«Veo vacas muertas» (2): cuando la sospecha de IA oculta el error humano

Un portal periodístico ilustró una nota sobre Vaca Muerta con la foto de una vaca muerta. Las redes dijeron que era obra de una IA, pero la imagen era real. El episodio muestra una cara poco discutida del «dividendo del mentiroso»: un exceso de suspicacia también puede desviar la atención de las meteduras de pata cometidas por personas reales.

Por Alejandro Agostinelli

El 4 de octubre, Infobae publicó una nota sobre Vaca Muerta ilustrada con la foto de una vaca muerta al costado de una ruta patagónica. En pocas horas, muchos usuarios de X dieron por hecho que la imagen había sido generada usando una inteligencia artificial. La cosa tenía su gracia: una IA toma «Vaca Muerta» al pie de la letra y devuelve eso mismo. «La IA te puede matar, pero de literalidad», resumió un usuario.

Ahora bien, esa foto fuera de lugar no había sido hecha por una IA. Era real. La tomó la fotoperiodista Sarah Pabst, por encargo del New York Times, en la ruta entre Añelo y Neuquén, para una nota publicada en ese diario el 24 de agosto sobre la industria del gas y el petróleo en la Patagonia. Bastaba el enlace a esa nota para comprobarlo.

«Los fotoperiodistas somos mejores que la IA», respondió Pabst. Y agregó:

Lo que más me hizo pensar fue la ironía: quienes acusaron al medio de no chequear la fuente tampoco la chequearon. Con unos pocos clics se encontraba la imagen publicada en el NYT”. (Fuente)

El trending topic tuvo que ver con el efecto humorístico de la presunta confusión –si la imagen hubiera sido creada con IA, flamante obsesión de tantos, las carcajadas hubieran estado justificadas–.

Chequeado y La Voz Verifica desmintieron correctamente que fuera IA y señalaron que Infobae no había acreditado la foto. Pero faltaba la pregunta siguiente: ¿cómo la foto de un animal muerto aparece ilustrando una nota sobre Vaca Muerta en un medio que cubre el tema todos los días?

Cuando el episodio fue tendencia, Infobae retiró la foto sin ninguna aclaración; la nota fue archivada aquí (*). Sin pruebas que lo confirmen, la hipótesis más probable es que un editor buscó «vaca muerta» en un banco de imágenes, o incluso se la compró a NYT con otro destino, y puso lo primero que encontró. Es el error de literalidad que se le atribuye a la IA, pero cometido por una persona.

Para quien no lo sepa: Vaca Muerta es una formación geológica de la cuenca neuquina y reconocida como la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional del mundo. Su nombre viene de la sierra homónima, que el geólogo estadounidense Charles Edwin Weaver tomó en 1931 para bautizar la formación. Es un topónimo, no un animal.

El dividendo del mentiroso

El concepto liar’s dividend, formulado en 2019 por los juristas Bobby Chesney y Danielle Citron y difundido por el Brennan Center for Justice, de la Universidad de Nueva York, lo conocí gracias a Santiago Martínez Cartier, autor del blog Picnic Sideral, en Distopías de hoy, libro que publicará pronto SomosMate.Ar, con mi prólogo.

Cuanto más sabe el público que la IA puede fabricar imágenes, audios y videos realistas, más fácil le resulta a un mentiroso calificar de falsa la prueba auténtica que lo perjudica. No necesita demostrarlo: le alcanza con sembrar la sospecha. La tecnología que amenaza con inundar el mundo de mentiras le da a quienes mienten una herramienta para negar la verdad.

El riesgo es claro: si nos acostumbramos a descartar como sospechoso cualquier registro genuino, perdemos la brújula. Más incredulidad no equivale a más criterio: hace falta un escepticismo responsable, equilibrado. Una vez lo resumí así: “el escepticismo a cualquier precio no es distinto a creer a cualquier precio”. Es como cambiar de amo, o romper el mapa por miedo a equivocarse de ruta.

Siga la vaca

En este caso no hubo un mentiroso, porque nadie negó una prueba real. La lógica funcionó en sentido inverso: saber que la IA produce absurdos hizo que una foto real pareciera la prueba de una torpeza algorítmica. Mientras circuló la versión, la acusación fue que un editor apurado, o un pasante, le había pedido a una IA una imagen de Vaca Muerta. El resultado fue ese porrazo de literalidad. Acto seguido, la duda se llevó puesta la verdad.

El beneficiado fue el medio. El debate público quedó atrapado en «¿es IA o no?», y los verificadores de datos respondieron esa pregunta, concentrándose en desmentir IA.  Quedó afuera un asunto no menos relevante que habría correspondido señalar: Infobae había ilustrado una nota económica con una foto de otro medio, sin dar el crédito, que solo se vinculaba con el tema por un juego de palabras.

Este fue el último nivel de enmascaramiento: los propios verificadores no cuestionaron la descontextualización involuntaria operada por el medio cuando publicó la foto de la vaca muerta, que terminó creando el efecto humorístico que la hizo viral.

La sospecha de IA es hoy un reflejo tan rápido que ya puede ocultar errores demasiado humanos. Antes de preguntar si una imagen es artificial, conviene preguntar quién la tomó, de dónde viene y qué hace ahí.

NOTAS

El título es «Veo vacas muertas» (2) porque hace 12 años lo usamos para otra nota.

A propósito de un taller de mutilación de ganado (2020), en Historias Extrañas, con Cali Fidalgo

Foto de apertura: Sarah Pabst / The New York Times.

AGRADECIMIENTOS: A Diego Sarasola, primero en pasarme el parte, muerto de risa, y a Periodismo.com, por archivar la nota original de Infobae.

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