina, corriente de pensamiento, movimiento, ideología, actitud o tendencia.
Plativolismo es, así, el término que designa el conjunto de creencias populares, relatos de experiencias anómalas, aspiraciones metafísicas y discursos surgidos a partir de la expresión histórica “platillos voladores” o “platívolos”, acuñada en 1947 tras el famoso avistamiento de Kenneth Arnold. Refiere a la producción cultural, mediática y pseudocientífica que, desde entonces, interpreta estos fenómenos como evidencia de unas manifestaciones de procedencia exótica, habitualmente interpretadas como visitas de naves extraterrestres o inteligencias no humanas y, excepcionalmente, como objeto de estudio y parte de una búsqueda de explicaciones de informes que desafían el consenso científico sobre fenómenos aeroespaciales.
Este plativolismo es un marco conceptual más amplio que la ufología, entendida esta como una práctica que aspira a convertirse en una ciencia dedicada a identificar lo no identificado. Mientras la ufología se presenta como una disciplina orientada al análisis de casos y fenómenos aéreos anómalos, el plativolismo aborda la totalidad de los discursos, prácticas y creencias vinculadas a los llamados «platillos voladores» (luego OVNI, UFO, VED, UAP, FANI, etc.).
Al mismo tiempo, el plativolismo resulta más específico que la antropología de lo extraterrestre, centrada en los aspectos culturales y simbólicos de todas las representaciones de lo alienígena, en un sentido más amplio. Si afinamos aún más la clasificación, se podría considerar el plativolismo una subcategoría dentro de la llamada “astrocultura”, el campo de estudio propuesto por el historiador alemán Alexander C.T. Geppert, quien la define como “un conjunto heterogéneo de imágenes y artefactos, medios y prácticas que tienen por objeto atribuir significado al espacio exterior, al tiempo que estimulan tanto la imaginación individual como la colectiva”.
En contraste, el plativolismo es una vocación analítica y un campo de ejercicio intelectual dedicado a explorar qué dicen, qué hacen, en qué creen y qué buscan los ufólogos desde el 24 de junio de 1947, así como la producción cultural que alimenta esas creencias y representaciones, con especial foco en la presunción de que la Tierra es visitada por extraterrestres y en las narrativas que sustentan esa convicción. Es decir, también, pero no solamente, es una suerte de ufólogo-logía. (Y no sigo: si algún académico gusta tomarse en serio el plativolismo e introducir la novedad como campo de estudios, espero ser invitado a los próximos congresos internacionales de astrocultura para explicar en detalle de qué estoy hablando… je).
EL ENERGIZANTE CULTURAL POR DENTRO
FactorElBlog.com tiene una base de 1.200 artículos creados por un heterogéneo staff. Historiadores como Hernán Comastri, Boris Matías Grinchpun, Alejandro Marinelli y Fernando Soto Roland; físicos como Andrés Rieznik y Gustavo Esteban Romero; psicólogos como Heriberto Janosch, Carlos Domínguez y Lucía Manucci; los antropólogos Ignacio Cabria, Alejandro Frigerio, Nahuel Sugobono y Renée de la Torre Castellanos; pensadores críticos como Enrique Márquez, Juan Carlos Faraone, o colegas de lo inclasificable como Chris Aubeck, Marcelo Acevedo, Juan Pablo Csipka, Luis R. González, Magrio González, Claudio V. González, Pablo Robledo, Sergio Sánchez Rodríguez, Sirius Mazzu, Nicolás Tassone o Diego Zúñiga. Sin contar a timoneles del uso de la palabra como Guillermo David o el poeta Daniel Sargatal, y artistas multifacéticos como Nahuel G. Dimarco Busto o Migo Welsh.
Ahora bien, ¿1.200 artículos parecen muchísimos, verdad?
El mismo día del encuentro alguien me dijo que DeepSeek era buena para hacer cuentas. Entonces, puse manos a la obra y le pedí que calcule una biblioteca con todos los artículos que están almacenados en FactorElBlog.com, que tienen en promedio 6.000 palabras cada uno y almacena 7,2 millones de palabras. Pues bien: si se imprimiera en el formato de la Encyclopaedia Britannica —pero con volúmenes de 500 páginas cada uno—, ocuparía 29 tomos apretados en un estante. Eso, sin contar los mapas, gráficos o ilustraciones que dan vida a las ideas. Cada volumen sería un ladrillo y el conjunto un bodoque difícil de consultar.
El día del evento mencioné esta curiosidad y el antropólogo Alejandro Frigerio, factótum de Diversa, incorporó el dato en su charla de ese día, publicada en Diversa, en la que caracterizó la amplia gama de tópicos que trata Factor como “temas en los márgenes de la cultura y en los márgenes de nuestro conocimiento científico”.
A uno, porque se pone viejo, le entusiasma comparar un trabajo añoso, que lleva amasados muchos años de trabajo, con una enciclopedia. Pero hay mucho para decir sobre las ventajas del formato digital, empezando por el hecho de que no necesitamos esperar una reedición para corregir o incluso enriquecer sus contenidos. Otras ventajas extremas: accesibilidad inmediata desde cualquier dispositivo y lugar del mundo, las 24 horas; búsquedas precisas que evitan perder horas hojeando páginas; es gratis, democratizando el conocimiento sin costos de impresión o distribución; actualización constante de los artículos (agregar info complementaria) e integrar videos y enlaces que amplían la comprensión. Además, reduce el impacto ambiental al eliminar el uso de papel y tinta, mientras fomenta una comunidad global en nuestro idioma mediante comentarios y debates en tiempo real por medio de las redes sociales.
En esencia, que Factor esté en la web y no en una biblioteca convierte aquel trasto incómodo de 29 volúmenes estáticos en un ecosistema vivo, ágil y en evolución constante.
Sin contar con un plus poco considerado: FactorElBlog.com es un espacio de divulgación periodística independiente, libre de ataduras a corporaciones, lobbies o auspiciantes que distorsionen su contenido.
Sin financiamiento de grandes empresas o grupos de interés económico, el blog evita conflictos de agenda y prioriza el interés público sobre el beneficio privado. Su modelo asegura transparencia: cada artículo se basa en fuentes verificables, sin sesgos encubiertos ni publicidad disfrazada. Esto permite abordar temas polémicos sin autocensura, contrastando con los medios tradicionales que suelen silenciar posturas incómodas para no perder anunciantes o afectar a grupos con poder.
Como en cualquier medio, hay sesgos. Los sesgos del editor, los sesgos de cada uno de sus colaboradores. Como en todas partes. Pero la independencia económica es clave en un contexto donde la verdad cada vez importa menos. Así, el blog se afirma como un contrapoder: su único horizonte es su compromiso con la búsqueda de la verdad.
En un ecosistema mediático donde la desinformación y los conflictos de interés son frecuentes, la autonomía del blog es un pilar de credibilidad y ética periodística nada despreciable. Lo único que necesita es de un bien más escaso: un mínimo apoyo económico que garantice su subsistencia. Atención: a cambio de tu ayuda, desinteresada como la nuestra, Jesúperman te bendice.
Por lo tanto (detesto decir “dicho esto”), deberíamos estar felices de la existencia de blogs. Pero los blog no tienen buena prensa y sostenerlos a pura voluntad se hace cuesta arriba. Tampoco es que resulte tan difícil. Hace 15 años lo venimos intentando y ahí está, gracias a amigos como Pablo Lozano, Roberto Rodríguez, Federico Abrile y otros que, desde el anonimato, incentivan la tarea.
Muchos enviaron sus adhesiones porque quisieron pero no pudieron venir, entre otros el mismísimo Lozano (periodista, webmaster de Factor), Dario Lavia, Daniel Sargatal, Magrio González e Iris Serrano (directores de “Plesiosaurios vivos), Hernán Comastri (historiador), Diego Sarasola (psiquiatra), Diego Rottman, Sebastián Jarre, Diego Luis Hernández (director de Si Muove la revista del Planetario, Gustavo Esteban Romero (director del Instituto Argentino de Radioastronomía), Angel Sampedro del Río, Diego Zúñiga, Moises Garrido, Roxana Olivieri… el biólogo Leonardo Martín González Galli, el psicólogo Marcos Di Caro, Maury González, Christian Vallini Lawson (editor de la revista Sensacional), Cecilia Vázquez, y sin duda me olvido de otros, como los amigos de diferentes provincias que siempre quieren y no pueden, como Mariano Cognigni, Raúl López, Lucia Manucci, Gustavo Martínez, Juan Pablo Martinez, Pablo Frizan de radio Universidad de Neuquén, Claudio V. González, periodista de Victoria, Entre Ríos, y el Ing. Federico Abrile de San Luis, quien –digámoslo de paso– me pidió transmitir este mensaje:
Es mi deseo que sea una reunión de otro mundo. En estas épocas, en las que las acciones culturales están desamparadas, este acto no sólo es conmemorativo sino un acto de resistencia por los ideales, por lo colectivo y por aquello en que creemos”
Para redondear, este sitio empezó siendo Factor 302.4 a la memoria de las experiencias de Gênesis Moreira, un contactado brasileño que recibió de unos extraterrestres cierta fórmula que estimula una sustancia química capaz de dar una autodefensa natural al cerebro y permitir la supervivencia humana en ambientes hostiles, como planetas sin oxígeno. Ya quedó claro que no es un blog sobre ufología, aunque simpatiza con el plativolismo y entre otros temas aborda enigmas, fenómenos, creencias extraordinarias, teorías conspiranoiacas, pseudologías (mejor en vez de “pseudociencias”) y temas de ciencia y ficción, al son de su consigna matriz, que es “revindicar el asombro y el escepticismo, aunque no siempre en las mismas proporciones”.
Este blog aspira a seguir siendo una catapulta rara, irónica y abierta al conocimiento, guiado por un escepticismo informado y libre de prejuicios. Porque si algo aprendimos en estos 15 años, es que lo improbable no siempre es imposible, y que las ideas más delirantes merecen una oportunidad. Las ideas pueden surgir de cualquier parte. Incluso de unos extraterrestres impresentables, como los que contactaron al bueno de Gênesis Moreira.
AGRADECIMIENTOS
Majo y Lu de la cooperativa que anima al confortable Café Artigas y Carles Ros Mas, director Biblioteca Popular Ansible, un espacio único en Buenos Aires dedicado a la ciencia ficción, el terror y la fantasía. Y también a Fernando Soto Roland, Guillermo David, Alejandro Frigerio, Iyagan Eégúnfemi Judith Ti Yemoja, María Vardé, Andres Rieznik, Javier Aguirre, Marcelo Rodríguez, Saurio, Daniel Usandivaras y Pablo, Rey Sietecase, Pablo Robledo, Verónica Souto, Marcelo Kupersmit, Ariel Ledesma Becerra, Marisa Amenta, Alejandro Marinelli, Pablo Dorado, Paulo Lage, Mariano Buscaglia, Leandro Bartoletti, Nahuel Sugobono, Luz Salatino, Max Seifert, Ignacio Calvete, Pedro Perucca, Andrea Schellemberg, Alejandro Ravazzola, Gabriel Lembergier, Alejandro Otamendi, Lucas Cualquiera, Roberto H. Rodriguez, Ignacio Lamberto y Felipe y Lisa.
Menciones especiales: Violeta López Gasparri, que vino con su pareja y ganas de ayudar y organizar el sorteo, libros y revistas cortesía de Ediciones Ignotas, Cineficción (vía mi queridísimo Dario Lavia, ausente con aviso, siempre generoso con nuestras actividades) y Si muove (vía el crack de Diego Luis Hernández), Damian Marsicano, quien filmó el evento, a la Abadía Aurea, presente a través de José Luis Parada Sabio, quien no solo sumó otra cámara para filmar el evento sino que trajo remeras de El Conclave de Las Sombras para sortear y entradas gratis para el estreno de la película, y Javier Agostinelli, mi hermano, que trajo su fantástico malbec 99Fuegos para el brindis y sacó varias de estas fotos junto a Fer Soto Roland.
Agradecimiento final: Para el actor Daniel Merwicer, que interpretó un falso aliado de la Orden Hermética y nos hizo pasar por todas las emociones en el cierre del encuentro. Por supuesto, su intervención magistral fue un spin-off de única vez de la película El Cónclave de las Sombras, previa al estreno del pasado 20 de abril en el Gaumont.
¡Gracias a todos por aquel día inolvidable!
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