Apunten contra la verborragia: Guía sistemática para pensar el mundo desde una filosofía científicamente informada

¿Es la filosofía actual un «sueño de idiotas» que balbucea en medio de una niebla de palabras? Gustavo E. Romero prologa esta obra de Alejandro Gutiérrez, que denuncia la falta de compromiso social en la academia y rescata el método que une ciencia y pensamiento para resolver problemas reales.

Por Gustavo E. Romero

LA FILOSOFÍA CIENTÍFICA. QUÉ ES Y POR QUÉ IMPORTA. Por Alejandro Gutiérrez. Preventa, aquí

GUSTAVO E. ROMERO. Desde el miedo infantil a la nada hasta la amistad con Mario Bunge, el autor del prólogo cuenta su camino hacia la filosofía científica y reseña una obra que expande una potente corriente en desarrollo.

PRÓLOGO

Como Usted, como todos acaso, cuando yo era niño no quería morir.

La idea de extinguirme en forma total, completa, el pensamiento de la aniquilación total, me abrumaban. Sin saberlo, seguía el dictum de Spinoza en la Proposición IX del libro tercero de la Ética: Unaquaeque res, quantum in se est, in suo esse perseverare conatur. Inevitablemente esa angustia me arrojaría a la filosofía. Llegué, como muchos, a través de Borges a Schopenhauer. Lo hice, sin embargo, a una edad absurdamente temprana. Sólo había dos libros de Schopenhauer en la biblioteca de mi padre; esa biblioteca que fue lo más parecido a una patria que he tenido en mi vida. He habitado en ella como otros han habitado países o ciudades. En el primero y más voluminoso de esos libros de Schopenhauer leí:

En general, el verdadero filósofo buscará en todas partes la claridad y la nitidez, y se esforzará siempre por no parecerse a un torrente turbio e impetuoso, sino más bien a un lago de Suiza, que, por su calma, a pesar de su gran hondura, posee una gran transparencia, la cual precisamente hace visible la profundidad.

‘La claridad es la buena fe de los filósofos’, ha dicho Vauvenargues.

El falso filósofo, en cambio, no dejará de intentar, conforme a la máxima de Talleyrand, ocultar con las palabras sus pensamientos, o más bien su falta de pensamientos, y atribuirá al lector, como falta suya, la incomprensibilidad de sus filosofemas, nacida únicamente de su propia oscuridad de pensamiento».

Desde que me encontré con esas palabras felices, he aspirado siempre a la claridad y la transparencia del pensamiento y del lenguaje. Y claro, la busqué en otros.

La decepción es generosa con los niños. Cuando todo es nuevo, es fácil hacerse de ideas equivocadas sobre las cosas. Rápidamente dejé la filosofía, convencido de que no era una tierra fértil para la buena fe que mencionaba Schopenhauer. Sólo al final de mis estudios secundarios la redescubrí en Bertrand Russell. En él encontré la ansiada claridad, sumada al rigor y la precisión. Lo leí con avidez, y él me llevó a leer a muchos otros filósofos, sobre todo a los empiristas lógicos. Sin embargo, tan pronto intentaba ver qué interesaba a otras personas que leían o discutían sobre filosofía, retrocedía con horror: me parecían locos narrando los sueños de un idiota. Peor aún, cuando pedía un poco de precisión o una explicación inteligible me acusaban de positivista desde el fondo de una niebla de palabras. Al verlos, al oírlos, me cogía un abatimiento, una desolación del alma, una opresión del ánimo que sólo acertaba a comparar con las sensaciones opresivas que caían sobre quien se acercase a la casa Usher. Terminé dedicándome a la ciencia.

BERTRAND RUSSELL

Estudié física, y, sin embargo, pronto empecé a sentir allí también una falta de respuestas a muchas de mis preguntas. El mundo, a esa edad en la que uno debe forjarse un camino, se parece a un laberinto oscuro o una nave de los locos. Es el tiempo de decidir: uno se sube a la nave, y es para siempre, o la ve partir y se queda solo.

Hacia 1987 o 1988, di con un pequeño libro de Mario Bunge titulado Controversias en Física. Bunge se preguntaba con claridad sobre los fundamentos de las mismas teorías que yo había aprendido y cuestionado sin eco alguno entre mis profesores. No sólo eso: Bunge se atrevía a proponer respuestas e indicar cómo evaluar si eran correctas o no. Había descubierto, sin saberlo aún, mi destino. Tres años después conocí a Bunge en persona, empezando una amistad que duraría hasta su muerte, y un agradecimiento que durará hasta la mía.

Mi primer trabajo publicado fue de fundamentos de la mecánica cuántica. Allí, traté, junto a mi amigo Santiago Pérez Bergliaffa, de mejorar la axiomatización de la teoría que Bunge había propuesto a mediados de la década de 1960. La nueva axiomática, sin embargo, no fue un fin en sí misma, sino un medio que usamos para discutir y proponer soluciones a problemas filosóficos que planteaba la teoría. Unos años después, extendimos nuestra axiomatización para cubrir sistemas de muchas partículas y tratar problemas a los que Bunge no se había abocado, como el entrelazamiento cuántico y la paradoja EPR. Recibimos su profuso apoyo. Ese método de trabajo, el usar la ciencia para informar a la filosofía y la filosofía para realizar una mejor ciencia, está en la base de la filosofía científica que practicaron, entre otros Charles Sanders Peirce, Bertrand Russell, Roy Wood Sellars, Hans Reichenbach, Mario Bunge y tantos otros.

He defendido y practicado la filosofía científica durante más de 35 años. Hace unos 15 años dicté un primer curso sobre este tema en la UNAM, sede Morelia, gracias a la gentil invitación de la Dra. Susana Lizano. Ese curso pronto se replicó, cada vez con más adiciones, en otras universidades del mundo: la Universidad de Barcelona, la Universidad de Karlsruhe, y finalmente en la Universidad de Buenos Aires, aunque en la Facultad de Ciencias Exactas (es inimaginable que en un país como Argentina se me invite a una facultad de filosofía). Con el tiempo, incorporé una materia de Filosofía Científica a la oferta de mi Cátedra (de Astrofísica Relativista) en la Universidad Nacional de La Plata. En 2020, debido a la pandemia, el curso se dictó de manera virtual y quedó grabado en mi canal de YouTube. La siguiente vez que lo ofrecí, en 2024, el curso tuvo más de 1.000 inscriptos de 23 países diferentes. El alcance se había vuelto global.

«CONSAGRADOS» A EXÁMEN. Alejandro Gutiérrez se atreve a pagar el precio de la «soledad académica» para ofrecer la primera exposición en castellano de la filosofía científica moderna. Es presentada aquí por uno de sus máximos referentes, también colaborador de Factor: Dr. Gustavo E. Romero.

Entre las muchas alegrías que ese curso me ha deparado, está el haber encontrado a personas que, en un país enemigo de la razón y fértil en envidias y mezquindades, han logrado, de alguna misteriosa manera, mantener los hábitos de juicio crítico e independencia de pensamiento que son esenciales a la actividad intelectual y a la investigación. Una de esas personas es el autor de este libro.

Una herramienta esencial para quienes buscan claridad, sistema y un materialismo coherente en el siglo XXI.

Alejandro Gutiérrez ofrece aquí al lector la primera exposición sistemática en castellano de la filosofía científica moderna. Gutiérrez ha escrito, en un lenguaje directo y sencillo, accesible al lector culto, un libro que espero atraiga también al filósofo que aún cree que existen problemas filosóficos -y que estos se pueden resolver con la ayuda de la ciencia. El libro presenta una versión sucinta pero clara de los principales aspectos de la filosofía científica, muy en línea con lo que hace ya un tiempo apareció en mi libro Scientific Philosophy (Springer, 2018). El capítulo 2 contiene los fundamentos de este tipo de filosofía: la semántica, incluyendo una teoría de la verdad compatible con la práctica científica; la ontología, entendida como un materialismo sistémico que subyace a las suposiciones más básicas de la ciencia; y la epistemología realista. No se tocan otros aspectos de la filosofía que también pueden ser estudiados con la ayuda de la ciencia, como la ética, la estética, la filosofía política y la filosofía práctica. El lector interesado en estos temas puede acudir al libro en inglés ya mencionado, o consultar las partes correspondientes de mi curso de filosofía disponible online (Ver introducción).

El capítulo 3 contiene acaso lo más interesante y original del libro: la discusión de algunos de los filósofos más aclamados de la actualidad, al menos en nuestro pobre medio y en buena parte de Europa: Markus Gabriel y el inverosímil pero aparentemente real Byung-Chul Han. Espero que las críticas de Alejandro Gutiérrez inspiren a otros a embarcarse en la dura tarea de comenzar a reparar el daño que han hecho otros autores como el omnipresente Foucault y sus innumerables seguidores en la academia local.

Escribir un libro como este requiere al menos dos atributos: el conocimiento del tema y un enorme valor. Alejandro Gutiérrez tiene ambos, y es consciente del precio a pagar. Lo cito:

Lo que sí queda claro es que la mayoría de los autores no pueden ser criticados sin que el peso de la tradición lo deje a uno en soledad, un huérfano académico acusado de cientificista, empirista, positivista y demás cuestiones. Si ese es el precio, prefiero pagarlo antes que aceptar de modo tácito que la única forma de hacer filosofía es no ocuparse de ningún problema real.”

Un hombre así tiene mi respeto. Y si Usted lee las páginas que siguen, sé que tendrá el suyo.

Gustavo E. Romero

La Plata, 25 octubre de 2025

CÓMO ADQUIRIR LA FILOSOFÍA CIENTÍFICA. QUÉ ES Y POR QUÉ IMPORTA. Por Alejandro Gutiérrez

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El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

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