Rociame con el hisopo hasta volverme blanco

Los oportunistas que –no ya sin ser devotos de la Virgen, sino sin ser creyentes– usamos el puente del 8 de Diciembre para hibernar hasta el siguiente Lunes, pensamos que es el único provecho que le podemos sacar a la conculcación de los derechos de las minorías arreligiosas por las atribuciones que toman en nombre de todos las mayorías católicas, o los funcionarios que, sin serlo necesariamente, renuncian a la autonomía del Estado laico para imponer feriados de fe. Pero no es el único provecho. Otro propio del día es nutrirse de la profusión de powerpoint y cadenas con rezos alusivos, generosos en tristezas, pecados, penitencias, por nosotros, por Nuestra Santa Madre, que nos permite demostrar el amor y la confianza que depositamos en Ella y ayudar a reparar los inconmensurables pecados que ofenden a su amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que claman venganza del Cielo, y por la ocasión a la que se presta el día, en que celebramos la Inmaculada Concepción y la Hora de Gracia, que nos permitirá hacer descender sobre el mundo un, si se nos permite, sano temor a Dios, que nos colmará de Paz el corazón, impregnará en nuestra alma un sincero arrepentimiento general respecto de nuestra condición humana y un hambre de Dios, que nos motivará a la confesión y a comulgar frecuentemente, para crecer en fe, esperanza y amor a Dios.
En este plan, que consiste en alcanzar con celeridad la misericordia del Señor, hubiésemos debido recitar durante los tres días previos el Salmo Miserere (51). Es aquí donde comienza mi duda existencial, donde requiero de la exégesis sabihonda de un teólogo poco fervoroso, una explicación sobre el sentido del clamor, porque en ese ramillete de súplicas, ruegos y manifestaciones de gratitud, donde Ella declara tener preparada “una sobreabundancia de gracia” para todos aquellos hijos que escuchan su voz y “toman a pecho mis deseos”, la Santísima María Rosa Mística, para la Hora de Gracia, que comienza a las 12 del medio día hasta la 1 de la tarde, reclama que evitemos toda clase de distracciones, “no contestar el teléfono, no abrir la puerta, no hacer nada en absoluto, sino estar con el cuerpo, con el corazón y el alma en actitud de oración y espera a recibir el torrente de gracia y bendición” prometidas por nuestra Madre, rezar tres veces el salmo y permanecer durante ese ruego con los brazos abiertos.
Si hubiese rezado el santo rosario durante esos tres días consecutivos (el 5, el 6 y el 7 de Diciembre, digamos), tales mantras católicos me hubiesen permitido pedir la piedad de Dios, cuya inmensa ternura iba a borrar mi delito, lavar mi culpa, purificar mis pecados contra Él y lo malo que a sus ojos he cometido.
Hasta ahí todo fenómeno. Los problemas continúan cuando hay que pedir…

Rocíame con el hisopo, y seré limpio,
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Devuélveme el son del gozo y la alegría,
exulten los huesos que machacaste Tú.
Retira tu faz de mis pecados,
borra todas mis culpas.

Yo entiendo que una religión puede reclamar sacrificios y, cuando su doctrina apunta más a destruir que a afirmar el amor propio, hasta puede exigir humillaciones. Pero ¿rocíame con el hisopo? ¿Quedaré más blanco que la nieve? ¿Eso es una plegaria o una publicidad de Lavarap? Luego, dime cómo me devolverás, oh Dios, el son del gozo y la alegría, ¿exultando los huesos que Tú machacaste? ¿Qué clase de felicidad proporciona semejante cosa?
Con la confianza que me da el respeto por una religión dos veces milenaria, que algún conocedor del credo me explique, en su infinita misericordia, qué diablos significa este sorprendente rezo. Para mí es una cosa bastante extraterrestre, así que, por cualquier pista, quedaré rebosante de gratitud. Por los siglos de los siglos. Amén.

Postcriptum: Es común que el asombro afecte nuestras más rudimentarias capacidades cognitivas y atente contra la búsqueda de explicaciones satisfactorias. Sin aquel fugaz colapso de los sentidos, anoche en Wikipedia hubiese leído la definición religiosa de hisopo o aspersorio. Así se conoce en la liturgia católica al utensilio usado para esparcir agua bendita. Parte del misterio, pues, queda aclarado. Ahora bien, no sólo yo ignoraba el significado religioso de la expresión. Al menos un cura, en el apuro por bendecir, ha confundido al hisopo con un micrófono:

También te puede interesar: El Cristo más puteado

4 comments

  1. Después de leer el masacote que hiciste con las creencias del Culto Mariano te recomendaría limpiarte las orejas con un crucifijo.

  2. La verdad que Dios te llama la atención. Y no sabes como llegar a él.
    Lo bueno es que te mantengas en su búsqueda.

  3. Excelente artículo, perfectamente lógico el desarrollo explicativo de esa mamarrachada de… !cualquier religión¡, me gustó y además me siento completamente identificado; trabajo en un lugar en donde transita muchísima gente, estoy hasta la coronilla de -chau buenos días y que pase una feliz navidad-, y yo queriendo explicar que, con todo respeto por sus imbéciles seudoconvicciones, para mí es más importante, de última el -buen fin de semana- que el otro ordinario y sometido de eso de la navidad y la p… que lo parió…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

× Suplemento Factor El Blog Descargar ahora