UAPs / AARO 2024 al día: «Sin noticias de Grusch»

Haber pasado de OVNIS a UAPS no ayudó mucho a revertir la imagen de un asunto que resulta rápidamente engullido por teóricos de la conspiración y amantes de escalofriantes secretos anunciados en voz alta pero sobre los cuales nunca aparecen evidencias. Esto cabe para la afirmación según la cual el Gobierno y empresas privadas estadounidenses trabajaron sigilosamente en un programa de ingeniería inversa de tecnología extraterrestre. La novedad, en los últimos años, es que esta narrativa circular fue alimentada por un séquito que se había instalado cómodamente en la estructura político-militar del Gobierno de los EE.UU. El caso paradigmático es el del denunciante David Grusch, que sigue el patrón de “repetir lo que dicen otros”.

Julio Plaza del Olmo comenta y traduce parte del flamante informe de AARO (All-Domain Anomaly Resolution Office, en español: AARO Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios) el Vol 1. del Registro Histórico de la Participación del Gobierno de EE.UU. en los Fenómenos Anómalos No Identificados (FANI), publicado por el Departamento de Defensa el pasado 8 de marzo de 2024, una suerte de tardío baldazo de realismo que deja en suspenso algunas preguntas, por ejemplo cómo y por qué tuvo lugar esta conversación a expensas de los impuestos del público estadounidense.

Por Julio Plaza del Olmo *

El  divertido libro de Eduardo Mendoza «Sin noticias de Gurb»  podría ser un buen resumen de lo que Sean Kirkpatrick ha encontrado en su repaso histórico a las investigaciones de ovnis (perdón) Fenómenos Anómalos no Identificados (Unidentified Anomalous Phenomena, UAP).

Para quien no lo conozca, el libro es el diario de un alienígena que aterriza en compañía de un congénere en Barcelona. Su compañero (Gurb), desaparece, y a partir de ahí comienzan las estrafalarias aventuras de este extraterrestre que termina cada entrada con la misma muletilla: «Sin noticias de Gurb».

Sean Kirkpatrick, ex director de la Oficina de Resolución de Anomalías Todo-Dominio (All-domain Anomaly Resolution Office, AARO) dejó firmado antes de cesar el primer volumen del informe sobre el historial de investigaciones de UAP, que hace un repaso a los varios proyectos e intentos por investigar ovnis que ha acometido el gobierno de Estados Unidos. Cada intento ha terminado con conclusiones similares: no hay evidencia de visitas extraterrestres, la gran mayoría de casos son debidos a confusiones, y los que no se pueden resolver es por falta de información de calidad suficiente que permita hacer un análisis en condiciones. En definitiva: «Sin noticias de Gurb».

Los paralelismos con el libro de Mendoza no terminan ahí: el informe de AARO también describe una situación poco menos que surrealista.

Kirkpatrick ya fue bastante claro en una columna de Scientific American, adelantando que toda la fiebre platillista actual se debe a unas pocas personas que se retroalimentan entre ellos propagando la misma historia básica: que el gobierno de EE.UU. recuperó en su momento artefactos alienígenas, que se realizan proyectos de ingeniería inversa sobre ellos sin conocimiento ni control del Congreso, que en cierto momento se cedió a alguna empresa privada, y que posteriormente el gobierno quiso (o quiere) volver recuperar los artefactos.

KIRKPATRICK. El ex director de la Oficina de Resolución de Anomalías (AARO) del Departamento de Defensa. El 31 de mayo de 2023 participó de un equipo de estudio independiente de Fenómenos Anómalos No Identificados (FANI) de la NASA que asesoró a la AARO. Su legado ¿uapológico? es el informe comentado y resumido en este post.

Ninguna de estas personas tiene evidencia directa de lo que dicen, sino que se referencian entre ellos para recircular la historia, y convencer a terceras personas que a su vez se presentan como «denunciantes» de que el gobierno oculta información al congreso. En ese sentido, David Grusch es el caso paradigmático de esta retroalimentación, llegando a testificar bajo juramento ante el Congreso que sabía de todo porque se lo habían contado, pero que no podía hablar porque todo era muy muy secreto.

Por mandato del senado, AARO ha tenido que investigar qué hay de verdad en todas estas afirmaciones. Y tal y como titulaba  Alejandro Agostinelli, casi se puede oír el portazo de Kirkpatrick al salir de la dirección de la Oficina.

Es un informe contundente, que expone cómo todas las historias que han tenido que investigar se basan en relatos de tercera mano. De entrevistados con información parcial que parecen oír campanas sin saber dónde para atribuir a auténticos programas existentes una finalidad equivocada.

Aunque quizás lo más surrealista es la denuncia de la existencia programas de acceso especial para la investigación de UAP sin control o conocimiento del Congreso. Pues los mismos que denuncian la existencia de estos programas, resultan ser quienes fundaron e  intentaron desarrollar los únicos programas que encajan en esa descripción: AAWSAP/AATIP/KONA BLUE cuyos objetivos reales y no escritos eran investigar no sólo ovnis, sino también fenómenos paranomales en un rancho perdido de Utah a costa de los contribuyentes.

Solo la lectura del resumen ejecutivo ya es suficiente para hacerse a la idea. Recomendable:

Sección II: Resumen ejecutivo

AARO no ha encontrado ninguna evidencia de que investigaciones del Gobierno de los Estados Unidos, investigaciones académicas, o paneles de revisión oficiales hayan confirmado que algún avistamiento de UAP haya sido debido a tecnología extraterrestre. Todas las investigaciones, de cualquier nivel de clasificación, concluyeron que la mayoría de avistamientos eran objetos y fenómenos ordinarios y el resultado de una identificación errónea. Aunque no es el objeto de este informe, vale la pena señalar que todas las investigaciones de UAPs realizadas por organismos extranjeros hasta la fecha han llegado a las mismas conclusiones generales que las investigaciones de Gobierno de EE.UU.

AARO no ha encontrado evidencias de las afirmaciones de que el Gobierno de EE.UU. y empresas privadas hayan realizado ingeniería inversa de tecnología extraterrestre. AARO ha determinado, basándose en toda la información proporcionada hasta la fecha, que las afirmaciones que implican a personas específicas, lugares conocidos, pruebas tecnológicas, y documentos supuestamente involucrados en, o relacionados con la ingeniería inversa de tecnología extraterrestre, son inexactas. Algunas afirmaciones adicionales serán examinadas en el Volumen II. AARO pudo localizar los programas, funcionarios, empresas, ejecutivos y documentos del Gobierno de EE.UU. y de la industria identificados por los entrevistados, ejecutivos y documentos identificados por los entrevistados. En muchos casos, los entrevistados mencionaron programas clasificados reales, perfectamente conocidos por las personas en el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo con el acceso adecuado a ellos; sin embargo, los entrevistados asociaron erróneamente estos programas reales del gobierno con actividades alienígenas y extraterrestres. AARO ha llegado a las siguientes conclusiones con un alto grado de confianza en relación a:

GRUSCH. El ex funcionario de Inteligencia Dave Grusch prometió grandes revelaciones al Congreso de los EE.UU. sobre vehículos extraterrestres intactos y “restos biológicos no humanos, pero nunca se acercó a compartir sus secretos a la Oficina dedicada a la investigación de UAPs que dirigía Sean Kirkpatrick, que definió al agente como «una persona influenciable». ¿Por quiénes? Este fue el tema de una gran investigación del periodista y cineasta Steven Greenstreet en The New Yorker, preocupado además por cómo el dinero recaudado en impuestos a los estadounidenses «se van a una alcantarilla», y otros estudiosos que siguieron el caso, como el ensayista e investigador Jason Colavito.

AARO considera que todos los presuntos programas ocultos de ingeniería inversa de UAP mencionados y descritos por los entrevistados o bien no existen; o bien son programas reales de seguridad nacional altamente sensibles mal identificados que no están relacionados con la explotación de tecnología extraterrestre; o bien responden a un programa no oficial y ya desmantelado. AARO creó un procedimiento seguro en asociación con funcionarios de seguridad del más alto nivel dentro del Departamento de Defensa, la Comunidad de Inteligencia y otras organizaciones para investigar estos programas; se le concedió a AARO el pleno acceso sin restricciones. Es importante señalar que ninguno de los entrevistados tenía conocimiento de primera mano de estos programas, ya que no se les autorizó el acceso ni trabajaron en ellos, lo que probablemente dio lugar a una interpretación errónea de los orígenes y objetivos de los programas.

AARO considera que la afirmación inexacta de que el Gobierno de los EE.UU. está realizando ingeniería inversa de tecnología extraterrestre y la oculta al Congreso es, en gran parte, el resultado de la realimentación entre un grupo de individuos que creen en esta afirmación, a pesar de la falta de pruebas. AARO señala que, aunque las afirmaciones de que el Gobierno de EE.UU. ha recuperado y ocultado naves espaciales se remontan a las décadas de 1940 y 1950, las versiones más modernas de estas afirmaciones provienen en gran parte de un grupo permanente de individuos que han estado involucrados en diversas actividades relacionadas con UAPs desde al menos 2009.

AARO considera que los avistamientos de UAPs y los informes de estos avistamientos a organizaciones del Gobierno de Estados Unidos, las afirmaciones de que algunos UAP constituyen naves extraterrestres, y de que el Gobierno de los EE.UU. ha recuperado tecnología extraterrestre han sido influenciados por una serie de factores culturales, políticos y tecnológicos. AARO basa esta conclusión en los siguientes factores:

Varios factores –nacionales e internacionales– influyeron probablemente en los avistamientos, los informes y la creencia de algunos individuos de que hay pruebas suficientes de que algunos UAPs representan tecnología extraterrestre. El examen por parte de AARO del contexto histórico de las investigaciones sobre UAPs desde 1945 hasta la actualidad revela que estos factores –algunos comunes y otros distintos entre la era anterior de las investigaciones sobre UAP (antes de 2009) y la era moderna (después de 2009) –sin duda han influenciado el sentido de estas investigaciones, en el volumen y picos de avistamientos, y el interés, preocupación y debate público en general. Estos periodos se dividen entre antes y después de 2009 porque este es el año en que se puso en marcha el Programa de Aplicaciones de Sistemas de Armas Aeroespaciales Avanzadas (AAWSAP) y el Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas (AATIP).

Antes de AAWSAP/AATIP hubo un vacío de unos 40 años en los programas de investigación de UAPs desde la finalización del Proyecto BLUE BOOK en 1969.

AARO estima que una parte de los avistamientos desde la década de 1940 fueron debidos a la identificación errónea de sistemas espaciales, aéreos y de cohetes experimentales y operativos nunca antes vistos, incluidas las tecnologías furtivas y la proliferación de plataformas de drones. Entre década de 1940 a la de 1960, Estados Unidos fue testigo de un auge de las tecnologías experimentales impulsadas por la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Ahora la pregunta que queda es qué harán el Congreso y el Senado, pues para un contribuyente avispado el informe viene a decir «nos estáis haciendo perder el tiempo y el dinero»

*Julio Plaza del Olmo es editor de Gluon con Leche, fuente original el presente artículo.

ACTUALIZACIÓN

¿CONTRADICCIONES O INFORMACIÓN DUDOSA?

Un artículo publicado hoy en Clarín señala “contradicciones entre informes anteriores” y el documento que acaba de publicar el Departamento de Defensa de los EE.UU. La supuesta contradicción se refiere a un artículo que iban a publicar Sean Kirkpatrick y Avi Loeb que aún permanece en el repositorio del Centro de Astrofísica de Harvard y el Instituto Smithsoniano tachado con una advertencia muy explícita: «borrador bajo revisión»; si el artículo pudo tener sentido –mostrar al primero “receptivo” a ideas heterodoxas y apoyar una iniciativa de Loeb, que empezaba a rumiar el Proyecto Galileo–, ese sentido se trastocó cuando la prensa, por siempre ávida de titulares gancho, presentó un ensayo especulativo como un “estudio”. Por supuesto, el Pentágono no «aseguró» nada: fue un trabajo de particulares. Tardíamente, Kirkpatrick lamentó que ese borrador alcanzara tanta difusión. Julio Plaza de Olmo hizo un buen trabajo crítico del ensayo.

La noticia del diario argentino también alude que en 2020 el Pentágono dio a conocer tres videos en los que se observan “fenómenos aéreos no identificados”, cuando en rigor estos videos fueron difundidos por personas que eran parte del lobby interesado en “revelar la verdad” y el Pentágono salió luego a ratificar que el material era auténtico, no que mostraran “auténticas naves extraterrestres”. Esos videos han recibido distintas hipótesis prosaicas. Por último, al menos un aviador de la Armada que ha participado en la difusión del material, David Fravor, se ha mostrado muy cercano al activismo más sensacionalista del asunto. «Que Fravor siga teniendo una relación de amistad con personas dudosas como Corbell y Knapp, quienes promueven historias falsas de ovnis, es una gran señal de alerta sobre la credibilidad de Fravor», escribió el periodista Steven Greenstreet.

Y publica un video donde cuesta un poco no darle la razón al periodista de The New York Post.

LA «CAMARILLA CONSPIRATIVA». Esta imagen, publicada en el twitter de Steven Greenstreet, junta las cabezas de los miembros del grupo que alimenta la idea de un “encubrimiento del Pentágono”, aunque hasta hoy no han presentado evidencias en las que sostener sus afirmaciones, jugosas para realizar documentales, podcast y libros de éxito instantáneo. Pero probablemente no para descubrir «verdades ocultas».

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https://youtu.be/Vttj8fJuHtI?si=XBe05QZ4dUhWiJpT
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