Festival Alienígena 2017: Guerra de las Galaxias

Festival AlienígenaDesde febrero de 2012, a instancias de un grupo de vecinos y comerciantes, se celebró el Primer Festival Alienígena de Capilla del Monte (provincia de Córdoba, República Argentina). El evento ―con sus altibajos [1]― creció y se consolidó, tanto en número de participantes como en el apoyo recibido de la Cámara de Comercio y Turismo, la calidad de los disfraces, la técnica desplegada por Obras Públicas y el dinero que el municipio y la provincia destinan para su realización.

A 31 años del supuesto descenso de un ovni [2] en la Sierra del Pajarillo el 9 de enero de 1986, con el que se dio inicio a la fiebre ufológica que identifica hoy a la región, la famosa Calle Techada de la ciudad se llena de turistas dispuestos a disfrutar de un singular desfile (único en el país) y shows musicales que tienen como leitmotiv la presencia de seres de otros planetas entre nosotros.[3]

En febrero pasado, con el aval de la Secretaría de Cultura de la Nación y el Plan Festejar, el festival capillense alcanzó su más alto nivel institucional; y el gobierno municipal (aliado del PRO- CAMBIEMOS) presentó con orgullo, por primera vez, su Fiesta Nacional Alienígena.[4]

¿En qué consiste el evento? ¿Qué intereses se tejen detrás de esta fiesta tan entretenida e interesante al mismo tiempo desde lo sociológico y la historia de las mentalidades? ¿Quiénes son sus mentores y qué conflictos se esconden detrás de las risas y las máscaras de ET?

Es lo que intenta explicar en este artículo Fernando Jorge Soto Roland, Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad de Mar del Plata y asiduo colaborador de Factor 302.4. La crónica se completa con una galería de fotos al pie del texto (*).

Festival-Alien-2017

LA CELEBRACIÓN. Lejos de las muchas fiestas patronales que se celebran en Argentina, heredadas ―tras la conquista y la colonización― de la España del siglo XVI, el denominado Festival Alienígena carece de un santo patrón[5] y de la solemnidad religiosa que tienen este tipo de celebraciones (aún las no oficializadas por la Iglesia católica).[6] Nos encontramos, pues, ante una festividad que, en lenguaje de los creyentes, podría caratularse de pagana; mucho más cercana a la Fiesta Nacional del Ternero de Ayacucho (provincia de Buenos Aires) o a la Fiesta Nacional de la Empanada en Famaillá (provincia de Tucumán).

Nadie manifiesta devoción religiosa en el festival, aún cuando entre bambalinas resuene la influencia de una new age en crecimiento y fuerte influencia. La necesidad de expresar cierta espiritualidad es parte de una segunda lectura que buscan imponer algunos círculos esotéricos de la localidad, pero que no es evidente (en absoluto) en el desfile de disfraces que define, hasta hoy, a esta convocatoria popular.

Por el momento, las procesiones son reemplazadas por personas disfrazadas y los oficios solemnes por recitales de bandas locales y nacionales. Todo es juerga. Humor e ironía. Ruido, música y luces. Un carnaval. Un momento en el que muchos se permiten tomar en broma algo que, en el fondo, consideran serio. Y no es para menos: de no ser por los extraterrestres, Capilla del Monte no sería hoy el polo turístico en que se ha convertido.[7] Detrás del festival late, sin dudas, la simpatía que ha caracterizado a los cordobeses desde los días de la revista Hortensia. El tema musical “oficial” de este año 2017, El Cuarteto Alienígena, no deja de ser una clara manifestación de esto.[8]

Este evento no es la excepción: festivales de este tipo hay germinado en varios lugares.

La mitología contemporánea ha engendrado un sin número de monstruos y seres extraños. El mundo pareciera estar poblado de inquietantes criaturas que acosan nuestra vida cotidiana, generando miedo y mucha curiosidad. Por tal motivo, y a fin de resolver lo que algunos califican como misterios, surgieron dos disciplinas heterodoxas. La primera es la criptozoología, encargada de de buscar animales extraños, supuestamente extintos o sin catalogar (como serían los casos del Yeti, Pie Grande, o el monstruo lacustre del Nahuel Huapi). La otra es la ufología, una pretenciosa rama pseudo-académica que en la práctica se dedica al estudio, difusión y defensa de la existencia de extraterrestres en nuestro planeta.

Las derivaciones teóricas, económicas y sociológicas de ambas disciplinas generaron kilómetros de texto escrito, un sinfín de libros, películas y series de televisión, documentales y centenares de sitios en Internet. Siguiendo el sendero marcado por un artículo anterior, Museos Bizarros [9], me abocaré a analizar una fenomenología que antes solo mencioné de pasada y guarda sumo interés al estudiar los conflictos cosmovisionales en los que todos estamos sumergidos. Un conflicto en el dirimen fuerzas la razón y la magia, la fantasía y la realidad, la ciencia y la pseudociencia.

Me refiero a los muchos otros festivales que se celebran en distintas parte del mundo en torno a entidades ficticias pero que muchos consideran tan reales como la PC con la que escribo.

Organizados en ciudades emblemáticas, epicentros de los sucesos que las leyendas pretenden instalar, estos festivales revelan comportamientos, intereses y mentalidades que nos hermanan con otras épocas y culturas y denotan permanencias de larga tradición; al tiempo que traslucen la necesidad de vivir en un mundo encantado, en el que hombres polillas, criaturas salvajes y peludas de los bosques o alienígenas nos cercan, proponíendonos replantear los criterios con los que hemos construido nuestro actual concepto de realidad.

Muchos de estos festivales son de origen estadounidense y orientados a resaltar personajes y entidades de un folklore que se ha internacionalizado a través de una cuantiosa bibliografía e innumerables artículos periodísticos.

Ellos son:

  • El Festival del Hombre Polilla (The Mothman Festival), en Point Pleasant, Virginia del Norte, EE.UU.
  • El Festival de Pie Grande (The Honobia Bigfoot Festival and Conference), en Honobia, Oklahoma, EE.UU.
  • El Festival Ovni de Roswell (The Ufo Festival), en Roswell, Nuevo México, EE.UU.

¿Qué elementos en común emparentan estos festivales con el de Capilla del Monte?

En principio, todos ellos se definen como celebraciones periódicas relacionadas con el tiempo libre y el ocio, en la que los miembros de una comunidad ―y quienes la visitan― despliegan una multiplicidad de eventos y rituales sociales con los cuales intenta afianzar una cosmovisión compartida del mundo, generando identidad y sentido de pertenencia. Pero, a diferencia de otros festivales de carácter histórico, tienden preferentemente a nuclear a creyentes y adeptos al misterio y lo paranormal; sin excluir de manera explícita a escépticos cuya participación permite dar rienda controlada a la ironía y a la burla disimulada.

Los festivales organizados alrededor de criaturas monstruosas y extraterrestres tienden a generar un pastiche de credulidad, sarcasmo, domado escepticismo, consumismo y diversión, ajeno a la crítica y abierto a lo grotesco. Preparados para una audiencia bien específica, organizados con una periodicidad más o menos exacta ―en las que siempre hay una fecha de inicio y finalización― estas festividades (o celebraciones locales) fortalecen los valores compartidos por una concurrencia por demás sui generis que incluye curiosos, buscadores espirituales y militantes de la creencia y la anti-creencia.

En estos contextos la risa y la transgresión están permitidas. En estos festivales hay mucho de juego (de kermés); y aunque la gratuidad no es total ―siempre hay que pagar algo― conservan dos de los aspectos que la sociología le atribuye al “jugar”: son deliberados y tienen leyes propias.

Siempre hay cumplir con ciertas normas. Una de ellas es el rechazo a la censura. El no tomarse las cosas demasiado en serio ―tanto en gestos como en lenguaje―, dando así paso a la ficción y a un clima surrealista donde la creatividad se abre paso y la realidad alternativa generada por el rumor y las leyendas se imponen (al menos por tiempo limitado, que es el tiempo que dura el festival).

Por tal motivo, al tomar distancia de la realidad objetiva, cotidiana y desencantada de la vida diaria (la del trabajo y la rutina), quien entra y participa del festival ―aún siendo un no-creyente como yo― debe respetar y seguir reglas tácitas, implícitas en el juego. Nadie, por lo general, pretende convertirse en el aguafiestas gritando a los cuatro vientos que el Hombre Polilla (Mothman), Pie Grande (Bigfoot) o los extraterrestres del Cerro Uritorco (las entidades de la ciudad intraterrena de Erks) no existen.

Otro aspecto a considerar es que los organismos públicos casi siempre están presentes detrás de la organización, disfrazando su escepticismo, exhibiendo su credulidad y soportando las críticas de aquellos vecinos que no advierten que, mas allá de la “mente abierta” publicitada, lo que se persigue es el rédito económico: el negocio que genera el turismo.

Es interesante observar cómo criaturas salidas del imaginario colectivo contribuyen al desarrollo de muchos pueblos del interior, regenerando el casco urbano, reactivando el comercio, colmando las plazas hoteleras.

En este contexto la seriedad académica es irrelevante: de nada sirven los argumentos científicos respecto de los monstruos y marcianitos verdes. El caos epistemológico está instalado. París bien vale una misa.

Fuente romántica de exageraciones y puntales de las leyendas que justifican los festivales descriptos, el turismo y sus guías reproducen y difunden las fábulas, leyendas e invenciones  que ponen en marcha aquella maquinaria de intercambio y consumo, legitimando y manteniendo vivas a través del tiempo las falacias fundadoras que, por repetidas, se terminan convirtiendo en verdades.

La búsqueda de lucro y esparcimiento, la credulidad y también la escasa voluntad por acceder a conocimientos genuinos desfilan sin que nadie levante un dedo crítico. El plan, aquí, es aceptar las maravillas, convivir con las fantasías y formar parte de un mundo híbrido de discursos y carrozas, exhibiciones y charlas, donde todo se relaciona con todo y el misterio, no la búsqueda de alguna verdad, cumple con la regla número uno: transformar un bien inmaterial en fuente de ingresos.

Video oficial de la municipalidad de Capilla del Monte. Cobertura de una youtuber.

LA FIESTA INOLVIDABLE

Por cuatro días locos
que vamos a vivir.
Por cuatro días locos
que vamos a vivir.
Por cuatro días locos
te tenés que divertir.

Marcha «Por Cuatro Días Locos»
Letra: Rodolfo Sciammarella
Intérprete: Alberto Castillo

A mediados del mes de febrero, Capilla del Monte se viste de verde. Y el fenómeno no se debe a ninguna sobreexposición a rayos gamma. El color nada tiene que ver con Hulk o el doctor David Banner, sino con la tonalidad de piel que ―dice una antigua leyenda― tienen algunos de los muchos Hermanos Superiores que vienen del espacio exterior.

Desde ese momento el pueblo, devenido en ciudad desde principios del siglo XXI, se transforma en una inmensa plataforma desde la que despegan ―y donde aterrizan― alienígenas provenientes de toda la galaxia (y regiones vecinas). El típico platillo volante del imaginario (aquel que une dos platos soperos por los bordes) invade la Calle Techada (Diagonal Buenos Aires), reemplazando las luminarias terrestres del resto del año, colgando aquí y allá. Titilando y dejando ver en el diseño las tradicionales ventanillas por las que se asoman los visitantes de otros mundos.

Casi todas las vidrieras se engalanan respetando la temática alienígena. De hecho, aquellas que lo hacen (no son todas), participan de un concurso con premio incluido, colaborando así en darle un aire de parque temático a todo el centro capillense.

Los marcianitos (como dijimos verdes, aunque también los hay grises) pululan en cada esquina. Cabezones, de enormes ojos rasgados, vistiendo trajecitos plateados, de baja estatura y la mayoría sonriendo con simpatía, eluden así el temor que podrían despertar entre los más chicos; que no dudan en sacarse fotos con cada uno de ellos.

Como un anuncio al carnaval que se organiza unas semanas más tarde, las casas de cotillón y los quioscos exhiben caretas de extraterrestres, esta vez sí, curiosamente, con rasgos malévolos y monstruosos, un típico signo de la otredad que pretenden denotar.

Cornetas, matracas, pitos ―casi todos luminosos― no son ajenos a la celebración, mezclándose con decenas de carteles que publicitan cursos, conferencias, seminarios y reuniones en los que se ensalzan el amor, la armonía álmica, el equilibrio ecológico, las energías curativas y decenas de mancias adivinatorias. Por su parte, el Uritorco, como telón de fondo y anfitrión de la puesta en escena, es testigo mudo, convidado de piedra que nada puede hacer frente a los ventrílocuos locales que pretenden interpretar lo que el cerro “dice”.

La estructura del festival es sencilla. Consta básicamente de tres momentos:

  • Una introducción musicalizada en la que el locutor a cargo anuncia los eventos por venir, agradeciendo la presencia de turistas y vecinos, teniendo como música de fondo temas de las bandas sonoras de películas como La Guerra de las Galaxias, ET, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, Viaje a las Estrellas y los infaltables Expedientes Secretos X. No hay solemnidad: desde un comienzo el clima que se pretende estimular es el festivo, recordándole a la audiencia la originalidad del evento y el esfuerzo realizado por la municipalidad para realizarlo. En tanto la gente se acerca a La Techada, ubicándose detrás de las vallas metálicas que bordean la calle, el anfitrión, micrófono en mano, da las gracias al Ministerio de Cultura de la Nación que, por primera vez, ha elevado el festival al status de fiesta nacional, contribuyendo a mejorar el nivel de los espectáculos ofrecidos, contratando músicos y grupos de reconocida fama en el interior.[11] Como era de esperarse, los organizadores llevan agua para su molino y exaltan el buen gobierno y la alegría de la gente bajo la actual administración. La propaganda política se cuela entre los platos voladores de telgopor y los muñecos de extraterrestres y duendes que adornan la calle.[12]
  • El segundo gran momento es el desfile. Es la parte más importante del festival. La instancia que mayor curiosidad y risas despierta; y la que a posteriori recorre todos los canales de televisión del país (y del mundo). Como suele ocurrir, la realidad editada por los medios (y el gobierno local) resulta más impactante que el desfile en sí, rescatando los mejores momentos, evitando los yerros de organización y espacios en blanco que se dan entre un participante y el siguiente (que, por ser escasos, genera en el público cierta impaciencia). Estamos frente a un típico espectáculo popular. Divertido, masivo y con una enorme voluntad de ofrecer lo mejor de cada uno. “Una fiesta para la familia”, como dijo el locutor. Esto se advierte en las personas que se anotan para desfilar [13] y, obviamente, en la alegría de los más chicos (y de sus padres). Por eso el nivel de los disfraces es variado, tanto en calidad como en originalidad. Están aquellos que simplemente se calzan un antifaz y una camisola de color y los que invirtieron tiempo y creatividad. De todos modos, la mayoría se caracterizan por una simpática simplicidad de entre casa. La excepción, claro, la constituyen grupos bien organizados que, sin participar en el concurso, colaboran con la fiesta exhibiendo trajes realmente bien diseñados y alusivos a famosas películas de ciencia ficción. Es el caso de un grupo de fans de Star Wars que, año tras año, aparecen en el Festival Alienígena y elevan el nivel y la energía del público. Los trajes luminosos, simulando robots o marcianos descendidos, puestos por el municipio, realzan, en una Techada a oscuras, la adrenalina popular.
  • Al fin del desfile sobreviene la última parte del evento diario (recordar que normalmente todo el festival dura entre 5 y 6 días) que consiste en un show gratuito y al aire libre en el que músicos y bandas tocan hasta entrada la noche. Un espectáculo de luz y sonido descollante en el resulta casi imposible no sentir deseos de bailar en la vía pública.

LA BATALLA SILENCIOSA. Oculta, sorda y taimada, en Capilla del Monte se viene librando desde hace algunos años una batalla sin cuartel. Un conflicto de egos, instituciones y creencias que el turista no percibe, pero que está tan presente como el mismísimo Cerro Uritorco. Sólo basta parar la oreja, escuchar un poco los comentarios de cafés, leer la docena de libros escritos en la ciudad y charlar con algunos de los protagonistas, para advertir que “algo huele a podrido en Dinamarca”. Que la paz, la armonía y la tolerancia que la mayoría predica se diluyen en un mar hipocresía, enmarcando una competencia despiadada por el poder, el reconocimiento y el dinero.

cio-cartelEsta guerra tiene, básicamente, dos bandos. Dos contrincantes poderosos a nivel local. Dos formas distintas de interpretar las creencias vernáculas. Dos espacios físicos diferentes, incluso, que rara vez se acercan o escuchan mutuamente. Compiten por el número de acólitos, por las salas de conferencias y, por supuesto, por los favores del poder ejecutivo municipal.

Suarez-ovnis
Jorge Suárez (1940-2012) y su peculiar «desmitificación del Ovni como Fenómeno».

En uno de los rincones está el C.I.O. (Centro de Informes Ovni), creado por quien fuera en vida el ufólogo más conocido de Capilla del Monte, secretario de gobierno y turismo en la segunda mitad de la década de 1980 y principal divulgador de la famosa Huella del Pajarillo desde 1986: Jorge Suárez [14]. Tras su muerte en marzo de 2012, Luz Mary López, una arquitecta colombiana que fuera su compañera durante sus últimos años, tomó la posta constituyéndose en la única cabeza visible del centro y heredera natural del legado del ex-funcionario.

Los miembros del C.I.O. han tenido desde sus comienzos una postura clásica y conservadora frente al fenómeno ovni. Para este grupo, los objetos voladores no identificados son, lisa y llanamente, naves extraterrestres [15]; manifestaciones objetivas de una tecnología superior proveniente de otro planeta, susceptible de ser estudiada “científicamente”.[16] Se arrogan por ello una seriedad que niegan a sus contrincantes, rodeándose de autoridades en la materia, especialistas y académicos, que van desde astronautas, pilotos comerciales y reconocidos eruditos del mundillo ovni.[17]

Del otro lado del ring, sin constituirse institucionalmente bajo ninguna sigla rimbombante, están los seguidores de controvertido gurú Ángel Cristo Acoglanis, muerto en 1989, pero con un largo y poderoso predicamento dentro y fuera de la localidad serrana. Este colectivo de acólitos está conformado por relevantes vecinos y asiduos visitantes a Capilla del Monte, entre los que podemos citar a Roberto Villamil, Osvaldo Allie, Ariel Pro, Ricardo González, Guillermo Dangel y, un poco más allá (un tanto independientes y a las afueras de la ciudad, no tan ligados a la crema y nata del centro) Dante Franch y Daniel Gagliardo.

Todos ellos encarnan el aspecto más esotérico de la cuestión. Son los responsables de la espiritualización de la creencia en extraterrestres y los más involucraos con el contactismo, la New Age[18] y sus tradiciones orientalistas (en especial tibetanas). Al mismo tiempo, dicen ser los custodios e intérpretes de los mensajes enviados por seres intraterrenos de la ciudad subterránea de Erks.[19]

En pocas palabras, entre los “conservadores” (C.I.O.) y los “erksianos” hay muy pocas cosas en común; a no ser un mal disimulado encono. Y, como era de esperarse, el Festival Alienígena puso en efervescencia el enfrentamiento.

Un aspecto que llama poderosamente la atención es que el C.I.O. no tenga voz ni voto en la organización del festival. Es el gran ausente en todo el asunto. No hay cartelería ni mención alguna a la institución en todo el centro de la ciudad. Tampoco se la nombra entre los auspiciantes y, por ende, el locutor oficial lo ignora en todo momento.

¿Por qué motivo un Centro de Informes Ovni (C.I.O.) es ajeno a una festividad directamente relacionada con la temática alienígena? ¿Por qué el grupo fundado por Suárez ―responsable primero de colocar a Capilla del Monte como meca del turismo platillista desde 1986― no es convocado para organizar al menos parte del evento?

Responder estas dos preguntas significa entrar de lleno en el conflicto. Consultada al respecto, Luz Mary López, actual responsable del C.I.O., indicó:

―¡Ay, Dios! ¡El festival!… Es un tema que me toca muy de cerca, ya que empezaron con ellos poco antes de la muerte de Suárez, en 2012. Lo que sucede aquí es que la municipalidad no mira para acá (al CIO). En los 30 años que hace que funcionamos, muy pocas veces tuvimos su acompañamiento. Y eso que nosotros resolvemos una necesidad propia del turismo no una vez al año (como el festival), sino todo el año. Lo hacemos con gusto porque creemos que hay que tener un espacio para la docencia sobre el tema. Pero… usted se habrá dado cuenta que para llegar acá no hay nada marcado. Sólo cuatro cartelitos que, a duras penas y con suerte, conseguí que los pusieran hace unos dos años. Tampoco recibimos apoyo a los congresos de ovnilogía que organizamos todos los meses de noviembre. Yo traigo lo mejor en el tema; especialistas de renombre internacional. Así todo, nadie de la municipalidad ofrece ayuda. No me dan espacio y por eso mi congreso carece del peso que debería tener. Lo peor es que ahora, en los meses que siguen, auspiciarán un congreso de gente de afuera. ¡Con todo lo que hizo Suárez para promover a Capilla del Monte y dejar al Uritorco muy bien vendido desde 1986! [20]

No caben dudas de que el C.I.O. está sensible.

―Nos han hecho a un lado. Ni siquiera el año pasado (2016), al conmemorarse los 30 años de la Huella del Pajarillo, fuimos convocados. No nos llamaron. Así el tema ovni pierde prensa frente a todo esto[21]

Y es cierto. Los ovnis y los extraterrestres están de capa caída en Capilla. Desde hace un tiempo han sido desplazados por las energías telúricas locales, las terapias alternativas y, por supuesto, por Erks y los erksianos.

Según el C.I.O., “personajes impresentables” se han adueñado del tema tergiversando todo, mezclándolo con espiritualidad y quitándole a los ovnis (y a la huella del Pajarillo) el tratamiento serio (“científico”) que ―dicen― se merece. Parecería ser que los contactistas (aquellos que afirman mantener relación directa con los Hermanos Superiores) se han apropiado de la huella, relegándola a un lejano segundo plano, colocando el tema Erks en primera fila y, tras recibir el apoyo de ciertos periodistas locales, cooptado la municipalidad.

―Jorge Suárez nunca estuvo de acuerdo con esa inclinación hacia lo espiritual. Sabía que los espiritualistas tienen una clara tendencia al delirio. Nunca nos interesó esa corriente. Los combatió siempre. A nosotros no nos interesa Francisco Checchi, Dante Franch, Jorge Vázquez o los discípulos de Acoglanis. Nos alejamos del contactismo y la falsa espiritualidad. Ninguno de esos señores es un referente para nosotros.

La línea parece estar trazada.

Una frontera caliente separa a ambos grupos y, hasta tanto la balanza de poder no se vuelva a inclinar, los erksianos seguirán siendo los dueños de la pelota, controlando la Calle Techada (y los autógrafos) desde su lugar de reunión en el resto-bar Samadhi y el Paseo Holístico, según refieren sus competidores.

Samadhi Resto-Bar
Samadhi Resto-Bar y su Paseo Holístico

El grupo de Suárez se siente desplazado por la actual administración municipal, que asumió su primer mandato en 2012 (siendo reelecta en 2015).

Pero la decepción parece venir dada por partida doble: el intendente en funciones es el hijo de quien detentara el ejecutivo en 1986, y con quien Jorge Suárez trabajara denodadamente para instalar la historia de la huella del Pajarillo a nivel nacional e internacional. Claro que los hijos no necesariamente piensan como sus padres. Por eso, cuando el vástago ocupó el sillón municipal, el C.I.O. se acercó con la intención de tantear la situación y ver qué tratamiento le daría a la institución el nuevo gobierno. Prepararon un video para darle fuerza al tema ovni, pero ―a pesar de la esperanza invertida― el ejecutivo no se comprometió a nada.[22]

Al tiempo lo llamaron al municipio, comentándole que estaban pensando organizar una primera versión del Festival Alienígena, para el mes de febrero. Suárez convino que la idea era buena, siempre y cuando se le diera a la fiesta el cariz de seriedad que el C.I.O. siempre había defendido.

No lo volvieron a convocar. El festival se llevó a cabo con éxito. El intendente se disfrazó de alienígena. La techada se llenó de luces, matracas y música y el deseado enfoque responsable del C.I.O. se hundió en un mar de máscaras color verde.

Pocos días después, el 15 de marzo, Jorge Suárez falleció víctima de una aneurisma.

Hubiese sido interesante conocer su opinión sobre el Cuarteto Alienígena.[23]

anexo del enfrentamiento
«Guerra de las galaxias»: reseña de un enfrentamiento.

NOTAS

(*) Título original: EL FESTIVAL ALIENÍGENA DE CAPILLA DEL MONTE. MITOLOGÍA, CONFLICTOS E INTERESES. Por Fernando Jorge Soto Roland (2017). Descargar original para imprimir.

[1] Si bien desde 2012 han transcurrido seis años, el hecho de que en 2017 se celebre el 5° Festival, se debe a que en 2014 no se organizó el evento que nos convoca.

[2] Tradúzcase “nave extraterrestre” en lenguaje capillense.

[3] Para mayor detalle véase 30 años conviviendo con extraterrestres (1986-2016). El singular caso del cerro Uritorco y su historia esotérica.   

[4] Las instituciones privadas dedicadas al estudio de la temática ovni repiten con cierta jactancia que el festival de Capilla del Monte es, junto con el de Roswell (Nuevo México, EE.UU.), único en el mundo. Sólo dos localidades enarbolan (por ahora) el privilegio de haber sido tocados por esa bendición intergaláctica que tanto bien le ha hecho al turismo local. Pero hay otros festivales de este estilo en el mundo, que giran en torno a otros personajes del folclore contemporáneo.

[5] A menos, claro, que uno sea miembro del Jediismo y participe de ese bizarro movimiento religioso inspirado en el guión de la saga de películas de La Guerra de las Galaxias. Para mayor información véase Jediismo en Wikipedia.

[6] Las fiestas y celebraciones en torno al Gauchito Gil, la Difunta Correa, San la Muerte, por nombrar algunas de las más conocidas.

[7] Con esto no quiero decir que las fiestas patronales no tengan un lado comercial y turístico. Lo tienen. Pero en Capilla los intereses económicos del festival son evidentes a simple vista. Y no me parece mal. Todo lo contrario. Si estimula la actividad comercial y hotelera (como lo hace), bienvenido sea.

[8] Para oír el tema, véase al final de estas notas o en Youtube.

[9] Véase del autor: Museos Bizarros. Las vitrinas del morbo, la ironía y el misterio.

[10] Véase y escúchese «Por cuatro días locos» en YouTube:

[11] El aporte artístico del gobierno nacional al festival de 2017 consistió en poner (con todos los gastos pagos) sobre el escenario a Seba Ibarra, Choque Urbano, Trulalá, La Banda de Galpón y el Dúo Da-Dá.

[12] Claro que no todos los capillenses están de acuerdo con el festival. Recorriendo los bares y calles de la ciudad, comentando el evento aquí y allá, muchos ―en voz baja― critican el dinero “gastado” (que según los rumores ascendió este año a $ 800.000) en tanto las calles están destruidas y “no se puede andar sin romper el auto”. Por su parte, algunos miembros del gremio gastronómico pegaron el grito en el cielo por las pérdidas económicas ocasionadas por el simple hecho de que, a lo largo del festival, no pueden sacar todas sus mesas a la calle (peatonal de noche), como es costumbre.

[13] Hacia el final de la fiesta un jurado de notables elige los tres mejores disfraces y entrega un premio en pesos.

[14] El boom capillense se inició hace 31 años atrás (enero de 1986) cuando un aparente ovni dejara su huella en el cerro Pajarillo. Ese fue el virus que desató la epidemia mística y ufológica que tanto benefició al pueblo, muy a pesar de las coherentes y desinteresadas pesquisas que señalaban posibilidades mucho menos extraordinarias: un fraude, liso y llano, o un incendio causado por un fenómeno natural. Véase al respecto: Agostinelli, Alejandro, Huella del Pajarillo con pecado concebida.

[15] En especial la que supuestamente descendió en las faldas del Cerro El Pajarillo.

[16] Partiendo de la base de que realmente los extraterrestres existen (y visitan Capilla del Monte), el CIO incurre en un prejuicio que invalida todos sus supuestos argumentos científicos.

[17] Como ya hemos sostenido en otros trabajos, el tema ovni (y otros relacionados con misterios y sucesos extraños) demuestran a simple vista que un título universitario, o profesión que implique conocimientos técnicos superiores, no significa necesariamente tener una mirada racional, lógica y sensata de la realidad. Muchas veces ocurre todo lo contrario. No son pocos los titulados que están convencidos de que la teoría de la evolución es falsa, que los et estuvieron en la Tierra desde la prehistoria o que actualmente se están llevando a cabo teletransportaciones (¡!) a Marte.

[18] Con esto no quiero significar que los miembros del CIO no comulguen con algunos aspectos de la Nueva Era. Lo hacen. Pero de un modo más controlado, aunque no exento de profundas contradicciones, como veremos más adelante.

[19] El origen de la leyenda de Erks y sus luces se la disputan, básicamente, tres inefables miembros de las llamadas ciencias herméticas: Ángel Cristo Acoglanis, Guillermo Alfredo Terrera y el longevo cazador de misterios Fabio Zerpa. Sin abundar en detalles, este trío es el principal responsable de la fantástica e improbable epopeya de los intraterrestres en Capilla del Monte. Cada uno aportó su granito de arena, pero Acoglanis (quien terminó siendo elevado al Parnaso de los sabios locales) fue, sin duda, el gran mentor inicial. El responsable primero del furor esotérico que se expandió por todo el norte de Punilla. Mucho les debe la cámara de comercio a estos tres personajes. La figura de Acoglanis sigue siendo hoy controvertida. Nadie sabe a ciencia cierta quién era, ya que construyó su propia historia en base a engaños y hechos no comprobados. Se dice que era médico, recibido en Grecia y formado en el Tíbet, donde habría aprendido las técnicas quiroprácticas que lo hicieron famoso en Buenos Aires. Así, transmitió a sus allegados que la formación mística y espiritual de la que era depositaria también provenía de los monjes tibetanos. Con estos antecedentes no sorprende que haya sido él quien inaugurara, hacia fines de los ’70, las ceremonias nocturnas en la zona de Los Terrones (próximo a Capilla del Monte), y en las que, tras el recitado de mantras sagrados (en idioma cósmico), convocaba a los habitantes de Erks a materializarse (en forma de luces) frente a los seguidores que lo acompañaban. Convertido en el Maestro Superior de un culto, Acoglanis convenció a más de uno de sus poderes curativos y de su capacidad para “incorporar” a un ser luz que llamó Sarumah, canalizando sus enseñanzas.

[20] Archivo del autor.

[21] Archivo del autor.

[22] Me comentaron que Jorge Suárez en esa oportunidad estuvo convencido, por un momento, que le darían la Secretaría de Turismo nuevamente, después de tanto tiempo.

[23] Cuarteto Alienígena. Letra: Christian Bustos. Música y arreglos: Jorge Ocampo y Martín Fernández. El tema dice (en ritmo de cuarteto, claro está): “Hacia arriba, en la cima del Uritorco/ una extraña luz se vio./ Eso debe ser un ovni/ con temor toda la gente gritó./ No, no, no, un paisano contestó:/ es mariposa negra que una seña nos envió./ Bailemos este cuarteto alienígena./ Bailemos que el universo es alegría./ Bailemos toda la noche y todo el día.” Y en su segunda parte la canción continúa: “En la Sierra del Pajarillo/ una mancha apareció./ Dicen que una enorme nave/ esa noche descendió./ No, no, no, un paisano contesto:/Hicieron una asado, Caballito y Pueyó.” [No se entienden bien los últimos dos nombres, seguramente nombres propios]

Entrevista de A. Agostinelli al Intendente de Capilla del Monte, Gustavo Sez (21-12-2012) cuando clausuró el acceso al Cerro Uritorco por «cuestiones ambientales», negando que le causa fuese el falso “suicidio-mágico colectivo” organizado por un bromista y la convocatoria para celebrar «el fin de ciclo Maya» en Capilla del Monte fracasó. Aquí el intendente Sez habla de la Huella del Pajarillo, sectas y los preparativos para el Festival Alienígena 2013.

GALERÍA DE FOTOS

FA-2017

 

Bigfoot Festival 2016
Bigfoot Festival 2016
Bigfoot Festival
Bigfoot Festival 2016
Mothman Festival
Mothman Festival
The UFO Festival (Roswell)
The UFO Festival (Roswell)
The UFO Festival (Roswell)
The UFO Festival (Roswell)
The UFO Festival (Roswell)
The UFO Festival (Roswell)
Samadhi Resto-Bar y su Paseo Holístico
Tres tristes aliens (Festival Alienígena, 2017)
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Parejalien (Festival Alienígena, 2017)

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Bijouterie y muñecos alien en Capilla. Foto: Fernando Jorge Soto Roland.
Bijouterie y muñecos alien en Capilla. Foto: Fernando Jorge Soto Roland.

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Fin de fiesta. Foto: Fernando Jorge Soto Roland.

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El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

Contacto: aagostinelli@gmail.com
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