Entre 1946 y 1955, la Secretaría Técnica de la Presidencia recibió miles de cartas que el pueblo le escribió a Perón. El doctor en Historia Hernán Comastri seleccionó unas quinientas, con propuestas técnicas y científicas para el país, y escribió a partir de ellas Artefactos peronistas y máquinas imposibles. Una historia de la ciencia popular en la Argentina (FCE, 2026). El jueves 24 de septiembre, el físico e historiador de la ciencia Diego Hurtado y Alejandro Agostinelli, editor de Factor, presentaron el libro junto al autor. En su charla, resumida aquí, Hurtado explicó por qué ese archivo ilumina un costado desconocido del primer peronismo y propone leerlo junto a una tetralogía argentina de la imaginación popular.
Por Diego Hurtado*
La genealogía de Artefactos peronistas y máquinas imposibles. Una historia de la ciencia popular en la Argentina (FCE, 2026) está atravesada por el fondo documental “Secretaría Técnica” del Archivo General de la Nación, donde se reúnen las cartas –miles de cartas– enviadas al entonces presidente Juan Domingo Perón entre 1946 y 1955, una experiencia de “comunicación directa, sin intermediarios entre Perón y el pueblo convocado a escribir”. Desde el punto de vista historiográfico, este hito abre una ventana inédita.
El autor, Hernán Comastri, se propuso seleccionar aquellas cartas orientadas a lo que podríamos encuadrar, en buena medida, en lo que Beatriz Sarlo llamó “imaginación técnica popular”, si bien me parece que los temas estudiados desbordan esta categoría. Es decir, se seleccionan mayormente aquellas cartas donde los textos (acompañados por diagramas, dibujos, esquemas, mapas, etc.), según quienes escriben, son aportes al conocimiento en sentido amplio, incluso aportes al conocimiento científico y/o tecnológico. Quienes reciben y leen estas cartas, cuadros burocráticos de la Secretaría Técnica, se encargarán de evaluar o juzgar si estos mensajes a Perón son aportes relevantes, o propuestas basadas en concepciones erróneas, o meras fantasías que no se podrán implementar.
Hay un criterio de utilidad dominante, en especial guiado por la creencia de que la propuesta transmitida en cada carta puede solucionar algún problema relevante del país. Hablamos de un rango muy amplio, en buena medida inclasificable, de diseños de máquinas y herramientas para la industria o el trabajo agrícola, teorías sobre fenómenos naturales, proyectos de exploración y transformación de la geografía nacional, innovaciones en los medios de transporte, formas de producción novedosas de energía, propuestas de acción estatal, etc.
Así presentado, este océano de discurso popular puede hacernos pensar que estamos frente a un caleidoscopio de curiosidades, que van desde propuestas fantasiosas –algunas las podemos juzgar de absurdas, o equivocadas– hasta propuestas prácticas sencillas, pasando por ideas llamativas y locuras ambiciosas que, en conjunto, aporta sensibilidades y percepciones de la Argentina peronista que llegan directamente “desde abajo”, desde “el subsuelo de la Patria”, podría decir Scalabrini Ortiz.
¿Cómo se escribe un libro sobre este bosque de imaginación social liberada, incentivada a expresarse, alentada desde el propio gobierno a hacerse escuchar? Para ser más preciso, no es solo imaginación. Hablamos de imaginación, acompañada de experiencia laboral, competencias manuales, ingenio, compromiso social y, a veces, también de ambiciones o intereses personales.
SUEÑOS E INVENTOS DE LA IMAGINACIÓN POPULAR. De miles de cartas a Perón, Comastri reunió quinientas para iniciar la investigación que ahora integra la obra publicada por el Fondo de Cultura Económica. Se puede acceder a un adelanto en Periodismo.com
¿Cómo se desciende a este “grado cero del discurso”, al lugar mismo donde se fabrican los imaginarios de las clases populares? Porque este es el llamado del peronismo: es un llamado al pueblo trabajador a hacer un aporte especial a la “Nueva Argentina”. Cuando Comastri quiere hacernos entender la amplia heterogeneidad de perfiles de autores de las cartas que atrae este llamado, señala que va desde un conde de Milán hasta un preso joven en la cárcel de Devoto, que cursó la escuela técnica. En este punto hay que enfatizar que hay algo muy novedoso: emerge un nuevo interlocutor del Estado, dice el autor, en clave de ingenio criollo, de darse maña, donde también hay algo de lo que Sarlo cita como “dar el batacazo”, expresiones que dan cuenta de modalidades que acompañan y motivan el saber popular.
Abro un paréntesis. ¿Se imaginan si el gobierno de facto que clausuró el ciclo democrático del peronismo hubiera hecho un llamado a las “clases acomodadas” a hacer sus propuestas epistolares (o contrapropuestas) para solucionar los problemas de la Argentina postperonista? ¿Qué dirían esas cartas? ¿Cómo podrían delinearse los rasgos de este imaginario del antiperonismo? Yo creo que lo más parecido a estas cartas que analiza Comastri en Artefactos peronistas y máquinas imposibles del lado del gobierno de facto se plasma en los cinco volúmenes, de más de mil páginas cada uno, titulados Documentación, autores y cómplices de las irregularidades cometidas durante la segunda tiranía o, en su versión abreviada, Libro negro de la segunda tiranía, publicados por la Comisión Nacional de Investigaciones, Vicepresidencia de la Nación, en 1958. Un caleidoscopio de falsas denuncias de las que participan decenas de comisiones dedicadas a fabular hechos de corrupción del peronismo. Cierro el paréntesis.
Si bien el archivo de cartas es indudablemente el alma del libro, el análisis no se agota en su contenido. Como parte de la contextualización de algunos de los ejes temáticos (enseguida pasaremos a la metodología), Comastri también dedica secciones a temas como un perfil de Héctor Oesterheld y su producción en el terreno de las historietas, o al Proyecto Huemul, con el cual se inician las actividades de investigación y desarrollo nucleares en la Argentina.
CIENCIA POP EN EL PRIMER PERONISMO. Hurtado (der.) y Agostinelli coincidieron en que la obra de Comastri (centro) continúa la tradición iniciada por Beatriz Sarlo en «La imaginación técnica». ¿Cómo acceder al libro? A través de este enlace
Otro punto importante es tratar de comprender cómo se las ingenia el autor con este corpus innumerable de fuentes primarias. Es decir, ¿se puede inferir una estrategia o método para enfrentar las miles de cartas, seleccionar alrededor de quinientas y luego escribir de manera “ordenada” sobre ellas? Podemos pensar la estrategia, indudablemente ardua, paciente e iterativa, en dos pasos: el primero, lograr una clasificación temática del conjunto de cartas. Y acá aparece lo que yo creo que es una de las mayores virtudes del libro: la definición de núcleos temáticos y la contextualización de cada núcleo que compone esta clasificación. Es este trabajo de contextualización el que conduce al autor a echar mano del corpus de estudios sobre el peronismo para cada uno de los temas definidos. Recién entonces, llega el segundo paso, que consiste en pasar al análisis e interpretación del contenido de cada carta de forma coherente con la clasificación y su correspondiente contextualización. Así, encuadrado en grandes ejes temáticos, aparece un identikit de la inventiva popular en diálogo con las políticas del peronismo.
Tomo un solo ejemplo: la transformación del territorio, en el capítulo 2, titulado “Geografías de la modernidad”. La contextualización supone un “viaje” narrativo desde las exploraciones del territorio en el siglo XIX –expediciones europeas en territorio nacional–, pasando por el ferrocarril y el telégrafo, los usos prácticos de la astronomía, la tecnificación de la actividad agropecuaria, la minería, YPF, etc. Cuando se llega al peronismo, entra en escena el contenido de las cartas, las propuestas prácticas para la transformación del territorio, que incluyen, por ejemplo, máquinas agrícolas o, frente a las sequías, propuestas para hacer llover, entre muchas otras.

Ahora bien, el contenido de las cartas no se limita a propuestas técnicas o científicas, sino también a iniciativas de acción estatal para abordar, por ejemplo, cuestiones de soberanía, en el contexto de la guerra fría, donde el secretismo, el espionaje, el complot internacional son componentes que están presentes en estas piezas epistolares. En estos casos, donde se desborda lo que se puede desplegar en un altillo, o en el taller del fondo del inventor popular, aparecen involucrados objetos tecnológicos modernos (aviación, energía atómica, viajes al espacio, etc.). Acá es donde resulta necesaria la sección sobre Oesterheld o sobre la revista de divulgación Mundo Atómico y su tratamiento de la figura del físico austriaco Ronald Richter, el sabio contratado por Perón y nacionalizado argentino, o sobre propuestas de expediciones al territorio antártico. El resultado es deslumbrante por dos motivos. El primero, el que creo más relevante, que parece ir contra el sentido común, se relaciona con la originalidad.
A pesar de la cantidad de artículos y libros dedicados al peronismo, este libro abre una ventana inexplorada que hace aparecer una radiografía novedosa del primer peronismo. La sensación es: había un elefante o, mejor, una cebra en la habitación y nadie se había percatado de ella o preocupado por identificarla y estudiarla.
En cuanto a que se trata de un libro de historia, imagino que una buena selección de algunos apartados podría integrar la bibliografía de un curso de epistemología, si consideramos que las siguientes dos preguntas integran hoy los interrogantes que ella estudia: (i) ¿qué cosa es conocimiento legítimo y/o relevante?; (ii) ¿qué actores sociales pueden producir conocimiento legítimo y/o relevante?
Con respecto a la primera pregunta, el libro destila una buena muestra de “la diversidad de la cultura popular” y describe “ideas, prácticas e iniciativas escritas del propio puño y letra de las clases populares”, según explica Comastri. En cuanto a la segunda pregunta, los actores protagonistas del libro son “pensadores autodidactas, inventores aficionados, mecánicos, jubilados, pequeños chacareros y trabajadores de los más diversos orígenes y ocupaciones”. De paso, el sesgo de género está tratado con sintonía fina. Solo un botón de muestra: cuando se habla de talleres y “laboratorios” improvisados en galpones o “cuartos del fondo”, el autor habla de “espacios masculinos en la división sexual del ocio productivo en el hogar”.
Surge, entonces, la cuestión de comprender que antes del peronismo estas prácticas eran anónimas, pasaban por debajo de todos los radares de la esfera pública o incluso la propia trama de valoraciones sociales funcionaba como un filtro para su invisibilización. En la Argentina de la primera mitad del siglo XX el inventor popular interpretaba su invisibilidad o la falta de reconocimiento social como barreras de clase o corporativas. No se trata de un tema nuevo o específico de la Argentina.
Permítanme una breve comparación entre la “Revolución Peronista” (corre por mi cuenta esta expresión) y la Revolución Francesa. Antoine Lavoisier, considerado el padre de la química moderna, fue guillotinado el 8 de mayo de 1794, durante la fase de la Revolución Francesa más radical y violenta, conocida como “reinado del terror”.La persecución a Lavoisier estuvo ligada a la percepción de la “ciencia oficial” (heredada del régimen monárquico) como un bastión aristocrático y elitista. En ese momento, que también es un momento de eclosión de los imaginarios populares, circulan anécdotas de inventores de extracción popular humillados por los científicos de la Academia de Ciencias de París cuando fueron a exponer sus ideas o sus inventos. Los cargos contra Lavoisier se enfocaron en su rol como recaudador de impuestos, pero está estudiada la relación de su ejecución con la hostilidad hacia las instituciones científicas del Ancien Régime.
Es cierto que el peronismo estuvo lejos de guillotinar a algunos científicos destacados que se opusieron activamente a su gobierno. No nos referimos a ello, sino al enfrentamiento entre el “conocimiento oficial” avalado por el Estado y las instituciones, y las prácticas de producción de conocimiento generado “desde abajo”. Aprovecho para comentar que este es un ejemplo de las muchas asociaciones con otros momentos de la historia de la ciencia que me fueron invadiendo a lo largo de la lectura.
VEHÍCULOS FANTÁSTICOS. Qué había en las cartas. Impulsado con energía eólica, este triciclo sería capaz de transformarse en un avión.
Volviendo al libro de Comastri, como contrapunto a la naturalización de la invisibilidad, la iniciativa oficial de reconocimiento y extracción del anonimato de una geografía de prácticas por definición anónimas es otra de las claves de lectura. Es decir, no se trata solo de enfocar el momento en que “lo popular logra abrirse paso hacia la esfera pública”, sino también el momento en que un gobierno genera las condiciones para la eclosión de estas prácticas invisibilizadas. La redistribución y la mejora de las condiciones de vida de las clases populares que implementa el peronismo generan las condiciones de posibilidad para el tiempo de ocio, a veces volcado en talleres o laboratorios domésticos. Y, si bien las cartas a Perón se remontan al comienzo de su gobierno, la preparación del Segundo Plan Quinquenal fue acompañada del llamado a la participación popular.
Dije que el resultado era un libro deslumbrante y que iba a comentar dos motivos. Hasta acá el primero: la emergencia o irrupción de lo anónimo hacia la esfera pública, que nos habla de una “ciencia desde abajo”, que supone que la cultura popular de la Argentina de 1940-1950 no fue consumidora pasiva de los discursos e imágenes de una modernidad ideada y discutida entre “expertos”. Una discusión tensa que llega al presente expresada en dicotomías como “saberes comunitarios versus saberes expertos”.
Muy brevemente, entonces, un segundo motivo de la relevancia del libro de Comastri se relaciona con la necesidad casi lógica de sumarlo a lo que yo considero una trilogía dominante de las cuestiones que venimos comentando. Me refiero a tres libros:
(i) Beatriz Sarlo, La imaginación técnica: sueños modernos de la cultura argentina (1992), que surge, como la propia autora nos cuenta, como una dimensión no tratada en Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 (1988), que enfoca la imaginación en la modernidad urbana, el tejido cultural y el imaginario social de Buenos Aires durante la transformación urbana llamada “modernización”, donde Sarlo define nudos conflictivos: ciudad-campo; criollos-inmigrantes; nacionalismo-cosmopolitismo; cultura letrada-cultura popular.
(ii) Sandra Gasparini, Espectros de la ciencia: fantasías científicas de la Argentina del siglo XIX (2012), un libro centrado en las relaciones entre imaginarios sociales, ficción y ciencia, donde, entre muchos otros aportes, se interpreta Dos partidos en lucha: fantasía científica (1875), de Eduardo Holmberg, como inicial de la ciencia-ficción en la Argentina.
(iii) Soledad Quereilhac, Cuando la ciencia despertaba fantasías: prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos (2016), donde se investiga el estatuto de “lo sobrenatural”, en contrapunto con “lo sagrado”, a través de una heterogeneidad de prácticas, como el espiritismo o la teosofía, que emergen en la prensa gráfica y en el género fantástico como manifestaciones de la cultura urbana de Buenos Aires de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
A esta trilogía hay que sumar desde ahora Artefactos peronistas y máquinas imposibles. Una historia de la ciencia popular en la Argentina (2026), y habrá que comenzar a hablar de la tetralogía argentina de la imaginación popular.
(*) Diego Hurtado (1962) es físico y especialista en historia de la ciencia y la tecnología argentinas. Doctor en Física por la UBA, desde mediados de los noventa se dedica a la historia de la ciencia en América Latina. Es profesor titular de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), donde dirige el Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica, e investigador del CONICET. Fue secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación (2019-2023) y presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Es autor de La ciencia argentina. Un proyecto inconcluso: 1930-2000 (Edhasa, 2010) y El sueño de la Argentina atómica: Política, tecnología nuclear y desarrollo nacional: 1945-2006. (Edhasa, 2014).
Video de la presentación del libro de Hernán Comastri, Artefactos peronistas y máquinas imposibles. Una historia de la ciencia popular en la Argentina (FCE, 2026), jueves 24 de septiembre de 2026.
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