Indio Solari: «Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI»

Carlos Alberto «Indio» Solari (1949-2026) fue despedido ayer por una multitud autoconvocada a una “misa ricotera” en Plaza de Mayo.

“No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana”, sentenció Solari en esta entrevista que Enrique Symns publicó, en diciembre de 1986, en la revista Cerdos & Peces, parte del mismo oleaje disruptivo.

En el reportaje, la mirada lúcida y feroz del Indio Solari atraviesa el esqueleto del poder: la tecnología como brazo de la mafia corporativa, el hombre como instrumento de un orden que nos vende espejitos y su adelantada crítica a las ficciones del capitalismo: la gran aventura espacial no es un plan de la humanidad, sino un negocio de las corporaciones, una suerte de topadora disfrazada de Disneylandia que, al final, acabará expulsando a la especie. También iguala ciencia con religión, idea que luego abandonará. Su diagnóstico, lanzado hace cuatro décadas, anticipa “el dominio de los psicópatas en todas las jerarquías sociales y la derrota de cualquier intento de fuga real del sistema”.

¡Gracias por hacernos brillar, Indio!

Esta nota fue recuperada de AHIRA (Archivo Histórico de Revistas Argentinas).

CARLOS ALBERTO «EL INDIO» SOLARI (1949-2026). Músico, extraordinario letrista y compositor, y cantante argentino. Reconocido por haber sido el líder y miembro fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda de rock que rechazó los contratos de las grandes discográficas y los canales de promoción tradicionales, gestionando su carrera de forma totalmente autónoma.

Por Enrique Symns*

Está fuera del escenario. No es el cantante de los Redonditos de Ricota, es un serio y comprometido reflexionador de la realidad. El reportaje es en su casa, entre su colección de cómics y sus escritos, que vamos leyendo mientras hablamos. Escuchamos Oktubre, comemos asado, tomamos whisky, prendemos el grabador, vamos conociendo al otro Indio Solari.

—Te escuché decir que no creés en la aventura del hombre.

—Parto del hecho de que el hombre común tiene una noticia muy parcial de la vida, es un prejuicio que se comparte con otros. Esta convención informativa depende de la altura que se ocupe dentro de la escala de rangos de este modelo imperial-mafioso. La lectura de la realidad que tenés, entonces, depende de las terminales de información a las que tenés acceso. La gente termina brindando obediencia a la información que el modelo sistémico le ofrece.

—Aclarame el concepto de «imperial-mafioso» y «modelo sistémico».

—Es un modelo que se ha ido alimentando de todas las interrelaciones. Fijate que el problema actual del estado de esclavitud del hombre depende exclusivamente de la ignorancia, el desconocimiento que se tiene sobre ese orden internacional mafioso. Lo llamo así porque los capitales que sustentan el sistema son los que quedaron en pie después de la Segunda Guerra Mundial. El dinero de la mafia en EE.UU. reemplaza internacionalmente a las famosas bancas europeas.

—¿El mundo está gobernado por una mafia, una sociedad ilícita y delictiva?

—No si uno lo ve como esa historia italiana de Don Corleone y toda esa patraña hollywoodense. La mafia es el sistema, el dueño del imperio, las corporaciones que gobiernan, y que gobiernan el mundo a través de la tecnocracia.

—¿Cuál es tu concepto de la ciencia desde ese punto de vista?

—La religión oficial, hoy día, son la tecnología y la ciencia. Los científicos son empleados de fundaciones manejadas por la mafia y sus inventos serán utilizados por el poder para sus propios fines. La apuesta religiosa más grande que propone este orden sistémico es la supuesta aventura del hombre en el espacio. Este no es un plan nuestro, de la humanidad. Es un plan de las corporaciones: el hombre no va al espacio, va la mafia. Te tiran siempre espejitos, como a los indios; este espejito es el del hombre montado en una nave espacial, una vuelta por una sofisticada y cara Disneylandia.

—¿Espejito, en el sentido de que cada hombre se proyecte en el cosmonauta?

—No digo sólo eso. Creo que la propia tecnología va a rechazar al hombre del espacio. La tecnología se controla a sí misma; en computación, por ejemplo, se testea con computación. La tecnología ha creado un ámbito que rechaza al hombre. Por ejemplo, el kilo de flete en un taxi espacial sale 10.000 dólares, un fornido astronauta yanqui de cabeza cuadrada pesa 75 kilos y vale 750.000 dólares.

Con ese mismo caudal de peso y de dinero se puede mandar un súper comandante electrónico capaz de realizar ocho millones de tareas. La tecnología se ha hecho a imagen y semejanza de sí misma, no es el hombre la imagen sino otra máquina. Una máquina que resiste mejor que el hombre los cambios de presión, de temperatura, el vacío, las radiaciones. Vivimos la ficción a través del comic y del cine, el hombre será el cowboy del espacio y la nave su caballo. Yo creo que el hombre no va a ir, va a mandar eso a explorar el universo, pero él no va a ir. Al menos de esa manera. 

LA VANGUARDIA PSICÓPATA

—Sin aventuras que lo incluyan, con un futuro dominado por la tecnología, casi ya de más, ¿cómo va a sobrevivir el hombre?

—De prosperar en el tiempo este orden sistémico en el que vivimos, la personalidad más apta para la supervivencia es el psicópata. Quizá los psicópatas sean la desgraciada vanguardia de un nuevo sistema nervioso, aquel que va a poder soportar las rígidas tensiones del orden sistémico… 

—¿Quiénes? ¿Cómo son los psicópatas?

—Para mí son héroes urbanos potenciales que no han tenido mucho éxito en su relación con los demás. No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana.

Hay que tener en cuenta la poderosa influencia que el estado psicopático ejerce sobre esta sociedad. No veo a los psicópatas como casos extremos, es más, creo que muchos de ellos ocupan importantes jerarquías sociales: son políticos, militares, periodistas, actores, artistas, músicos de rock, homosexuales prominentes, ejecutivos de la televisión y ahí ves que aumenta el poder del psicópata según el lugar que ocupe en la jerarquía social. Los psicópatas que bajan línea desde su cargo social ejercen más poder que el psicópata cotidiano porque se transforman en la lectura oficial de la realidad.

—Desde ese punto de vista la salud social sufre un canceroma, esos psicópatas enferman el mundo…

—El problema de la enfermedad es complejo. El viejo chamán, que tenía el poder de comerse tu dolor, de absorber tus pecados a través de la semejanza, de ponerse tan loco como vos para saber sobre qué cosas tenía que efectuar su cura. El chamán ha sido reemplazado por el psiquiatra o por el psicoanalista y ahí ves que se encuentran con su propia incapacidad para manejar a los psicópatas actuales que son pacientes muy complejos, mucho más complejos que el curador. Son más experimentados en la locura que el terapeuta, que sólo tiene informaciones. El paciente es un tipo mucho más aventurero, más avanzado que el terapeuta. Desde ahí, yo veo al psicoanálisis como una especie de sangría psíquica. El resultado es que el paciente es domesticado en sus vicios más interesantes. No se lo modifica sino que se lo desgasta y se lo transforma en un espécimen menos malo pero también menos de todo. Menos agresivo, pero menos brillante. Menos destructivo, pero menos voluntarioso. Menos reactivo, y también menos creativo. La terapia apunta sólo a la mera reinserción social del espécimen. Lo readaptan a la condición que, casualmente, lo enfermó y el paciente se adecúa a aquello que aborrece. 

—¿Hay que convertirse en un psicópata?

—La vida personal de uno se dirige en varias líneas hacia el porvenir, nadie está vivo en una linealidad, comprendiendo esto es posible integrar las informaciones que vas recibiendo y que, al mismo tiempo, sabés que te están moldeando. No me gustaría convertirme en un psicópata (ríe), yo preferiría que este sistema no prosperase. Hay que ir leyendo entre líneas las informaciones que el orden nos propone y desconfiar. Porque la ciencia, por ejemplo, no es presentada como un punto de vista más, o como un prejuicio compartido o una convención arbitraria que se comparte. No, la ciencia se instaura como un modelo tiránico de la verdad. Pero no hay que admitirlo. La ciencia es sólo una óptica, un punto de vista, una lectura parcial de toda la estructura.

USINAS MODERNISTAS

—¿La alternativa contracultural de la década del 60/70 se presentó como una actitud de rechazo a ese orden sistémico?

—Hubo un tiempo en que las ideas que se nucleaban alrededor del rock eran una comprensión ideológica del mundo y daba para mandar brasa unos a otros. Cuando la lectura primitiva fue modificada por lecturas más complejas y afinadas, como por ejemplo la creencia de que se pierde la espontaneidad cuando algo se institucionaliza, cuando algo transforma en ideología, entonces el fenómeno pareció entrar en decadencia.

Pero cuando se produjo la diáspora, la explosión de la individualidad, los jóvenes rechazaron la villanía acumulada por el orden sistémico y esto hizo que fueran a escarbar en las informaciones desechadas por el sistema, ya sea por pecaminosas o por erradas. Cuando se dieron cuenta de que el sistema de vida no les gustaba, fueron a escarbar en el tacho de basura de ese mismo sistema para ver si en lo desechado y prohibido encontraban la posibilidad de reencauzar el mundo. A partir de ahí surgió todo el tema del reencuentro con los poetas malditos, con las religiones universalistas.

—El modernismo actualmente rechaza aquel fenómeno, se dice “70” y parece que se dijera fracaso.

—A pesar de que Oktubre, el disco que grabamos con los Redondos, es sólo un disco, tiene como planteo básico alinearse en cualquier otra dinámica que escape de la lectura postmodernista. Porque la postmodernidad es una lectura pseudofilosófica nacida en la misma usina de la industria del disco y difundida, casualmente, en todo el mundo por los embajadores itinerantes cuya función es trasladar esa información. El postmodernismo es un punto de vista neoliberal, pretende que ya no hay un sistema de objetos y como consecuencia todo queda como está, a mí me parece descabellado. Allá ellos con su miseria, a mí me nefrega la modernidad. Entiendo sí que hay modas internacionales que salen de usinas en donde los creadores son los expertos en marketing. Son estéticas superelaboradas pero consumistas. Como ese avance de la estética efectiva llena de máquinas, chispas e impactos audiovisuales.

—Parece que siempre estuvieran hablando de “ELLOS”, se asemeja a una paranoia descomprometedora de nosotros, ¿no hay complicidad de nuestra parte con ese sistema?

—No se puede cargar al pobre humano esclavizado con la complicidad. Encima uno, por pertenecer a esa clase de paranoia social, por tener ese rol de ser indicador social. Toda esa sospecha que uno puede ejercer sobre uno es la misma que ejerce tu vecino porque, cuando te ve, lo que ve es un testimonio real del manipuleo. Los paranoicos, de cualquier tipo y rol, siempre tienen algún tipo de popularidad en el barrio porque terminan comportándose de acuerdo con su creencia. Ese hombre, ese pobre paranoico que se dedica full time a la emoción, está recibiendo todo el tiempo una noticia ingrata sobre el estado de las cosas. Ese paranoico no es cómplice y mucho menos el otro, el que ni se entera, a ese no se le puede adjudicar ninguna clase de complicidad sistémica.

—¿Es posible que este orden sistémico, como vos lo llamás, sea derrotado?

—No estamos solos, no nos olvidemos de que en este cascote conviven con nosotros otros coetáneos que participan de una lectura similar a la nuestra. No me veo solo en esta pulsión, tengo la impresión de que es una pulsión internacional aun cuando nos refiramos en términos de una minoría internacional. Eso por un lado. Por otra parte, ni bien la humanidad entre a desconfiar de la bonanza de este sistema, toda esta información que ha sido considerada marginal o alternativa, todo aquello que ha sido dejado de lado, tomará importancia, se convertirá en central. Por ahora nada podemos decidir, ni vos, ni yo, ninguno de nosotros. Ni siquiera lo puede decidir una cámara de diputados porque la independencia de un país es una ficción. La única que comanda el viaje es la mafia. Y sus brazos armados son los científicos. Los genetistas, por ejemplo, están convencidos también de que el hombre tal como lo conocemos hasta hoy no podrá sobrevivir mañana. La información extragenética, como suelen llamar ellos a la cultura, no le servirá al hombre para el futuro. Ellos proponen entonces intervenir directamente en la genética, hacer modificaciones en esa estructura para producir una mutación real, producir otro tránsito de procónsul al homo sapiens de un día para otro. Y ahí surge otro problema: alguien va a arrogarse el derecho a elegir el modelo de ese experimento. Por ahora todo está mal. Los pueblos no se comunican con los pueblos, la comunicación es de estado a estado. Hay un filtro burocrático que separa a los hombres. La cuenta de la muerte se va engrosando. La vida es considerada un instrumento. Nada es un fin en sí mismo. Nadie puede borrar su vida al contado, siempre hay que proyectar la vida dentro de un orden, nos obligan a firmar todo el tiempo cheques a favor de la muerte.

(*) Enrique Symns (1945-2023) fue un periodista, escritor y actor argentino. Pionero del género gonzo en Argentina, fundó la revista contracultural Cerdos & Peces (1983). Fue monologuista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Fue autor de La banda de los chacales (1987), El señor de los venenos (2004), Senderos extraviados: crónicas y entrevistas al límite (2013) y de biografías de músicos como Fito Páez y la banda de rock chilena Los Tres.

Fuente: Cerdos y Peces Nro 7, diciembre de 1986.

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El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

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