Capilla del Monte 2026: Tras el rastro de la más popular parodia de tecnología alienígena

A 40 años de la Huella del Pajarillo, la ciudad de Capilla del Monte y alrededores atraviesan un proceso de cambios. Entre la indiferencia oficial y el retiro de la cartelería clásica, el pueblo debate su identidad frente al avance de misticismos que desplazan a la tradicional ufología de «tuercas y tornillos». ¿Asistimos a la desufologización del Uritorco?

Historia de un icono que brilló en tiempos más plativolistas.

Por Fernando Jorge Soto Roland *

EL PLATÍVOLO DE LEO VÁZQUEZ. Del centro de la Plaza San Martín al fondo de un depósito. El declive de la iconografía clásica extraterrestre. Foto: A. Agostinelli (2018)

El 9 de enero de 2026 en Capilla del Monte se cumplió el 40°aniversario de la famosa “Huella del Pajarillo”, una inmensa “mancha” negra aparecida en una de las laderas del cerro del mismo nombre, producto de la supuesta aproximación de una nave extraterrestre. A cuatro décadas de aquel acontecimiento, que en más de un sentido fue fundacional para el pueblo, me llamó la atención la escasa repercusión que tuvo, no sólo en el ya famoso pueblo del Valle de Punilla sino también en los medios cordobeses que, contrariamente a la 30° celebración del 2016, no le dedicaron el espacio que algunos creen que merecía.

Tampoco hubo ninguna proclama oficial del municipio y así, el evento que marcó un antes y un después en la historia del pueblo, colocándolo en el mapa internacional, pasó casi desapercibido. No hubo charlas en el café Samadhi, antiguo foro de ufólogos y simpatizantes del plativolismo, ni anuncios pegados en su tradicional cartelera –casi siempre atiborrada de publicidad alusiva. Tampoco hubo reuniones públicas que expusieran el evento de un modo explícito. Prevaleció el silencio. Apenas una mención al pasar en un programa matutino de radio FM y la lógica intervención del CIO (Centro de Investigación Ovni) que, por la tarde del 9 de enero, elevó su voz en defensa de la “Huella”, a través de su ya veterano programa radial “Contacto Extraterrestre”. Un grito aislado en el que se recordó, en una transmisión llena de fallas técnicas, a su fundador, el fallecido Jorge Suárez, secretario de gobierno y turismo del municipio en 1986 y principal promotor de la hipótesis extraterrestre junto al por entonces intendente Diego Sez. Ellos fueron los impulsores y las caras visibles de la historia que, poco tiempo después, el periodista de Nuevediario, José de Zer, divulgara el caso a nivel nacional con sus bizarras crónicas televisivas.

Pero no voy a detenerme en la fraudulenta historia de la Huella del Pajarillo, a la que ya dedicamos varias páginas con anterioridad. [1] Hoy deseo exponer una sensación muy personal, en extremo subjetiva, aunque sustentada en ciertos hechos que vengo percibiendo desde hace un tiempo en Capilla del Monte. En pocas palabras, y después de quince años consecutivos visitando y transitando cada rincón del pueblo (en especial durante todo el mes de enero), advierto que, tras la pandemia del COVID (2020),  se está dando una gradual pero persistente desufologización del enclave.

No todos estarán de acuerdo con esta impresión, en especial aquellos comerciantes que se sustentan vendiendo suvenires de marcianitos y platos voladores en variados negocios de Capilla; el mencionado CIO y los promotores de tours y paseos alienígenas que, bajo la tutela de guías especializados, buscan mantener viva la hipótesis extraterrestre, alejándose y combatiendo la veta místico-esotérica de los partidarios de la ciudad intraterrena de ERKS y sus Hermanos Superiores que, a mi modesto entender, coparon el escenario capillense. Este es un enfrentamiento de larga data, ya detectado claramente en el Festival Alienígena (FA!) del año 2017 [2] y que parece haberse incrementado en los últimos nueve años, muy a pesar del fallecimiento de varios de sus más insignes representantes. [3]

Somos testigos de un natural recambio generacional y de una (para mí) clara competencia por ocupar los espacios vacantes. Competencia en la que nuevos y viejos contactados, místicos e incluso pseudo-templarios intentan inclinar la balanza a su favor, sin que todavía la situación termine por definirse.

Para cualquier observador atento es evidente la presencia de una ufología religiosa en claro ascenso. Un fenómeno por demás interesante en el que las llamadas espiritualidades alternativas proyectan un complejo y a veces intrincado manantial de nueva creencias que, desde hace décadas, viene alimentando (entre otras corrientes) la mentada New Age. [4]

A esta vertiente, que gana fuerza y presencia en el universo capillense, se oponen los partidarios de una anacrónica ufología de tuercas y tornillos (versión secularizada y poco proclive a espiritualizar alienígenas). [5] Alejados del mesianismo y del contactismo, los ufólogos clásicos reniegan de lo que muchos llaman nuevos movimientos religiosos, cuya tendencia, en el marco que nos ocupa, es convertir a las naves interplanetarias en entidades espirituales que vienen a salvar al mundo del materialismo y conectarnos con realidades trascendentes, con otros mundos y dimensiones del espíritu. Una ufología poblada de profetas. Un verdadero infierno de salvadores, como diría Cioran.

HERMANOS DEL ESPACIO. La espiritualización ufológica de Capilla del Monte.

Recorrer hoy Capilla del Monte es advertir que aquellos mojones que identificaban al pueblo desde el momento mismo de entrar en su ejido urbano, como lo eran el marcianito verde que asomaba su cabezota en el cartel de ingreso del acceso norte o el plato volador de chapa, ubicado en la Plaza San Martín —y más tarde en el acceso sur— ya no están. [6]

La iconografía oficial borró también de un plumazo al sonriente alien color gris que podía observarse en el cartel promocional que colgaba a la entrada de la estación de trenes, visible desde la calle techada, anunciando que Capilla era donde conectarse con la Energía, la Naturaleza y el Misterio.

FESTIVAL ALIENÍGENA 2015: NATURALEZA Y MISTERIO. Antigua cartelería promocional de Capilla del Monte

Nada de todo eso estaba presente en enero del 2026.

Incluso muchas vidrieras de los locales que dan a la emblemática “Techada” (Diagonal Buenos Aires) se han despojado de los numerosísimos Ets decorativos. Solo un par de enclaves comerciales parecieran luchar contra la corriente, atiborrando sus estantes con el tradicional merchandising kitsch de platívolos adamskianos y verduzcos marcianos en múltiples posiciones; no sin mezclar esas artesanías galácticas con medallas, colgantes, amuletos, piedras de poder y algún que otro libro de autoayuda. Calcomanías y tatuajes de símbolos esotéricos, grabados en muslos y brazos, tampoco faltan. No ocurre así con las imágenes de platívolos y seres de otros mundos que han pasado a ser parte de un consumo irónico que los ufólogos clásicos aceptan con resignación y cierta simpatía y los más espiritualizados rechazan con ahínco.

Pero, ¿hasta qué punto esta percepción es reflejo de la realidad?

No todos están de acuerdo con esta lectura. En algún sentido, debo darles parte de razón. Que quede claro algo: los clásicos platos voladores y las infantiles representaciones de marcianos no desaparecieron completamente. Siguen, pero en menor medida que hace unos cinco años. Hay que tomarse un rato para encontrarlos. Estar, están. Pero debilitados, en un aparente proceso de declinación (que no considero definitivo).

«JORGITO». El autor junto al alienígena de La Techada” (Capilla del Monte).

Jorgito, el extraterrestre metálico que convoca a sacarse fotos con él en la entrada misma de la techada se mantiene incólume ante los celulares y los flashes de las máquinas fotográficas que desfilan ante su rígida presencia. Otro clarísimo ejemplo de consumo irónico; como también lo es el desgarbado extraterrestre que circula por el centro pidiendo dinero a cambio de tomarse una fotografía, para “arreglar su nave dañada”.

Aun así, nada se percibe como era antes. El furor plativolista que se diera en Capilla del Monte entre 1986 y 1995, su primer congreso ovni en 1999 y la primera edición del Carnaval Alienígena en febrero del 2012 (hoy Festival), ha perdido fuerza ante un misticismo y prácticas esotéricas en ascenso.

POSTALES AUTOBIOGRÁFICAS. Lo profano y lo sagrado (2026)

Christian (33 años), propietario del Café Oishi, frente a la Plaza San Martín, vivió toda su vida en Capilla del Monte. Es un nacido y criado (NYC) en plena plativolitis (1993). Un testigo confiable de los cambios operados en el pueblo.

La gente de acá—me dijo—no le da ni cinco de pelota al tema ovni. No es algo de lo que hablen a diario. Incluso los viejos capillenses que uno encuentra deambulando de café en café por la calle techada no tienen nunca como tema de conversación lo extraterrestre. Ya ni siquiera hablan de las luces que muchos turistas, guiados por la publicidad y el deseo de ver, dicen observar volando por todas partes. La temática—culminó—está devaluada y comercializada. Sólo los visitantes atienden el juego. Y muchos de ellos, no te extrañe, recién se enteran de la movida ovni cuando llegan al pueblo”. [7]

En mi opinión, esa desatención se aceleró a partir del año 2019, cuando una nueva administración política se hizo cargo del gobierno municipal. El intendente Fabricio Díaz, reelegido en 2023, tuvo sus idas y vueltas sobre cómo llevar el asunto. Primero, manifestó su abierta oposición a seguir alimentándolo; más tarde, bajó la guardia ante la presión de la cámara de comercio capillense.

No bien asumió su primer mandato, en diciembre de 2019, Díaz dijo abiertamente sentir vergüenza cuando sus colegas políticos de otras localidades trataban con aire burlón la orientación turística que había tomado Capilla del Monte desde 1986 con el supuesto aterrizaje del ovni. Por tal motivo, odiaba a los marcianitos, especialmente al que daba la bienvenida en el acceso norte. No tardó en tomar una medida al respecto. El 31 de enero del 2020, aquella presencia alienígena fue desmantelada. [8]

Ese día, a horas del mediodía, fui testigo de aquel acto para mucho “vandálico”. El ET desapareció en pocos minutos, poniéndole fin a un lustro de simpática y simbólica presencia. [9]

DESAPARECIDO. El marciano verde de la entrada norte ya no está.

Cuando el periodista local Fernando Diz rezongó en su programa radial, el intendente se mantuvo en silencio y apostó más fuerte quitándole el apoyo institucional y económico al Festival Alienígena de ese verano (FA! 2020), que pasó a ser organizado y bancado, en gran parte, por los comerciantes que creían que el municipio estaba matando a la gallina de los huevos de oro.

Pero en marzo, el mundo entero se vio azotado por algo inesperado: una mortal pandemia que nos enclaustró a todos en nuestros hogares por un espacio de casi dos años. El COVID-19 sacudió las entrañas de la sociedad y Capilla del Monte, pese a las promesas de protección de los Hermanos Superiores de la ciudad intraterrena de ERKS, no fue la excepción.

Aislados, sin trabajo, sin turismo, enfermos y temerosos, sus habitantes se hundieron en uno de los momentos más duros de toda su historia. Y la pandemia terminó por torcerle el brazo al poder municipal. Había que recuperarse después de la crisis y Fabricio Díaz debió reconocer que se había equivocado al atacar a los extraterrestres (mejor dicho, a la temática). Los hermosos paisajes locales y sus inmensos recursos naturales no alcanzaban. Había que recuperar el turismo y para eso debían volver a escena los marcianos. Así, entre 2021 y 2022, la intendencia no solo relanzó el antes criticado FA! [10], sino que estimuló la creación de un Café Ufológico con el propósito de “unir” a los ufólogos del pueblo, enfrentados desde hacía tiempo. Había que cinchar juntos en pos de la prosperidad colectiva. [11]

Ahora sí los platos voladores eran reconocidos como símbolos claves en la recuperación de Capilla. Díaz pudo desdecirse a tiempo de muchas cosas. Pidió perdón. De lo que no renegó fue del marcianito verde de la entrada septentrional que, desde el 2020, se esfumó por completo.

Pero a cambio de alienígenas antropomorfizados, el intendente prometió sembrar el pueblo de naves y darle a Capilla un aire más serio, estimulando el festival local no solo con desfiles, vidrieras alegóricas y disfraces, sino convocando la presencia de “investigadores y especialistas” en la materia para resaltar la importancia del “fenómeno” y su íntima relación con el Cerro Uritorco y la zona. También se atrevió a relatar, en el programa de radio Hablemos de Ovnis, sus propias experiencias extrañas durante la adolescencia y el cambio experimentado en época de pandemia al entrar en contacto y crear una estrecha amistad con el famoso contactado peruano –y vecino del intendente– Ricardo González Corpancho. [12]

Parece que la hermandad entre ambos dio sus frutos y, sumándose al reclamo de los comerciantes y cabañeros capillenses, más la prédica radiofónica del periodista Diz, también beneficiado por la contramarcha, la temática extraterrestre volvió a germinar. Una corta “Paz de Dios” inundó el pueblo. Enemigos acérrimos se abrazaron. Ufólogos clásicos y místicos acordaron hacer las paces por el bien del interés común. Quienes, por entonces, visitamos Capilla, fuimos testigos de aquella breve primavera extraterrestre.

Entre el 2021 y el 2022 las visitas de varias personas ligadas al folclore ufológico dieron sus testimonios ante nutridas audiencias: Dionisio Llanca, Carlos Díaz y Sergio Puchetta, entre otros. El CIO de Luz Mary López (arquitecta colombiana devenida en ufóloga tras su relación con Jorge Suárez) continuó con su programa tradicional de radio y, si bien no estuvo del todo integrada a la nueva movida, los carteles que promocionaban su particular centro de investigación aparecieron en algunas esquinas del pueblo, siendo parte también de la folletería expedida por la Secretaria de Turismo.

ALEGORÍAS SIDERALES. La mayoría de estos muñecos ya no está en la vía pública; muchos de ellos fueron adquiridos por los negocios de artesanías extraterrestres.

Las vidrieras de los locales céntricos se poblaron de Ets de todos los colores. Incluso negocios no dedicados a la venta de suvenires temáticos. Los ya tradicionales Alfajores Atalaya, el restaurante Edén, la casa de moda Mulata, por citar unos pocos, recuperaron el ímpetu en la temática ovni que yo había percibido a lo largo de mis viajes entre el 2010 y el 2020.

En ese clima de aparente resurrección, el plato volador de la Plaza Martín volvió a ser reconsiderado, implementándose casi de inmediato las medidas necesarias para su puesta en valor.

Si bien la historia de este ícono capillense fue desarrollada en un artículo precedente [13], creo necesaria una escueta síntesis.

EL PLATÍVOLO DE CAPILLA. Surgimiento y gradual decadencia (2015-2020).

En el año 2010 el vecino de Capilla del Monte Leonardo “Leo” Vázquez lo construye para ser exhibido sobre el techo de su local gastronómico de la Ruta 38, Regionales Ovni. Allí permaneció durante cinco largos años, momento en el que el negocio bajó sus persianas.

En enero del 2015, durante uno de mis tantos viajes a Capilla, el plato volador se esfumó. Recién en el mes de febrero de ese año el municipio, dirigido entonces por el intendente Gustavo Sez, se lo pidió prestado a Vázquez para el inminente Festival Alienígena, siendo acondicionado con luces intermitentes, nuevos cristales en sus ojos de buey y una ubicación preferencial en la esquina principal de la Plaza San Martín (intersección de la Diagonal Buenos Aires con las calles Rivadavia e Hipólito Yrigoyen). Nunca un plato volador había tenido semejante relevancia en la geografía municipal. Allí se mantuvo en perfectas condiciones, convocando la atención de visitantes y turistas.

En enero del 2016 (FOTO, arriba) lo vi en su mejor momento, resplandeciente y muy bien montado. Pero el mantenimiento de la nave duró poco. En enero del 2017 ya estaba vandalizado. Sin sus luces, lleno de grafitis y con todos sus vidrios rotos. En la temporada veraniega del 2018 ya era una piltrafa. Peor no podía estar. Semejaba una naranja de chapa desgajada. Verlo en esas condiciones daba lástima. La desidia y la pereza municipal ante el salvajismo, eran evidentes. Por ese motivo, en septiembre de ese año, el platillo de Leo Vázquez desapareció. En la esquina más concurrida del pueblo solo podía verse su huella.

Un año más tarde, en enero del 2019, reapareció en un sitio marginal de la plaza. Costaba ubicarlo: aislado y a oscuras, estaba detrás de unos árboles. Allí, sin protagonismo, se mantuvo hasta la pandemia del 2020.

El confinamiento obligatorio nos impidió a todos salir de vacaciones. Por ende, no viajé a Capilla en el verano del 2021. Pero mi cariño por ese pueblo serrano, en el que he pasado hermosos momentos de mi vida, me mantuvo informado de sus avatares políticos y económicos a través de la radio. Así me enteré que el intendente Fabricio Díaz, tras reconsiderar su ataque al modelo de turismo ufológico local, había decidido devolver su jerarquía al famoso plato. [14]

El 13 de agosto de 2021, Díaz anunció que, tras una reunión con Leonardo Vázquez, autor intelectual y material del platívolo, había ordenado refaccionarlo para colocarlo en su nuevo emplazamiento: sobre el cartel del acceso sur, a la vera de la Ruta 38 (al que llegó en febrero del 2022). Capilla del Monte y su platívolo volvían a unir fuerzas en pro de su mitología. José de Zer se hubiera sentido feliz con todo ello.

BUENOS TIEMPOS. Enero de 2023. El plato volador de Vázquez en su mejor momento.

En enero del 2023 lo encontré exultante a las puertas del pueblo. Y si bien el marcianito verde había perdido la batalla, las naves habían vencido. La tecnología alienígena triunfaba sobre la exobiología.

Hagamos todas las naves alegóricas que hagan falta—dijo el intendente— y cuanto más mística se le ponga a Capilla, abordada con seriedad, mucho mejor. Creo que esto de las naves va a estar alucinante”. [15]

En esa misma ocasión, Díaz hizo pública su autorización para que Hugo Bronn, propietario pionero, ya que hace veinticinco años lanzó el primer negocio capillense dedicado a la venta de artesanías extraterrestres, La Pirámide Misteriosa, pudiera construir e instalar su propio plato volador sobre la Avenida Sabattini al 780 (la misma arteria que conduce a la base del Cerro Uritorco).

LUZ DEL URITORCO. El impactante plato volador de «La Pirámide Misteriosa«. Es el mejor, pero no el primero en Capilla del Monte.

El funcionario pasó a hablar de las energías y vibraciones del lugar y a la posibilidad cierta de explotarlas turísticamente. Eso sí, nunca se olvidó de manifestar su odio al marcianito. [16]

Estas condiciones duraron menos de tres años.

En abril de 2025, la grúa municipal volvió a desmontar el plato volador: lo quitó del cartel del que colgaba (soporte que también cambiara de color, pasando del celeste y blanco, implementado para festejar el triunfo argentino en el Mundial de Fútbol, al verde loro de antaño).

ESFUMÓSE. Enero de 2026. El plato volador ya no está donde solía frecuentar.

No bien me enteré del nuevo devenir, gracias a la información provista por el cabañero y amigo Claudio Chena, mi curiosidad por el destino del ovni resurgió. Haciendo uso de las redes sociales traté averiguar a dónde lo habían mandado. Todo resultó infructuoso. Nadie sabía a dónde había ido a parar el aparato. ¿Lo habían sacado para siempre? ¿Volvió al taller de reparaciones? ¿Por qué esta nueva remoción? ¿Acaso no era “alucinante” exhibirlo ante la vista de todos los que transitaban por la Ruta 38?

De regreso a Capilla del Monte en enero de 2026 —más de ocho meses después— pude conocer la respuesta.

***

El disfrute por conocer lugares abandonados y perseguir algunos objetos icónicos de sitios y películas ha sido una constante durante gran parte de mi vida. Descubrir casonas, hospitales y hoteles en ruinas (eso que hoy se llama Urbex) fue una adorada práctica desde mi niñez y adolescencia. Pero hacia el año 2008 decidí empezar a tomar nota demis experiencias exploratorias dentro de ese bello universo del deterioro. [17]

Así, una cosa me llevó a la otra y, como en un juego de dominó en el que una ficha tira a la siguiente desencadenando un reacción en cadena, pasé, inadvertidamente, de edificios abandonados a objetos –algunos de ellos, como el animatronic del film de King Kong de la versión de 1976, de fama internacional.

¿Cuál es el origen de este impulso por buscar e indagar sobre lo perdido?

No lo sé. Pero por algo he dedicado mi vida a la historia. Tal vez la causa esté en esa veta romántica que fabricamos aquellos que nos formamos leyendo novelas de aventuras y mundos perdidos. Resabios de sueños que surgían cuando, al ver algo tirado a un lado del camino, me preguntaba cómo diablos había llegado hasta ese lugar. O imaginar a las personas que habían invertido tiempo, esfuerzo y dinero en construir algo que yacía olvidado y derruido.

Todas las cosas tienen su historia y un contexto que las explica. Algunas son, evidentemente, más importantes y sugestivas que otras. Convengamos que la búsqueda del platívolo que nos ocupa es menos emocionante que salir en pos de una ciudad perdida en el Amazonas. Aun así, la base es la misma: el deseo por saber más. A pesar de lo “mínima” que sea esa historia.

De eso se trata el asunto: de contar historias. De viajar para después escribir. No concibo un viaje que no sea escrito. Me resulta incompleto. Olvidable. Y es una pena que las experiencias que tantas preguntas nos despertaron en un momento y movilizaran tantas pasionesse diluyan en la nada, como si no hubieran existido.

Nuestros días están repletos de esas “historias mínimas”. Pequeñas aventuras que hace falta reconocer para poder conservarlas. Deberíamos ser constantes recopiladores. Fabricantes de recuerdos (con todas las reediciones y modificaciones que ello implica). No sé cuántos conservaran en la memoria, dentro de cuarenta, cincuenta o cien años, el paso del ovni de chapa por Capilla del Monte. Sí sé que esta historia, para muchos insignificante, puede resultar interesante para algún friki como yo y se sienta inclinado a conocer parte de la historia de un ícono capillense y el contexto en el que surgió y murió.

Como hemos visto, el plato volador de Capilla ha tenido sus idas y vueltas. Sus momentos de gloria y sus ocasos. De seguro los seguirá teniendo hasta ser devorado por el polvo del que vino. Mientras tanto, sus apariciones y desapariciones son un pendular marcador de las diferentes posturas que las administraciones municipales capillenses han tenido sobre el tema ovni a lo largo del tiempo. Los caprichos del poder, ya sea por motivos económicos, ideológicos o políticos, moldearon — y siguen moldeando— su historia.

Encuentro cercano

Eran las 20 horas del 2 de enero de 2026 cuando, en la base misma del complejo El Zapato y la inmensa conglomeración rocosa en la que está inserta la pareidolia más famosa de Córdoba, nos reunimos unas ochenta personas para llevar a cabo una caminata nocturna cuyo objetivo era ver salir la primera luna llena del año por detrás del Cerro Uritorco.

CONTRASTES. El Zapato y el Uritorco: cada monumento natural tuvo su época dorada.

La convocatoria estaba hecha por la Secretaria de Turismo. Era gratuita y guiada por un especialista en astroturismo, al que secundaban una media docena de empleados municipales dedicados al cuidado de las personas que habíamos decidido ser testigos de aquel hermoso suceso astronómico.

Hacía pocas horas que con Verónica habíamos llegado a Capilla del Monte a pasar nuestras vacaciones veraniegas. Teníamos las energías intactas y la obvia ansiedad por empezar a construir recuerdos.

Cuando la marcha se inició tras la tardía puesta del sol, me quedé al final de la larga cola de turistas. Quería sacar fotos sin incomodar a otros (ni que me incomodaran). Como último furgón, venía a mi lado un asistente del municipio, cortándole el paso a cualquiera que deseara hacer la suya, corriendo el riesgo de perderse de noche en el gran roquedal por el que transitábamos.

Enseguida observó mi insistencia en sacar fotos a cada paso y me preguntó si era la primera vez que visitaba Capilla. Le respondí que no. Que hacía quince años pasaba enero en el lugar. Se sorprendió. No es para menos: es mucho tiempo. Un querido amigo de Rosario afirma que lo mío con el pueblo es síntoma de  un serio Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Tal vez tenga razón.

Cuando todo el grupo alcanzó el punto elevado elegido por el astrónomo guía, ya era noche cerrada. Pidió guardar silencio y esperar a que el satélite asomara su redondez por detrás de la azulina silueta del Cerro Macho, el Uritorco. En ese momento, recordando la reciente llegada a Capilla sin visualizar al plato volador de la Ruta 38, en voz muy baja le pregunté a mi celador si sabía (siendo empleado municipal) por qué lo habían quitado y en dónde estaba.

Gonzalo (ese era su nombre) tardó unos segundos en entender el motivo de mi extraño interés. Recién cuando le confesé que hacía unos años había escrito un artículo sobre el ovni, me dijo:

— ¡Ah, mirá vos! ¡Qué bueno!

Apuesto nueve dedos de mis manos que no lo había leído. Aun así, ante mi insistencia, respondió:

—Por lo que sé, el ovni lo llevaron al depósito municipal que está en la zona de Los Tres Puentes. Allá debe estar todavía.

Mi entusiasmo fue en aumento. Necesitaba sacarle una foto en ese lugar y se lo comuniqué.

—No creo que haya problemas —agregó con amabilidad. —Te paso mi celular. El lunes o martes llamame y si se puede te llevo hasta el depósito.

Intercambiamos nuestros números. Estaba feliz. En poco tiempo, y de una manera inimaginable, había encontrado los datos que buscaba desde hacía meses. Minutos después me dejé llevar por el espectáculo natural que habíamos ido a presenciar.

En los días sucesivos llamé a Gonzalo en dos o tres oportunidades. Respondió que estaba recabando datos y que él me llamaría. Nunca lo hizo. La esperanza de encontrar el plato se diluyó en los días sucesivos.

Pasada una semana del evento y tras un encuentro con el periodista Diz, quiso una vez más el azar que volviera a encontrar de nuevo la punta del ovillo.

—Tengo que pasar por la Secretaria de Turismo y Cultura a firmar un contrato —me dijo. —Acompañame. Es sólo un ratito.

Antes de entrar en las oficinas de la dependencia municipal, le conté mi interés por el ovni en cuestión y la posible ubicación del mismo. Conocía perfectamente mi obsesión por el aparato.

—Perfecto —respondió. —Si la secretaria de turismo y cultura está disponible, te la presento y le preguntás a ella.

La secretaria estaba. Una mujer muy joven, alta y amable. Nos ofreció café y por unos minutos nos sentamos con ella alrededor de una mesa. Le comenté mi inquietud.

—Si Gonzalo le dijo que estaba en el depósito municipal, debe seguir ahí. Deme unos días y lo llamo a Diz para que le avise, así va.

Le agradecí la gestión y… no volví a tener noticias de ella al respecto. Diz, tampoco.

Para mediados de enero ya me había rendido. Ningún camino conducía al platívolo. Incluso me acerqué por mi cuenta a la zona donde decían estaba el depósito municipal, sin siquiera ubicarlo. La suerte estaba echada.

Varias jornadas más tarde, mis suegros, Quique y Alicia, se apersonaron en Capilla a pasar un par de días con nosotros. Hacía años que no visitaban el pueblo y por ende decidimos con Vero hacer de guías turísticos y llevarlos a recorrer aquellos sitios emblemáticos. El primero de ellos: la base del cerro Uritorco.

Ahora teníamos una camioneta para movilizarnos y mientras íbamos por la Avenida Sabattini, Quique se sorprendió de ver el enorme ovni que Hugo Bronn había instalado frente a su tienda, La Pirámide Misteriosa. Atardecía y el aparato tenía sus luces prendidas. Llamaba la atención. La camioneta aminoró su marcha para verlo mejor. Entonces, al girar mi vista hacia el negocio de artesanías, algo llamó mi atención.

— ¡Pare, pare, por favor! —exclamé ante la sorpresa de toda la familia. Me bajé y aceleré el paso hasta la tranquera que hace las veces de entrada al inmenso local.

Allí, frente a mis ojos, apoyado contra la ligustrina lindera a la propiedad vecina, detrás de una camioneta color gris oscuro y en un aparente estado de abandono estaba el plato volador de Leo Vázquez.

EL DESCUBRIMIENTO. Casi por azar, la búsqueda dio sus frutos.

Redondo, sin luces, exhibiendo agujeros que nunca había visto antes. Parecía una tortilla metálica de nueve porciones que nadie había querido consumir.

Me acerqué a él.

¿Qué demonios hacía ahí? ¿Acaso no lo tenía el municipio? Por un momento dudé de si era el ovni que buscaba. Pero, no. Se le parecía muchísimo. Tenía que serlo. Volteé en dirección al local y entré.

Reconocí a Hugo Bronn. Lo saludé y un tanto nervioso le pregunté si el plato era el plato que había estado sobre el cartel de la ruta. Me miró un tanto sorprendido.

—Sí, es el mismo —respondió.

Entonces le relaté brevemente mi deambular en pos de lo que definí como “un ícono capillense”. Le gustó esa clasificación. Lo noté en sus ojos. Coincidíamos en el diagnóstico.

—Sí que lo es —dijo.

— ¿Y cómo corno llegó a tus manos? —volví a preguntar.

No era una historia larga. En realidad era escueta, pero revelaba, al menos para mí, un cúmulo de intenciones no dichas.

—Hace unos meses, el gobierno lo sacó de su lugar en la ruta —explicó Bronn—. Lo llevaron a un depósito de la municipalidad. Cuando Leo Vázquez se enteró fue y lo reclamó. El ovni, en definitiva, era suyo. El municipio lo tenía desde hacía años. Se lo dieron “hecho bolsa”. Así, como lo ves ahora. Sin luces, sin nada. Parece que no lo cuidaron. Entonces, Leo me ofreció tenerlo en este lugar.

—Nunca un mejor sitio —agregué, viéndome rodeado de artesanías alienígenas. —Ahora podrá hacerle compañía a tu propio plato volador.

Sonrió.

—Sí, pero tengo que arreglarlo. Ahora, en plena temporada, es imposible. Estoy muy ocupado. Pero no bien termine el flujo de turistas me pongo las pilas y lo reacondiciono.

Me alegré.

— ¿Y dónde lo vas a poner? —inquirí.

Bronn me observó con cierta suspicacia y esbozó un mohín con su boca.

—Eso no te lo voy a decir. Es algo que por ahora me lo reservo.

Le devolví la sonrisa. Sabía que por su afición a la Hipótesis Extraterrestre de “tuercas y tornillos” le daría el sitial que el plato se merecía.

¿Cuál será su próximo destino?

Cariño identificado

Seguramente resultará extraño que un escéptico como yo pueda dedicarle tiempo a historias como éstas. Es habitual que me pregunten por qué escribo sobre temas en los que no creo.

Podría dar una larga explicación académica al respecto, pero en este caso los motivos son dos y muy simples.

En primer lugar, me interesa conocer las motivaciones que llevan a tantas personas a creer en fenómenos extraordinarios y  —a la vez— tratar de comprender los contextos que las hacen posibles. En segundo lugar, porque quiero mucho a ese pueblo serrano. Desde el momento que visité por primera vez Capilla, en 2010, sus historias me abdujeron, sumergiéndome en una mitología que había abandonado desde hacía más de cuarenta años. Por otro lado, ese escepticismo que muchos me cuestionan, y exhibo con orgullo, me permitió conocer a personas de las que aprendí y sigo aprendiendo.

El plato volador de Leo Vázquez resume parte de ese agradecimiento por vivenciar una aventura intelectual que creía olvidada, dentro de un género literario repleto de matices (así define a la ufología el investigador mexicano Luis Ruiz Noguez, ínclito editor de Marcianitos verdes, con quien coincido). [18]

El ovni de Capilla es la tecnología extraterrestre más concreta que tenemos (y tendremos) a mano. Ya lo dijo el profesor Henry Jones en su última película. “No importa tanto en lo que creas como la intensidad con que lo hagas”. [19] Y en lo personal creo, sincera y honestamente, en mi escepticismo.

Eso sí, no me temblará la mano en retractarme si en un futuro —poco probable— un plato volador real, proveniente de otra galaxia, aterrizara en el patio de mi casa.

Buenos Aires, febrero de 2026


* Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de UNMdP (Argentina). Fotografías del autor, salvo cuando está exspresamente indicado.

[1] Véase del autor: “Una mentira piadosa”. La “Huella del Pajarillo”, entre la meteorología y el fraude. Disponible en Factor

[2] Véase: Festival Alienígena 2017: Guerra de las Galaxias. Disponible en Factor

[3] Agostinelli, Alejandro, Partió Roberto Villamil, el discípulo de Acoglanis y famoso fotógrafo de ERKS. Disponible en Factor

[4] Véase el reportaje que ofreciera Sergio Sánchez Rodríguez a raíz de la publicación de su última investigación La pluralidad de los mundos contactados, Editorial Coliseo Sentosa, en el canal de YouTube Proyecto Sirio. Disponible en Web

[5] Véase del autor: La teosofía y el universo uritorqueano. Disponible en Web

[6] Véase del autor: En Capilla de Erks un ovni te da la bienvenida. Disponible en Factor

[7] Archivo del autor.

[8] Véase programa completo de Cielos Profundos, vuelo 189, Capilla del Monte, 13/8/2021, Hablemos de Ovnis. Disponible en Web

[9] Véase del autor: Y un día se llevaron al marcianito verde de Capilla del Monte. Disponible en Factor

[10] Véase del autor: Capilla del Monte: vuelven la energía, los sahumerios y los platillos siderales. Disponible en Factor

[11]Poco duró ese hermanamiento ufológico. Los egos y los intereses particulares disolvieron el grupo.

[12]Programa citado anteriormente. Escuchar desde 01:30:00 minutos.

[13] Véase del autor: El Plato Volador de Capilla del Monte. Disponible en Web

[14] Programa de radio arriba citado. Escuchar a partir de 1:10:00 minutos.

[15] Escuchar Cielos Profundos, vuelo 189, Capilla del Monte, 13/8/2021, Hablemos de Ovnis. Disponible en Web

[16] Programa de radio arriba citado. Escuchar a partir de 1:13:08 minutos.

[17] Véase del autor: El abandono y el Olvido. Disponible en Web

[18] Ruiz Noguez, Luis, ¿Algo flota sobre el mundo?, Ediciones Coliseo Sentosa, Santiago de Chile, 2024.

[19] Film Indiana Jones y el dial del destino (2023).

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El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

Contacto: aagostinelli@gmail.com
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