La búsqueda de Taty Almeida: al final, la magia estaba en la calle

«El viernes trae mala suerte», dijeron las Madres antes de cambiar su ronda a los jueves en Plaza de Mayo. En esa misma búsqueda, Taty Almeida (1930-2026) llegó a consultar al vidente Gérard Croiset para dar con el paradero de su hijo, Alejandro. La magia no le ayudó a recuperarlo ni le trajo respuestas, pero su coraje fundó un símbolo de lucha colectiva que hoy sigue llenando las calles.

Por Alejandro Agostinelli

Corría 1977. Las Madres de Plaza de Mayo se reunían los viernes para firmar una carta que planeaban presentar ante el dictador Jorge Rafael Videla. La Junta Militar lideraba un aparato represivo feroz, amparado en la complicidad de diversos estamentos del Estado, la Iglesia Católica, la Justicia y el silencio aterrorizado o servil de los grandes medios y partidos políticos. En medio de ese reino de tortura y muerte, cuando la dictadura negaba toda responsabilidad y los hábeas corpus rebotaban, la búsqueda de los familiares dejó de ser una odisea individual para convertirse en una incipiente lucha colectiva.

En esos tiempos de desolación absoluta, la falta de respuestas terrenales obligó a hacerle algunas concesiones a la magia. Fue Dora Penelas, una de las Madres, quien planteó una objeción que en cualquier otra circunstancia habría parecido superflua:

—El viernes no, porque trae mala suerte. Es día de brujas. María Adela Gard de Antokoletz (1911-2002) la miró y se preguntó:

—¿Más mala suerte que la que tuvimos hasta ahora?

Nadie se lo discutió. Aquella pequeña concesión esotérica, ese gesto casi mágico, marcó el parto de un ritual histórico: la ronda pasó a los jueves. Décadas después, María Adela recordaría aquel episodio con lucidez:

—Cuando se cambió de día por superstición no me importó. Yo no creía en esas cosas y, probablemente, otras tampoco. Pero nadie objetó nada. Ahí empezó a surgir un rasgo de lo que seríamos las Madres: si alguna ponía una objeción y el tema no era importante, nadie discutía; tratábamos de facilitar las cosas para que todas las que quisieran se sumaran. 

Desde entonces, llueva o truene, la Plaza de Mayo se convirtió en el escenario definitivo de la memoria. 

Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, universalmente conocida como Taty Almeida, nació en el seno de una familia castrense y se casó con un militar. Pasó por todas las etapas de la frustración antes de despojarse de sus anteojeras ideológicas y animarse a cruzar el umbral de la Casa de las Madres, cuando todavía funcionaba en la calle Lavalle. Referente indiscutible y presidenta de la Línea Fundadora de la Asociación desde 2024, Taty era la madre de Alejandro Almeida. A sus veinte años, el joven cursaba el primer año de medicina, tenía dos empleos –uno en la agencia de noticias Télam y otro en el Instituto Geográfico Militar– y militaba en el ERP-22 de Agosto. El 17 de junio de 1975, durante el gobierno de Isabel Perón, fue secuestrado por la Triple A.

—Esperame, ya vengo –le dijo a su madre antes de salir. Nunca volvió. 

En plena pandemia, mientras investigaba los vasos comunicantes entre los campos de exterminio de los regímenes represivos y lo paranormal, le propuse a Taty un encuentro por Zoom para conversar sobre la faceta menos conocida de su búsqueda.

CROISET. El vidente holandés en 1976.

Marca de una desesperanza: el vidente holandés

Desde su casa, con voz pausada y su memoria intacta, revivió aquellos años. La primera figura del ambiente psíquico que nombró fue Gérard Croiset (1909-1980), un vidente holandés que por entonces era una celebridad mundial. Croiset se había vuelto famoso tras “La Tragedia de los Andes” en octubre de 1972, cuando el artista uruguayo Carlos Páez Vilaró (1923-2014), lo consultó por el paradero de su hijo y el vidente sentenció una frase legendaria: “Hay vida y hay muerte”.

En la entrevista me encontré con una mujer amorosa y una sorpresa: Taty me contó que, a mediados de los años setenta, el supuesto sensitivo europeo se había convertido en fuente de consulta habitual y secreta entre los familiares de los desaparecidos argentinos.

—A Croiset lo consultaban todos; la CIA, todo el mundo, ¿viste? –me confió Taty con una sonrisa que lograba disimular, apenas, la angustia acumulada en una vida. 

Para iniciar su trabajo a la distancia, el vidente le pidió un plano de su barrio, para fijar la localización. Taty fue hasta el Automóvil Club Argentino, consiguió un mapa de la ciudad de Buenos Aires y marcó con precisión el perímetro de su hogar. También le solicitó una prenda de Alejandro, que al tiempo llevó a Holanda su primo.

—Alejandro había salido de acá, de la puerta de casa, en la calle Ugarteche, entre Las Heras y Juncal. Salió para Juncal, después bajó, se tomó un colectivo y se fue a Retiro… y ahí se perdía el rastro –relató.  La devolución del vidente fue enigmática:

—A Alejandro lo tiene la policía, y él es correo.

Con los años, Taty logró darle un sentido a esa frase. Dedujo que su hijo, aprovechando sus conocimientos de cartografía en el Instituto Geográfico Militar, enviaba información estratégica a Córdoba en pleno año 1975, mientras el Operativo Independencia arrasaba el monte tucumano.

TATY. En 2025 reunió en un libro los poemas de su hijo Alejandro.

Pese a que Croiset no le aportó ningún dato útil para hallarlo, Taty defendía la legitimidad de ese impulso: “Lo que esto demuestra es que, ante lo que nos arrancaron –lo más preciado que tiene una mujer, que es un hijo–, hemos recurrido a lo que fuera con la desesperación de saber algo”.  Ella no fue la única en transitar ese derrotero. “Recurríamos a las brujas, a quien fuera que nos pudiera dar alguna noticia. Sí, hemos recurrido a mucha gente así”, admitió.

En esa procesión, visitaron también al Padre Mario Pantaleo, quien solía evadir el tema con un seco: “De eso no hablo”. Taty, en un gesto de piedad, interpretaba aquel silencio como una forma de protección: “Para no darnos malas noticias, prefería callar”. También recordó a un obispo de la Iglesia de Guadalupe que usaba un péndulo para intentar adivinar el destino de los desaparecidos: “Según cómo se moviera, era lo que él veía o presentía. Pero tampoco, nunca, ni a mí ni a otros, nos terminó diciendo nada”.  Incluso figuras del activismo como Emilio Fermín Mignone (1922-1998), fundador del CELS, y su esposa Angélica Chela Sosa (1922-2008), también consultaron a Croiset y a diversos espiritistas, en una carrera contrarreloj frente a la crueldad de la casta militar, clerical y judicial que les había arrebatado a su hija Mercedes.

La única lucha perdida es la que se abandona  

Taty Almeida falleció el 14 de junio de 2026, a los 95 años. No encontró a su hijo, pero dejó a todos una enseñanza que trasciende cualquier predicción esotérica. Su búsqueda, que en la cumbre del desamparo incluyó videntes y curas radiestesistas, encontró su punto de anclaje en el único sitio donde halló refugio, remanso y respuestas: en la calle, compartiendo la ronda con sus pares. Allí, abrazada por el afecto popular y la militancia, su pañuelo blanco se multiplicó en un ritual civil que cada jueves a las 15:30 exige memoria, verdad y justicia. 

Aquellas primeras marchas, alteradas por precaución mágica y sumadas a la sabia estrategia de no detenerse ante las pequeñas diferencias individuales, articularon un camino jalonado de victorias colectivas.

Un legado que ningún gobierno, por más que intente torcer el rumbo de la historia, logrará hacer desaparecer.

MÁS INFO: Catoggio, M. S. (2019). La construcción de la evidencia en la búsqueda de los desaparecidos: Creencias, testimonios y saberes. Papeles del CEIC. International Journal on Collective Identity Research, (2), 1-17. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.

El doble dolor de una jornada  

El mismo domingo 14 de junio de 2026, la militancia de los derechos humanos sufrió otra pérdida irreparable con el fallecimiento, a los 91 años, de Angelina Caterino de Castro, histórica integrante de la filial mendocina de Madres de Plaza de Mayo. Su largo calvario había comenzado el 9 de diciembre de 1977, cuando la dictadura militar secuestró en la localidad de Godoy Cruz a su hija mayor, Gladys Castro, quien se encontraba embarazada, junto a su esposo Walter Domínguez. A fin de averiguar el destino de su familia, Angelina dedicó décadas enteras a buscar no solo a los jóvenes, sino también al bebé que nacería en cautiverio.  Su tenacidad tuvo recompensa: en 2015, el Banco Nacional de Datos Genéticos confirmó la restitución de identidad de Claudia (en la foto), convirtiéndola en la nieta recuperada número 117. El caso de apropiación culminó con la condena de tres responsables en un juicio histórico en 2019, permitiéndole a Angelina reconstruir su historia familiar y abrazar la justicia antes de su partida.

RELACIONADAS

El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

Contacto: aagostinelli@gmail.com
Alejandro Agostinelli en Twitter
Alejandro Agostinelli/Factor 302.4 en Facebook
+ info sobre el autor, Wikipedia en Español
+more info about Wikipedia English