
Fueron dos los momentos de emoción más intensa. El primero, cuando Mario evocó su casi clandestino romance con Marta Cavallo, con quien huyó para poder zafar del asedio paterno. El relato fue oportunamente registrado por mi amigo Alejandro Borgo.

La curiosidad de Mario es infinita. Cuando le pedí autorización para publicar estas escenas me preguntó qué esperaba para investigar un milagro que se produjo durante los días de su cumpleaños.
– San Expedito llora en Chascomús. Sabemos por qué, pero no cómo lo hace -dijo Mario.
Le contesté que estaba bien, pero que ninguna experiencia del género me parecía tan interesante como el caso del perro santafesino que orinó una pared y materializó la imágen de Jesús.
Si alguien lo hubiese hecho en joda -le comento- «nunca hubiera salido tan bien».
– Mucha broma -repuso Mario. Pero San Expedito sigue llorando en Chasmcomús, sin que Ud. explique el milagro.
No sé si entraré en esa historia, pero no me cabe la menor duda de que él estará pendiente de mis novedades.
Las reuniones que organiza Mario Bunge cada vez que visita Buenos Aires son una oportunidad de conocer gente solidaria, culta e inteligente. Estoy seguro de que Mario seguirá reuniendo a sus amigos muchos años más en el Club del Progreso, de lo que estoy menos seguro es de si yo le podré seguir el tranco.






