El anfitrión del espacio radial, Long John Nebel, reunió en 1960 a Jackie Gleason, Gray Barker y Frank Edwards. Esta desgrabación registra una noche inolvidable para los amantes de la prehistoria ovni estadounidense: Gleason puso contra las cuerdas a Barker, un editor que por entonces parecía listo para subirse a un platívolo, y se sacaron chispas. Esa madrugada fue deliciosa porque no faltó nada: teléfonos cortados, hombres de negro y una isla a salvo de la bomba atómica.
Una noche de principios de 1960, en la emisora WOR de Nueva York, el show de madrugada de Long John Nebel reunió por teléfono a dos hombres que difícilmente podrían haber sido más distintos. En un extremo, Jackie Gleason, la mayor estrella cómica de la televisión estadounidense y, en privado, un coleccionista voraz de libros sobre los benditos platívolos, tema central del programa. En el otro, Gray Barker, el editor de Virginia Occidental que había puesto de moda a los hombres de negro y acababa de recibir una invitación insólita: un platillo lo iba a pasar a buscar para llevarlo a una isla brasileña a resguardo de la guerra atómica. En esa conversación, Gleason hace de fiscal y va apretando las clavijas. Barker se defiende como puede. Cada tanto, el escritor y locutor Frank Edwards y Nebel van intercalando sus intervenciones, mientras la línea telefónica se cae cada pocos minutos.
Gracias a Chris Aubeck por la transcripción, la traducción y varias notas al pie del artículo.
El reparto
Jackie Gleason (1916–1987)
Cómico y actor, célebre por «The Honeymooners». Lejos de las cámaras, reunió una de las mayores bibliotecas privadas sobre platillos volantes de Estados Unidos. Aquí ejerce de fiscal escéptico y no le da tregua a su invitado.
Gray Barker (1925–1984)
Editor y escritor de Clarksburg, Virginia Occidental. Su libro «They Knew Too Much About Flying Saucers» (1956), popularizó a los hombres de negro a partir del caso de Albert Bender. Dirigía el Saucerian Bulletin y se ganaba la vida como distribuidor de películas. Con los años se le recordaría tanto por difundir la mitología ovni como por su afición por las bromas, muchas de las cuales han engordado los años inaugurales de la ufología norteamericana. Aquella madrugada, Barker fue la estrella invitada.
Long John Nebel (1911–1978)
Voz de la madrugada neoyorquina en la WOR. Su tertulia nocturna sobre lo insólito era parada obligada de ufólogos, contactados, escépticos y curiosos. Se podría decir que es el predecesor directo de Coast to Coast AM de Art Bell, entre 1988 y 2003, y que continúa hasta hoy George Noory. El legendario show de LJN requiere de algunos párrafos más, que el lector hallará al pie de esta nota.
Frank Edwards (1908–1967)
Locutor y autor de «Flying Saucers: Serious Business» (1966). Fue por años presentador del programa de radio Stranger Than Science. Se incorpora a media charla para preguntarle a Barker por qué los visitantes del espacio prefieren a un pintor de carteles antes que a un jefe de Estado.
Long John Nebel (anfitrión, WOR): Tenemos con nosotros a Gray Barker, desde Clarksburg, en Virginia Occidental. Barker es el autor del libro «Sabían demasiado sobre los platillos volantes». Y Jackie Gleason… no sé si lo ha leído, pero al menos…
Jackie Gleason (actor, entrevistador escéptico): Sí, lo he leído.
Long John Nebel: Bien, ya os conocéis. Jackie no está en el estudio, llama desde su casa. ¿Por qué no le hablas unos minutos a Gray Barker sobre ese viaje que se suponía que ibais a hacer la semana pasada? Jackie, es todo tuyo, con Gray Barker.
Jackie Gleason: Lo primero, Gray, quiero decirte que leí el libro, «Sabían demasiado sobre los platillos volantes».
Gray Barker: Gracias.
Jackie Gleason: Me fascinaron los tres hombres de negro que se presentaron ante el señor (Albert) Bender. El domingo pasado vi un programa de televisión estupendo, y en un fragmento salía un anuncio luminoso que me dejó con unas ganas tremendas de ver una obra que se titula «Take Me Along».
Gray Barker: Y si conseguimos que este viaje sea más tranquilo, señor Gleason, espero de verdad que se venga. Ha sido usted muy amable, Jackie.
Jackie Gleason: Gray, te agradezco mucho el cumplido, y espero que sea sincero. La verdad, estoy casi seguro de que lo es.
Gray Barker: Es muy sincero.
Jackie Gleason: Ahora, si no te importa, me gustaría hacerte unas preguntas.
Long John Nebel: Tengo que colar algo un momento. Gray Barker, vas a tener que acercarte más al teléfono o levantar la voz. A Gleason se le oye muy claro y fuerte, pero tu voz llega algo débil. Hazlo, por favor, y sigan.
Gray Barker: Jackie, haz tu pregunta.
Jackie Gleason: Gray, ¿qué estudios tienes?
Gray Barker: Pues, señor Gleason, me eduqué en una escuela de una sola aula hasta octavo grado, luego en el instituto, y después en Glenville State College, donde me licencié, una licenciatura en Letras y un título de magisterio. De hecho, di clase una temporada.
Jackie Gleason: ¿Eras maestro?
Gray Barker: Sí, señor.
Jackie Gleason: ¿Y qué experiencia tienes en el periodismo?
Gray Barker: No mucha, aparte de un periódico universitario y algún semanario de pueblo, de esos que salen una vez por semana. Y luego, claro, mi propia publicación más o menos amateur, el «Saucerian Bulletin», que intento sacar de cuando en cuando.
Jackie Gleason: ¿Tu negocio no es la contratación de películas?
Gray Barker: Sí, ese es mi negocio, aunque últimamente he publicado algunos libros sobre platillos volantes, incluido el de Howard Menger. Pero sigo más interesado en la contratación para cines, porque de ahí saco la mayor parte de mis ingresos.
Jackie Gleason: Mira, Gray, lo que intento dibujar es un retrato de tu formación. Eres licenciado universitario. Te ganas la vida con un negocio, el del espectáculo, que es un negocio astuto.
Gray Barker: Desde luego que lo es, ¿verdad?
Jackie Gleason: ¿Acaso permite ganar dinero a alguien que no conozca las costumbres de la sociedad y las noticias del día, a alguien sin inteligencia? Además, dices que eres maestro, lo que lleva aparejada la dignidad y la honradez propias del oficio, y eres editor de libros. Así que dime, por favor, Gray: ¿cómo puede un hombre con esta formación, esta integridad y esta honradez mandarle a Long John una carta diciendo en serio, de verdad, que espera que un platillo volante venga a recogerlo? Y esa información, la de que el platillo iba a recogerte, te la dieron dos personas a las que no has visto nunca. Una, un médico que, por lo que entiendo, quizá no sea médico en absoluto, o si lo es, uno muy nebuloso, porque no sabemos de qué tiene el doctorado.
Gray Barker: Creo que Long John lo describió como doctor en quiropráctica del diseño, o algo así.
Jackie Gleason: ¿Y John sabía algo de esto?
Gray Barker: No, creo que estaba bromeando. Contestaré a esa pregunta, caballeros, diciendo que no sé en qué tiene el doctorado ese señor.
Long John Nebel: Yo tampoco. En cualquier caso, a ese tipo, al médico, no lo conoces, ¿verdad, Gray?
Gray Barker: No, solo por correspondencia.
Jackie Gleason: ¿Y a Kopp?
Gray Barker: También solo por correspondencia. Pero creo que mi carta a John no hacía más que resumir lo que estos dos señores me habían contado, y creo, aunque no tengo aquí una copia, que en esa carta dejaba claro que era escéptico al respecto.
Jackie Gleason: No.
Gray Barker: Aun así, por darle una oportunidad, estaba esperando aquí por si paraban, y con gusto me habría apuntado, aunque…
Jackie Gleason: Creo que si John tuviera esa carta, descubriríamos que no era escepticismo. Sí que metiste algún comentario en broma, eso sí, pero no lo bastante en broma como para que alguien creyera que tú no creías que ese platillo iba a venir a recogerte.
Gray Barker: Bueno, al fin y al cabo…
Jackie Gleason: ¿De verdad puedes quedarte ahí sentado, en… qué pueblo es ese? Clarksburg, Virginia Occidental. ¿Y creer de veras que un hombre va a venir a recogerte en un platillo volante porque dos personas a las que no conoces te lo han dicho?
Gray Barker: A ver, déjame ser franco contigo, señor Gleason. Cuando recibí la invitación, era escéptico. Pensé: no, ningún platillo va a venir a recogerme. Pero acepté la invitación, y aun así, en el fondo me rondaba la idea de qué pasaría si lo hicieran. Y me quedé aquí sentado esperando que no ocurriera, porque, sinceramente, no estoy seguro de que no me asustara un poco si uno me recogiera.
Jackie Gleason: ¿Por qué te asustaría un platillo volante si no te asusta Howard Menger?
Gray Barker: Bueno… a él sí le tendría miedo.
Jackie Gleason: A un platillo lo dejaría entrar en mi salón, pero a Howard Menger no lo dejaría ni pisar el portal.
Gray Barker: En cuanto a los platillos, por lo que sabemos de ellos, en realidad no sabemos qué son. Creo que estarás de acuerdo conmigo en una cosa: que hay quien los ve. Y a lo mejor también en que no sabemos qué son exactamente.
¿Por qué un pintor de carteles?
Jackie Gleason: Yo creo que estarás de acuerdo conmigo, Gray, en lo misteriosa que es la manera que tienen de contactar con nosotros. ¿Por qué iban a elegir a Howard Menger, un pintor de carteles de Nueva Jersey, para revelarle su presencia, su conocimiento o su inteligencia, y pedirle que lo guardara en silencio, que no se lo contara a nadie? Y la enorme casualidad de que se casara con una chica que tuvo un amante saturniano. ¿No te parece que todo esto rezuma fraude?
Gray Barker: En cuanto a Howard Menger, lo del amante saturniano, hay que reconocer una cosa: hacía una trama muy bonita. Y Howard Menger encaja en todas estas historias de contactados.
Jackie Gleason: ¿Por qué?
Gray Barker: Porque ha conocido a gente del espacio. Mucha gente, incluido (George) Adamski, dice haber conocido a gente del espacio. Yo soy escéptico, aunque publique sus libros, pero no puedo afirmarlo con certeza. Para mis adentros puedo creer que no la conocieron. Pero no puedo estar seguro de que no.
Jackie Gleason: Pero, como editor, presentas estos libros, les pones una cubierta y escribes una nota de solapa que da a entender que tú, como editor, das credibilidad a lo que esa gente cuenta dentro.
Gray Barker: No creo haberlo hecho en ese…
Jackie Gleason: Quizá no, pero ¿cómo venderías el libro si no? No me opongo a que publiques un libro. A lo que me opongo es a que el editor de un libro dé credibilidad a lo que contiene.
Gray Barker: Bueno, no lo creo así, pero la razón por la que…
Jackie Gleason: Me gustaría que me llamaras Jackie, para empezar.
Gray Barker: Si me lo permites, con mucho gusto. ¿Por qué no?
Jackie Gleason: Si un platillo va a venir a recogerte, puedes llamarme Jackie. ¿Quién sabe? A lo mejor acabamos sentados en el mismo par de asientos de esa nave nodriza a reacción que nos va a llevar a la isla de San Francisco, en Brasil.
Gray Barker: Tengo entendido que esa isla es propiedad de un par de tipos con mucho dinero.
Jackie Gleason: Eso se ha dicho, aunque no lo creo. Ahora, el doctor Bernard, se supone que es el dueño de la isla. ¿Quién es ese? ¿Qué clase de médico es?
Gray Barker: Es otro médico. No sé exactamente si es médico siquiera. A lo mejor es otra clase de doctor de los que sugería Long John. Pero he investigado un poco, Jackie, desde que hablé en el programa hace unos días. Saqué los archivos sobre el doctor Bernard y descubrí que antes, hará un año, quizá dos, operaba con otro nombre, algo así como Siegmeister. No estoy seguro de que sea el nombre exacto. Por entonces animaba a colonos a irse allí, a comprar tierras y a fundar un asentamiento que, según decía, estaría a salvo de las bombas atómicas. Tuve un par de cartas suyas, y eso es todo. ¿No te suena disparatado?
Jackie Gleason: Sí. Un hombre que te invita a una isla porque está a salvo de la guerra atómica. ¿No es ridículo? Aunque fueras científico, sabemos que no existe tal cosa como una isla inmune a la guerra atómica.
Gray Barker: Él no decía exactamente eso. Decía que, de algún modo, por los vientos que suben desde el Polo Sur, en caso de lluvia radiactiva quizá la isla estaría más a salvo. Tal vez no del todo.
Jackie Gleason: Pues yo creo que esa isla va a estar muy segura mientras él esté en ella. Porque no creo que maten a nadie allí, ya que no creo que aparezca nadie.
Long John Nebel: Chicos, ¿puedo interrumpir un momento? Tengo que identificar la emisora, y luego os agradecería que siguierais hablando unos minutos más. Esto es WOR Radio, su emisora en Nueva York, 710 en el dial. Recuerdo de nuevo a los oyentes que Jackie Gleason habla desde su casa, y que el caballero llamado Gray Barker, autor del libro «Sabían demasiado sobre los platillos volantes», habla desde la suya, en Clarksburg, Virginia Occidental. Me llamo Long John. Hablo desde la planta veinticuatro del 1440 de Broadway. Caballeros, continúen, por favor.
El truco de la conferencia
Gray Barker: John, ya tomas mi parte bastante a menudo.
Long John Nebel: No estoy tomando ninguna parte.
Gray Barker: Sí que la tomas. Si me meto en líos, defiéndeme, ¿quieres?, cuando se ponen demasiado duros conmigo.
Jackie Gleason: No pretendo ser duro contigo, Gray. Sé que te dedicas a editar libros, y sé que los libros provocadores dan dinero. Yo también estoy en un negocio en el que mi número es provocador. Gano dinero, y teatralizo varias cosas para realzar mi actuación. Así que entiendo que quien publica libros teatralice esas cosas y la presentación de los libros. Pero, oye, me encantaría hablar con Howard Menger y preguntarle si no se siente fatal, casado con una mujer que estuvo con otro tipo, de Marte.
Long John Nebel: Hola, Gray. ¿Gray? ¿Estás ahí? Vaya, se ha cortado. ¿Dónde lo hemos perdido? Operadora… Sí, un momento. Mientras lo recuperamos…
Jackie Gleason: Es Marte, John. ¿Ves lo que hacen?
Long John Nebel: Estamos esperando, operadora. ¿Y ahora qué más querías?
Jackie Gleason: Queremos que vuelvas con el caballero con el que hablábamos en Clarksburg, Virginia Occidental.
Long John Nebel: Estoy al aire ahora mismo, operadora. ¿No puedo dejar el aire en silencio? Jackie, este truco es buenísimo, ¿verdad?
Jackie Gleason: Precioso. Claro que esto significa que nunca podremos tenerte de invitado en el estudio. Lo harás siempre así. Deberías hacer este numerito de la conferencia continuamente.
Long John Nebel: Voy a hacerlo. Lo intentaré otra vez algún día. Por cierto, en el nuevo programa de televisión que voy a hacer el miércoles 17 de febrero, a las diez de la noche en el Canal 9, también hago publicidad, Jackie, ¿lo sabías? Voy a entrevistar a Normandie Colton, ingeniero comercial de Otis T. Tyler.
Jackie Gleason: Ah, sí, el que se encargó de la plomada. Eso es.
Long John Nebel: ¿Hola? ¿Hola? Hola, John, ¿volvemos al negocio?
Gray Barker: Sí, estoy en el planeta bip.
Long John Nebel: Bien. ¿Volvemos al aire, Gray? Tendrás que hablar un poco más alto. A ver, ¿cuál es tu queja? ¿Dices que no te defiendo?
Gray Barker: Mi queja es que cada vez que entro en tu programa me cortan, y empiezo a creer en ese Grupo del Silencio del que habla el comandante (Donald) Keyhoe. En cuanto la conversación se pone interesante, alguien acciona un interruptor y nos quedamos fuera.
Long John Nebel: Le he intentado explicar, John, que fue el aleteo mágico de sus tijeras lo que me pilló. Anda por ahí cortando los cables del teléfono.
El mensaje y los discípulos
Jackie Gleason: Mira, Gray, planteémoslo así. ¿Por qué iba un ser del espacio a contactar con alguien? Dejemos a Menger a un lado. ¿Por qué iba a contactar con cualquier ser humano de la Tierra? ¿Cuál crees que sería su motivo?
Gray Barker: Según los que dicen haber sido contactados, la gente del espacio tiene un mensaje para nosotros.
Jackie Gleason: ¿Y cuál es el mensaje?
Gray Barker: Básicamente es una idea bastante definida.
Jackie Gleason: ¿Y ese mensaje es importante para nosotros? ¿La gente del espacio cree que lo es?
Gray Barker: Por lo visto, sí. Quieren que lo creamos.
Jackie Gleason: ¿Por qué no dejan alguna prueba junto al mensaje, para que lo creamos?
Gray Barker: Eso es una de las cosas que me han desconcertado, aunque algunos de estos contactados dicen que quieren que la información salga despacio, que si lo contaran a todos y todos lo creyeran de golpe, la gente podría asustarse.
Jackie Gleason: ¿Por qué? Yo creía que era un mensaje de amor.
Gray Barker: La gente todavía no está preparada para eso, ¿recuerdas?
Jackie Gleason: ¿Para el amor? Un hombre que se casó con una chica que estuvo con un saturniano, esos sí que tienen que estar preparados para el amor.
Gray Barker: Estoy seguro de que todos están preparados para el amor, pero el hecho de que pueda haber gente del espacio es, para algunos, una idea aterradora.
Jackie Gleason: Era igual de aterrador cuando crucificaron a Cristo. Pero había una razón para que él hiciera lo que hizo, y nos dijo cuál era el mensaje, y dio una demostración perfecta de comportamiento para que la gente la siguiera. Si esta gente del espacio cree que tiene un mensaje importante y quiere hacérselo llegar a la gente, no entiendo por qué no aportan alguna prueba que nos haga creer que el mensaje es legítimo. En lugar de eso, contactan con un tipo que ha estado detenido varias veces, el del Oeste que vio el platillo en el desierto y al que le hablaron en alto alemán.
Gray Barker: Reinhold Schmidt estuvo en chirona un par de veces.
Jackie Gleason: Y luego Howard Menger, que andaba por ahí mezclando pinturas y pintando un cartel en el patio, y le mandan unos discos de colores con mensajes. Si van a contactar con esta gente para transmitir un mensaje, desde luego eligen a unos discípulos bien pobres. Cristo, al menos, tenía a san Pedro, a Tomás, a san Pablo, gente bastante inteligente trabajando para él.
Gray Barker: Bueno, yo no soy muy religioso.
Jackie Gleason: No hablo de religión. Hablo de la perspectiva de tener formación. Tú mismo fuiste maestro. No te dejarían ser maestro si no tuvieras estudios, si no tuvieras cierta autoridad para impartir tu enseñanza. ¿Por qué crees que eligen a un pintor de carteles y a un tipo que ha estado en chirona un par de veces para transmitir esta información tan importante al mundo? ¿Por qué no bajan y eligen a alguien como, no sé, Stevenson? El gobernador Stevenson. Buen tipo. Habla un inglés cuidado.
Gray Barker: He oído decir que la gente del espacio ha contactado con personas muy importantes, incluidos políticos destacados, astrónomos, etcétera, pero que no les hicieron caso.
Jackie Gleason: ¿Me estás diciendo, Gray, que de verdad crees que si a Stevenson lo contactara un platillo volante, y supiera que era un platillo, y supiera que era gente legítima, no saldría corriendo a la calle de inmediato a gritar la noticia?
Gray Barker: No creo que lo hiciera. Creo que temería, ante todo, que la gente no lo creyera.
Jackie Gleason: ¿Y por qué no lo iban a creer?
Gray Barker: ¿No crees que sabría que se reirían de él si saliera corriendo a describir la doctrina de los platillos? ¿No crees que tendría mucho cuidado de pedir alguna prueba a quien le diera esa información, para que no lo ridiculizaran?
Jackie Gleason: Bueno, Howard Menger sí tiene alguna prueba, dices. ¿Qué prueba?
Gray Barker: La que aparece en el libro que te di, en forma de fotografías.
Jackie Gleason: Una foto no es nada.
Gray Barker: Un experto en fotografía debería poder sacar algo de ellas.
Jackie Gleason: No, no pueden. Con la fotografía de hoy, no. Eso es una falacia.
Entra Frank Edwards
Long John Nebel: ¿Me dejáis entrar un momento? Soy Long John otra vez. Vamos a probar una cosa más. Nuestro amigo Frank Edwards está aquí sentado, muriéndose de ganas. Dile que se acerque. Jackie, llevas años en este negocio y sabes lo difícil que es cuando la gente se pisa. Así que voy a fiarme de los tres, contigo de juez, para que cada uno exponga sus argumentos y deje hablar al otro.
Frank Edwards: ¿Hola? Soy Frank Edwards, en los estudios de WOR. He estado escuchando esta conversación y me gustaría hacerle una pregunta al señor Barker. Hace un minuto ha dicho que, si a Stevenson lo contactara un platillo y saliera a gritarlo al mundo, no lo haría porque la gente podría no creerle. ¿Es así?
Gray Barker: Esa era la premisa, creo.
Frank Edwards: Pues déjeme hacerle otra pregunta. ¿Por qué iban a creer a Menger si no creyeran a Stevenson?
Gray Barker: Mucha gente no ha creído a Menger, incluido Jackie Gleason. Cualquier cosa que digas sobre un personaje público invita al ridículo. Aun así, creo que Menger es un testigo tan creíble como cualquiera, y más todavía, Frank, porque su mujer nunca estuvo casada con un saturniano.
Frank Edwards: Tengo otra pregunta. Hemos estado hablando de por qué la gente de los platillos, si es que va dentro, contactaría con personas como Menger y Adamski, un antiguo cocinero de hamburguesas, y otros así. No olvidemos que la Fuerza Aérea admite, en una carta a NICAP firmada por el general Twiney, que intentaron contactar con los ovnis y no lo lograron, y que lo intentaron una y otra vez. Me deja perplejo pensar que la gente de los platillos, si tan lista es, desaproveche este contacto al más alto nivel y vaya a fijarse en gente como Menger, Adamski y Angelucci.
Gray Barker: Tengo entendido que la Fuerza Aérea intentó contactar con los platillos, sobre todo, con las balas que les disparó.
Frank Edwards: No, no, le pido disculpas. Lo intentaron con radio, con radar y con luces, y en algunas ocasiones dieron la orden de derribarlos, y como sabe, el 19 y el 20 de julio de 1952 rescindieron la orden poco después de darla. Hicieron un programa largo para intentar contactar con ellos por todos los medios pacíficos imaginables, y no obtuvieron respuesta.
Long John Nebel: ¿Frank? ¿Y Gray? Cuando alguno de vosotros quiere vender una idea, ¿escogéis a un vecino y lo mandáis a la fuente que queréis impresionar? No. Os presentáis vosotros.
Jackie Gleason: Eso es. ¿Qué tendría de malo que un platillo aterrizara, saliera un tipo pequeño y dijera: «Amigos, aquí está, esto es lo que queremos que sepáis»? Sería la forma lógica de hacerlo si de verdad quisieran llegar a todo el mundo. Solo tienen que aterrizar en un campo de béisbol de Central Park, y allí habrá gente de sobra, con los noticiarios filmando en cinco minutos. Todos sabrían cuál es ese mensaje tan importante. Y no haría falta recurrir a médiums que caen en trance, ni a pintores de carteles, ni a ex presidiarios, ni a cocineros de hamburguesas para que nos traigan el mensaje.
Gray Barker: A lo mejor la gente del espacio tiene una mentalidad distinta de la nuestra. Quizá vean las cosas de otra manera, y sepan cómo abordarlo.
Jackie Gleason: ¿Vas a decirme, Gray, que un pintor de carteles y un cocinero de hamburguesas van a captar la atención del mundo antes que un hombre inteligente? ¿Por qué no van a por Winston Churchill? Estoy seguro de que, si él saliera a la calle diciendo que ha visto un platillo, nadie lo pondría en duda.
Gray Barker: Creo que si cualquier figura destacada saliera a la calle gritando «¡platillos volantes!», eso sería el fin de su carrera política. Y creo que esa es una de las razones por las que no se han hecho las investigaciones en el Congreso.
Jackie Gleason: Gray, tengo que darle la razón a Frank. No entiendo por qué crees que de hombres cuya integridad está fuera de toda duda se dudará en un asunto así, y en cambio se creerá a un pintor de carteles y a un cocinero de hamburguesas.
Gray Barker: No todos han creído a Howard Menger ni a George Adamski. Ahora, una pregunta: ¿tú crees a Howard Menger?
Jackie Gleason: Creo que Howard Menger ha tenido experiencias inusuales, no necesariamente todas las que cuenta. Todos hemos tenido experiencias inusuales, de eso no hay duda. Pero hablo de si crees que alguna vez ha visto un platillo. ¿Crees de verdad que cuando tenía nueve o diez años una rubia preciosa salió de uno de esos trastos y le dijo «hola»? ¿De verdad lo crees?
Gray Barker: Tengo una teoría sobre todos los contactados, incluido Menger. Digamos que creo que ha tenido alguna experiencia, real o psíquica, y que, de ser psíquica, él la ha tomado por real.
Jackie Gleason: Cualquiera puede tener eso. Pero ¿me estás diciendo que publicaste el libro con esa opinión sobre Menger?
Gray Barker: El libro, no sé si lo has leído, me parece muy interesante. Por eso lo publiqué, porque no puedes publicar un libro a menos que la gente tenga interés en ese tipo de cosas.
Jackie Gleason: Eso es. Y esa pregunta es injusta, porque es tu negocio.
El viaje cancelado
Frank Edwards: Soy Frank Edwards otra vez. Me mandaste esa carta invitándome a ir contigo en ese viaje. Fue el 29 de enero, ¿verdad?
Gray Barker: Yo solo reenvié esa carta. Era de Otmar Kopp, no mía.
Frank Edwards: ¿No era tuya?
Gray Barker: No, la reenvié.
Frank Edwards: Pues me quedé de piedra cuando la recibí. Y, después de oírte describir esta noche a esos hombres y dónde viven, creo que sé quién es. Creo que puedo identificarte a ese médico de la isla. Me parece que es un veterinario que cuida a un montón de chiflados.
Gray Barker: Sé que hace cosa de un año mandó folletos por aquí invitando a la gente a instalarse allí y a comprar tierras, presumiblemente. Y sé otra cosa, que no creo haber mencionado antes: «doctor Marlowe» no es su nombre real. Es un nombre artístico. Lo usaba en el escenario, Frank. Era mago.
Frank Edwards: Entiendo. Eso podría ser una razón para desconfiar de esta última aventura. ¿Hay dinero de por medio en todo esto, que tú sepas, Gray?
Gray Barker: Que yo sepa, no. Un amigo mío, un corresponsal, me escribió pidiéndome que le reenviara una carta al doctor Marlowe ofreciéndole mil dólares por dejarle ir. Me negué a reenviarla, porque me pareció que estaba mal hacerlo.
Frank Edwards: Nunca te he puesto al día sobre cómo acabó el viaje. Sabes que se canceló, ¿no?
Gray Barker: No, esperaba que sí, pero no sabía que se hubiera cancelado. Cuando estuve la última vez en el programa de Long John, John me preguntó cuándo era el viaje y no pude decirlo, porque me lo habían pedido y yo quería respetarlo. Pero era el 29 de enero. El miércoles, creo, llamé a Otmar Kopp, el secretario del doctor Marlowe, y le pregunté cómo iba todo. Me dijo: «Mejor te doy ya la mala noticia. El viaje se ha cancelado». Y me contó una historia fantástica. La leo muy por encima. Cierto señor Z, que luego dijo que era un tal señor Zuko, había ido a ver al doctor Marlowe y lo había amenazado. Por lo visto era una especie de agente, y le dijo: «Doctor Marlowe, si no le pide a la gente del espacio que cancele este viaje, lo citaremos ante el Comité Secreto de los Platillos, y las cosas se le pondrán feas». El doctor Marlowe respondió: «¿Va a intentar encerrarme con algún asunto de salud mental?». Y el señor Z dijo: «No, tenemos otros medios». Y el jefe de la institución no dejó que el Comité Secreto de los Platillos se reuniera ese día. Creo que la nave espacial impidió que el piloto manejara los mandos. Esa fue una de las dificultades.
El sermón de Gleason
Jackie Gleason: Voy a colgar en un minuto. Solo quiero decir esto, brevemente. Un tipo como tú debería mirarse bien a sí mismo. Tienes mucha notoriedad por los libros que has publicado. Tienes cierto nombre en el mundo literario. La gente deposita mucha fe en lo que dices. Y creo que deberías inspeccionar, no tu integridad, sino tu elección de material, porque tienes mucha influencia con lo que escribes. Deberías tener muchísimo cuidado con eso. No creo que debas enviar cartas circulares con una propuesta tan rara y tan fantástica como la del platillo que para en varios sitios, recoge a un montón de gente y la lleva a una isla donde unos pobres infelices dicen que estarán a salvo de la guerra atómica. La inteligencia de un niño te diría que esto es fantasioso y un montón de basura. Y si lo repites y lo propagas, no eres más que un cómplice de estos idiotas. Estoy seguro de que tu formación, tu integridad, tu honradez y tu buen carácter deberían decirte que no tengas nada que ver con esta clase de literatura ni con la propagación de semejante falsedad. Es disparatado. Y creo que, si sigues haciéndolo, vas a destruir tu imagen.
Gray Barker: Me gustaría decir una cosa. Mientras saque una publicación sobre platillos, voy a intentar ser, no puedo ser uno bueno de verdad, pero al menos uno justo. Voy a publicar lo que me llegue. Voy a decir que no necesariamente lo creo, pero no voy a dejar nada fuera porque sea fantasioso, o porque no lo crea, o porque a una persona u otra…
Jackie Gleason: ¿Y qué servicio presta tu publicación?
Gray Barker: No lo sé. Nunca la he presentado como algo que preste un gran servicio, más allá de transmitir la información que me llega. Y voy a seguir publicando lo que me llegue, por fantasioso que sea.
Jackie Gleason: Pero esto no va de publicar. Esto no es algo de lo que sacaras un beneficio. Has enviado estas cartas a la gente.
Gray Barker: Mandé esas cartas de invitación a personas de las que el señor Kopp no tenía la dirección.
Jackie Gleason: Eres un buen tipo, Gray. Y, sinceramente, creo que deberías sopesar el elemento de la integridad en la difusión de esta información. Ya va siendo hora.
Gray Barker: Mira, cuando empecé en el mundo de la edición sobre platillos, nadie me conocía. Nadie había oído mi nombre. Y ahora sí. Si, por seguir publicando todo lo que llega, la gente deja de leer, no estaré peor de lo que estaba antes.
Jackie Gleason: Creo que acabas de explicar tu motivo. Buenas noches
Long John Nebel: Deberíamos acostarnos pronto, Jack.
Jackie Gleason: Sí, tengo que irme. Y lo he disfrutado mucho. Solo quiero darle las buenas noches a Gray. Ha sido un placer hablar con él. Creo que es muy buen tipo.
Long John Nebel: Jackie, muchas gracias.
Jackie Gleason: Buenas noches a todos.
Frank Edwards: Buenas noches, Jack.
Long John Nebel: Buenas noches, Frank. Buenas noches, Gray. Muchas gracias por hablar con nosotros.
Gray Barker: Gracias, John. Volveremos a hablar.
Long John Nebel: Buenas noches a todos.
Sobre la fuente
El texto procede de una transcripción automática del audio de la emisión que encabeza este post, apenas corregida para facilitar su lectura y evitar errores de comprensión. El archivo viene fechado como si se hubiera difundido en 1958, pero otras referencias apuntan a principios de 1960. Gleason menciona la obra «Take Me Along», estrenada en Broadway en octubre de 1959. Barker habla del libro de Menger, publicado en 1959. Y Nebel anuncia un programa de televisión «el miércoles 17 de febrero», fecha que cayó en miércoles en 1960, no en 1958.
Bender no es Menger
En la charla se confunden dos personajes distintos. Albert K. Bender es el hombre al que visitaron los tres hombres de negro, el caso central del libro de Barker. Howard Menger es el pintor de carteles y contactado cuyo libro publicó Barker. La transcripción los funde en un inexistente «Howard Bender». Aquí van por separado.
Quién es quién
Howard Menger. Pintor de carteles de Nueva Jersey y contactado, autor de «From Outer Space to You», que Barker publicó. El verdadero blanco del interrogatorio.
Marla Baxter. Esposa de Menger, bajo seudónimo. Decía haber amado a un hombre de Saturno en una vida anterior.
Albert Bender. Fundador del International Flying Saucer Bureau. Su visita por tres hombres de negro es el episodio que dio fama al libro de Barker. No confundir con Menger, aunque la grabación lo hace.
George Adamski. El más famoso de los contactados de los años cincuenta. Antes de sus viajes a Venus había sido iniciado en una orden teosófica, escrito un libro de ciencia ficción y trabajado en un puesto de hamburguesas.
Reinhold Schmidt. Contactado al que, según contaba, le hablaron en alemán. Pasó por la cárcel un par de veces.
«Doctor Bernard». Alias de Walter Siegmeister, promotor de una colonia en Brasil supuestamente a salvo de la guerra atómica. El destino prometido del viaje en platillo.
Doctor Marlowe. Nombre artístico de un antiguo mago, organizador nominal del viaje. Otmar Kopp hacía de secretario.
Donald Keyhoe. Investigador y figura de NICAP. De él procede la idea del «Grupo del Silencio», la presunta camarilla oficial que ocultaba la verdad.
Curiosidad
Entre los comentaristas del video aquí transcripto reconocimos al informático inglés Gary McKinnon, estrella del ufohacktivismo de comienzos de Siglo XXI. Se ofreció a mejorar la calidad del audio. Un largo hilo de entusiastas lo reconoció como un “héroe” de la causa ovni. Sobrevivió a la experiencia: nunca fue deportado a los Estados Unidos.
A Propósito de The Long John Nebel Show
El presentador Long John Nebel (1911-1978) tuvo un programa radial de entrevistas de medianoche a 5 de la madrugada desde mediados de los años 50 hasta 1978, inicialmente en WOR y posteriormente en WMCA y la cadena Mutual. Su show se centraba en ovnis, fenómenos paranormales, contactados y temas marginales, con un estilo libre y a menudo con debates acalorados; Nebel solía definirse como un «escéptico curioso» o «no creyente».
Aun así, era comprensivo y les ofrecía a sus invitados un espacio para exponer sus argumentos. Algunos críticos cuestionaron que permitiera que algunos chiflados colonizaran el programa, pero él solía responder que el suyo no era uno de periodismo de investigación y que los oyentes debían determinar la validez de las afirmaciones. Entre sus invitados habituales se encontraban Jackie Gleason, los escritores de ciencia ficción Lester del Rey, Frederik Pohl, Arthur C. Clarke y escépticos como James Randi. Pero también el ufólogo Donald Keyhoe o los contactados George Adamski y George Van Tassel.
La colección de entrevistas está disponible en Archive.org
La Banda Sonora del Show
Es la pieza «Forbidden Planet» de David Rose y su orquesta está en el CD recopilatorio Destination Forbidden Planet (pista 22, en la edición de Bear Family). Se puede escuchar aquí.
La melodía fue compuesta originalmente para la película Forbidden Planet pero no se usó en el film, y luego se convirtió en la apertura del programa de Long John Nebel. La banda sonora de Forbidden Planet (1956), compuesta por Louis y Bebe Barron, fue el primer tema completamente electrónico de la historia de Hollywood producido por un gran estudio.
RELACIONADAS
