¿Quién, o qué cosa, tiene los derechos de Lovecraft?

Ilustración: Mike Mignola
Ilustración: Mike Mignola

Por Lucía Manucci (*)

Una noticia de La Nación titulada “Un grupo de argentinos creará el primer videojuego oficial basado en una obra de Lovecraft” provocó serios interrogantes entre los admiradores de la obra del padre del horror cósmico.

¿A qué se refieren con “el primer videojuego oficial” basado en una obra de H.P. Lovecraft?

Jamás podría ser el primer videojuego de esta clase: ha habido muchos otros, tales como “Call of Cthulhu: Dark Corners of the Earth” y “Shadow of the Cometh”.

¿Pero el primero “oficial”? En el diario hicieron las siguientes declaraciones:

«Hace dos años que venimos negociando con una empresa llamada Lovecraft Holdings LLC en Providence, Estados Unidos. Es un grupo legal que representa a los familiares de H. P. Lovecraft que tienen los derechos. Me costó bastante todo esto: fue una discusión lenta y tuve que insistir mucho. Es común que se otorguen licencias a películas (“En Las Montañas de la Locura” de Guillermo del Toro, por ejemplo), pero no en videojuegos. El nuestro es el primero de su clase; no han habido juegos que usen el nombre de Lovecraft o el título de una de sus historias. Nuestro proyecto es una adaptación 100% fiel y no estamos obligados a cambiar nombres de personajes o lugares (por ejemplo, en la clásica aventura Shadow of the Comet la empresa había cambiado Innsmouth por Illsmouth para evitar problemas legales)», explica Agustín Cordes, de Senscape, el estudio argentino que está desarrollando el juego.

Pocos saben que en la historia de la literatura hay pocos casos donde el estado del copyright de un autor es tan oscuro.

Foto: Lovecraft con Robert Barlow, Mrs. Bernice Barlow y Wayne Barlow en Florida. 1935.
Lovecraft con Robert Barlow, Mrs. Bernice Barlow y Wayne Barlow en Florida. 1935.

Cuando Lovecraft murió, en 1937, leyeron un testamento escrito por él mismo en 1912 que dejaba a sus tías como herederas. Antes de su muerte, sin embargo, aclaró que él quería que su amigo R.H. Barlow quedase a cargo de su obra literaria. Pero esto no fue incorporado al testamento.

Su tía Annie Gamwell no tuvo ningún inconveniente en cumplir con su deseo, el problema lo tuvieron August Derleth (quien conocía a Lovecraft desde su adolescencia) y otros allegados que sentían que ellos eran capaces de hacer mucho más por la obra del finado que el joven Barlow. Ahí comenzaron los problemas legales.

Derleth y Donald Wandrei fundaron Arkham House en 1939, una editorial cuyo fin era dar a conocer la obra de su amigo, nótese que el nombre hace honor a la que es quizá la ciudad ficticia más famosa de las creadas por el autor. Pero la editorial les dio no pocos dolores de cabeza, al punto que el propio Derleth confesó que más de una vez sacó dinero de su bolsillo para que ésta siguiera en pie.

Entre tanto ¿qué ocurría con los familiares de Lovecraft y con Barlow? Este último donó la mayoría de los manuscritos de Lovecraft y algo de material impreso a la biblioteca John Hay de la universidad de Brown.

Tristemente, Barlow se quitó la vida mientras trabajaba en México como antropólogo en 1951, no sin antes dejarle el último manuscrito de Lovecraft que se había llevado consigo su amiga June Ripley. Décadas más tarde, la familia de Ripley encontró entre sus cosas aquel escrito, “La sombra fuera del tiempo”, y decidió donarlo a la colección lovecraftiana que Barlow había iniciado en Brown.

El artículo en La Nación que originó este post.
La nota en La Nación que dio pie al post.

Al margen de las donaciones, Barlow no hizo gran cosa para divulgar la obra de su amigo. Su mayor contribución fue hacer encuadernar y hacer circular una muy pequeña tirada de “La casa sellada” (escrita en 1928), aunque algunas de las copias del proyecto original de Barlow fueron distribuidas por Arkham House hasta entrados los años setenta.

¿Qué fue de Annie Gamwell? Al morir la última de las tías de Lovecraft en 1941 sólo se encuentran dos herederas, Ethel Phillips Morrish y Edna Lewis, quienes autorizaron a Arkham House seguir editando los textos de su pariente, siempre y cuando ellas siguieran siendo dueñas de los derechos. (Según la ley estadounidense, ese copyright debería haber sido renovado 28 años después de la muerte de Lovecraft, pero ya llegaremos a explicar mejor este punto.)

Carta de Morrish y Lewis
Carta de Morrish y Lewis

¿Y la esposa? Como si este embrollo no fuera suficiente hay que sumar un enredo más. En 1924 Lovecraft se casó con Sonia Greene, pero el matrimonio, o mejor dicho, la convivencia, duró poco: se separaron en 1926. En 1933 Greene dejó la costa este para mudarse a California. Allí, en 1936, se casó con un médico, siempre creyendo que su unión con H.P.L. había finalizado ya que él le aseguró que haber completado los trámites de divorcio. Es recién en 1945 cuando ella sabe que había fallecido. Gracias a Derleth también descubre que Lovecraft jamás completo el papeleo, lo que la había convertido en bígama sin saberlo. Pese a que dos de las historias de Lovecraft fueron escritas en conjunto (y lo ayudó con la transcripción de otras, aún durante su luna de miel), ella nunca buscó compensación monetaria; ni en consideración a la extraña situación legal reclamó sus derechos.

¿Cómo queda esto entonces? Recapitulemos: la esposa de Lovecraft (que no sabía que seguía siendo su esposa) no tuvo interés en pelear por la herencia; su tía no tuvo inconveniente en darle el poder al amigo de su sobrino y honrar su última voluntad. Pero después de su muerte y la de Barlow ninguno de sus herederos se vio muy activamente interesado por las obras del maestro de Providence, dejando a Derleth y a Wandrei la tarea monumental de dar a conocer al mundo los mitos de Cthulhu (nombre que por cierto también fue acuñado por Derleth).

team_large
Cómo y por qué: escribe Agustín Cordes de Senscape. Tras investigar el asunto durante varios meses concluimos que los derechos de El Caso de Charles Dexter Ward los tiene Robert Harrall, con quien firmamos un acuerdo. Nuestra intención no es comenzar a demandar a otros proyectos con esta licencia, sino hacer la adaptación de una historia de H. P. Lovecraft lo más fiel posible al formato de videojuegos. Es decir, queremos hacer las cosas bien y no toparnos con un juicio al momento de realizar el juego, y es por ello que negociamos la licencia. Además, gracias a este convenio tenemos acceso a documentos históricos en la John Hay Library junto con el apoyo de autoridades en la materia como S. T. Joshi, lo cual no hace más que enriquecer al proyecto.

¿Qué sabemos del estado del copyright, entonces?

Según la ley estadounidense todos los trabajos que Lovecraft publicó antes de 1923 pertenecen ya al dominio público. El problema es qué pasa con las posteriores. No hay evidencias de que el copyright de dichas obras haya sido renovado bajo los términos del Acta de Copyright de los EE.UU. de 1976, que regula a las obras creadas antes del 1 de enero de 1978. Antes de que esta acta se pasara el copyright estaba basado en la fecha de publicación y no en la vida del autor más un número de años y sólo era válido por 28 años. Transcurrido ese período, se debían presentar los papeles correspondientes para renovarlo. De lo contrario, las obras caerían en el dominio público. Por otra parte, en 1998 una nueva acta (Sonny Bono Copyright Term Extension Act) agregó otros 20 años retroactivos desde la publicación. Técnicamente, si el copyright fuese renovado seguiría siendo válido, pero ese sería el caso en los EE.UU. En 1993, la Unión Europea extendió el copyright a 70 años a partir de la muerte del autor.

Foto: Frank Belknap Long, Lovecraft y James F. Morton en el Poe Cottage de Fordham, New York, 11 de Abril de 1922
Frank Belknap Long, Lovecraft y James F. Morton en el Poe Cottage de Fordham, New York, 11 de Abril de 1922

Así las cosas, en todos los estados de la UE desde el 1 de enero de 2008 las obras de Lovecraft son de dominio público. Mientras tanto, en los países que siguen la convención de Berna el copyright ya expiró 20 años antes (su plazo es de 50 años tras la muerte del autor). Entre estos países, justamente, está la Argentina.

Pero no nos olvidemos algo. Los mitos de Cthulhu están intrínsecamente unidos a los de Clark Ashton Smith y a los de Robert Howard. De hecho el cuento “El montículo” prueba definitivamente que Conan y Cthulhu están en el mismo mundo. Allí también hay toda una trama de derechos y permisos que no pueden ignorarse. Y, como para sumar más confusión, digamos que en más de una oportunidad Lovecraft produjo historias como ghost-writer (escritor fantasma) y en casos como sus colaboraciones con Zealia Bishop (pese a que la idea original fuese de ella), él reescribía las historias a tal punto que, en los hechos, se lo considera el verdadero autor. Justamente cosas como estas hacen que colecciones de supuestas obras completas de Lovecraft no lo estén, porque los editores desconocen los pormenores y vericuetos detrás de estas creaciones.


Presentación del videogame desarrollado por Senscape.

Pero volvamos a la cuestión actual.

El ensayo más completo disponible sobre el tema es “Los negros mares del copyright” de Chris J. Karr. Allí obtuvimos la siguiente respuesta:

Austounding Stories, Junio de 1936. Pulp donde publicaba sus relatos.
Astounding Stories, Junio de 1936. Pulp donde HPL publicaba sus relatos.

“Regresando a la pregunta fundamental que motivó este escrito ¿la ficción de Lovecraft es parte del dominio público? Desde que Arkham House exitosamente mantuvo la percepción de controlar la obra de Lovecraft antes de la ley del copyright de 1978 revisión 34, ninguna otra parte cumplió con los requisitos reglamentarios de la ley de copyright de 1909 para que las obras continúen protegidas más allá del nuevo régimen de copyright post-1978, que eliminaba los periodos de renovación cortos. Cuando Arkham House abandonó sus reclamos de copyright para retenerle regalías a Wandrei, la ficción de Lovecraft entró efectivamente en el dominio público.”

Como explica Karr las cosas se complicaron cuando luego de tres años de investigaciones intentó publicar su obra. Llegó a contactarse con Robert C. Harrall, nieto de Ethel Morrish Phillips. En palabras del autor, esto fue lo que ocurrió:

“Dada la buena fortuna de haber sido contactado por un descendiente directo de uno de los jugadores primarios de esta situación, le respondí muy contento al señor Harrall con una versión anterior de este trabajo, solicitándole que me informe acerca de cualquier inexactitud en las que pude haber incurrido trabajando desde una evidencia incompleta.

No tuve respuesta.”

Tiempo más tarde, Karr escribió a Hippocampus PressT.S Joshi, el biográfo más importante y reconocido de H.P Lovecraft, respondió que su ensayo tiene severos errores, ya que falla en tomar en cuenta los reclamos avanzados por el Lovecraft Literary Estate (Lovecraft Properties LLC) según la Rhode Island Secretary of State, fundada por el señor Harrall el 10 de julio 1998 para “la aplicación de derechos literarios”.

Karr cuenta que agradeció a Joshi, y le informó que efectivamente le había pedido al señor Harrall una “explicita enumeración de los reclamos legales y morales” que Lovecraft Properties LLC decía poseer. Claramente, entre ellos debería aparecer la documentación de las renovaciones pertinentes tal como la ley de copyright estadounidense lo específica. Pero nuevamente, asegura, tampoco recibió respuesta.

Retoño oscuro. Por Robert Howard
Retoño oscuro. Por Robert Howard

Karr no se detiene aquí: viaja hasta Providence donde descubre que, en 1974, Harrell se había hecho legalmente responsable de “cualquiera y todos los escritos del fallecido Howard P. Lovecraft que no posean copyright o que no sean parte del dominio público, todas las cartas, fotografías, y libros ya sea publicados o sin publicarse y otros materiales no publicados. Todos los escritos que aunque tengan copyright no hayan sido registrados por individuos, compañías, corporaciones o asociaciones que poseyeran el derecho o la autoridad para registrar dichos materiales.”

¿Qué ocurrió después? ¿Dónde están los documentos de la renovación del copyright?

Tras la muerte de Derleth, Forrest D. Hartmann, su abogado en vida, declaró el 20/12/1971:

“Deseo aconsejarle a cualquiera que use el material literario de H.P Lovecraft que lo haga bajo su propio riesgo. Estos derechos literarios ahora residen en el patrimonio familiar Derleth y naturalmente los protegeremos hasta la máxima extensión.”

I am Providence ST JoshiEn 1973 Wandrei exigió el pago de regalías, en una disputa que duró hasta 1986. Hartmann, del lado de Arkham House argumentó que era imposible pagarle porque las obras de Lovecraft eran de dominio público, algo en que ambas partes acordaron. Pero aún así Wandrei ganó la disputa y le asignó a su abogado el 30 por ciento de lo que a él le correspondía de los materiales de Lovecraft en los que había trabajado por sus servicios; al año siguiente falleció.

Si Harrall tomó posesión del patrimonio en 1974 ¿por qué no le disputó a Arkham House el derecho de las obras? Si tenía los documentos en orden ¿cómo permitió que en una disputa legal se sentara el precedente de que estos no existían?

Volviendo al presente y al videojuego que dispara esta nota, Agustin Cordes dice  llevar dos años negociando la licencia. Pero una simple búsqueda online nos arroja los siguientes resultados:

Lápida del finado Lovecraft.
Lápida del finado Lovecraft.

En este enlace podemos ver que sus tres marcas registradas consisten en “H.P Lovecraft” (sólo las iniciales, nada de Howard Phillips), la frase “I am Providence” (Yo soy Providence), frase que proviene de una de sus cartas y que algunos admiradores hicieron grabar en una lápida que colocaron sobre su último lugar de descanso en 1977.

Finalmente como imagen registrada, una silueta de perfil del autor. Pero ¿y las menciones a sus escritos, a sus obras? ¿Por qué si exploramos cada una de ellas, sólo se habla de ropa? Si nos fijamos cuando fueron presentados los papeles para dichas marcas registradas comprobamos que las tres tienen la misma fecha: 2013-04-12.

Llegamos al final con más preguntas que respuestas.

Por un lado todo apunta a que su obra es de dominio público. Por eso tantas obras derivadas son publicadas sin necesitar consentimiento de nadie. Por el otro, Arkham House tuvo los derechos alguna vez, tiene una carta para asegurarlo, hasta los años setenta los defendía. Hoy no parece seguir en la lucha. En el ultimo flanco de la discusión tenemos a Harral, el nieto de 71 años de una prima segunda de H.P., que fundó hace poco una empresa donde registró dos frases y una imagen, pero que parece tomarse el asunto en serio ya que tiene algunas obras bajo su permiso, como biografías de Joshi, algunos tomos compilatorios de editorial Penguin, y algunas películas.

De todas maneras quedan muchas dudas. Si Harrall reclama derechos literarios ¿por qué la compañía solo tiene registradas dos frases y una imagen? ¿Está ocurriendo algo a nivel legal de lo que no nos hayamos enterado? Y si es así ¿no habría que reclamar los derechos primero y hacer marcas registradas después? ¿o se puede hacer a la inversa? ¿Dónde esta la evidencia de la renovación del copyright?

¿Qué ocurre con Chaosium (empresa de juegos de mesa que ha sacado varios títulos lovecraftianos)? ¿Qué pasa con libros como “Las trece puertas del necronomicon” de Donald Tyson, donde se asegura se enseña a “invocar”? ¿Les iniciaran acciones legales por usar palabras tales como “necronomicon”, “Cthulhu” y “Nyarlathotep”?

Quizás encontremos las respuestas cuando las estrellas estén alineadas.

presentacion(*) Sobre la autora. Lucía Manucci tiene devoción por la saga Mundodisco –una revelación para minorías iniciadas–, pero maneja con la misma solvencia la obra de H.P. Lovecraft, un clásico y popular al lado del universo fantástico de Terry Pratchett. Su amor por el terror ocultista no le ha quitado tiempo para estudiar Psicología en la Universidad Católica Argentina en Paraná, Entre Ríos; más bien al contrario, sus ávidas lecturas fueron el disparador para centrar su tesis en el desarrollo de un asunto colindante: cómo los juegos de rol (RPG) pueden fomentar la cooperación. También trabajó en la LT 14 General Urquiza (en Paraná) y es un extraño caso de estudiante de teología volcada al escepticismo metodológico. Le damos nuestra bienvenida a Factor! Esperamos ansiosos otros aportes de Lucy.

El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

Contacto: [email protected]
Alejandro Agostinelli en Twitter
Alejandro Agostinelli/Factor 302.4 en Facebook
+ info sobre el autor, Wikipedia en Español
+more info about Wikipedia English