La historia secreta del primer film fallido de El Eternauta (2)

Casi seis décadas antes de Netflix, Héctor Germán Oesterheld participó en el primer intento de adaptar El Eternauta al cine.

Sucinta investigación sobre lo que quedó de aquel cortometraje pionero, hoy perdido en los pliegues del espacio-tiempo.

LO ANTICIPÓ LA REVISTA 2001, Periodismo de anticipación. Juan Salvo con Lucas. Fotograma realizado por el historietista Jorge Moliterni en 1968. Una iniciativa con actores reales y animación que buscó llevar El Eternauta a la gran pantalla. ¿Qué quedó de aquel experimento?

Por Alejandro Agostinelli

Muchos sitúan la existencia de proyectos cinematográficos sobre El Eternauta desde fines de los ochenta. Pero en 1968, mucho antes de aquellas frustraciones, Héctor G. Oesterheld quiso rodar un cortometraje animado que hoy casi nadie recuerda. ¿Acaso fue El Eternauta una historieta pensada casi desde el principio para el cine? Quién sabe. Lo innegable es que, según testimonios recogidos en las revistas 2001. Periodismo de anticipación (1968) y Fierro (1989), Héctor participó activamente en aquel primer intento.

MARTÍN MORTOLA (2002)

Martín Mortola Oesterheld, artista, nieto del guionista e impulsor de la serie de Netflix, aún conserva las cartas de intención que atestiguan de un esfuerzo pionero que, como otros tantos que le siguieron, tampoco llegó a concretarse, cuando la posibilidad de filmar El Eternauta tentó a Fernando «Pino» Solanas (1936-2020).

Pero nadie recuerda la breve aventura de aquel cortometraje, anunciado en octubre de 1968. El interés biográfico e historiográfico de ese proyecto inconcluso no solo descansa en su carácter pionero, también es interesante porque parece haber encontrado a Héctor en un buen momento para disfrutarlo –1968 fue un año bisagra en su carrera– y, con tantos nombres involucrados, es prematuro descartar la posibilidad de hallar nuevas piezas para seguir armando el rompecabezas.

El Eternauta hizo soñar a cineastas y realizadores audiovisuales no bien la historieta hizo pie en la imaginación de sus contemporáneos.

DE ARISTARAIN A STAGNARO

Grandes cineastas han intentado poner en movimiento a la historieta protagonizada por Juan Salvo y sus amigos.

En 1989, Pino Solanas, figura clave del cine argentino, impulsó un proyecto de adaptación junto a su socio, Envar El Kadri, legendaria figura de la resistencia peronista.  

Más tarde, en 2003, Juan Diego Solanas, hijo de Pino, retomó la idea con el objetivo de producir El Eternauta desde Europa, buscando un encuadre más internacional tras su premiado cortometraje L’Homme sans tête (El hombre sin cabeza).

Otro multipremiado director argentino, Adolfo Aristarain, quiso adaptar la obra hacia 1995. Sin embargo, al presentar el proyecto a inversores estadounidenses, fue rechazado: el argumento les resultaba parecido al de la serie V: Invasión extraterrestre (1983). Este dato solía hacer sonreír al historietista e investigador Felipe Ricardo Ávila (1961-2018), uno de los mayores conocedores del universo de nuestro guionista y autor de Oesterheld y nuestras invasiones extraterrestres I y II (Deux Books, 2007), convencido de que HGO, héroe de la era de oro de la historieta argentina, fue un polo radiante trasnacional de ideas sobre cómo deberían ser contadas las aventuras sobre extraterrestres.

A fines de los ochenta, Aristrarain le contó el recuerdo de su impulso por hacer la película de El Eternauta al periodista Martín Pérez, quien por entonces colaboraba con la revista Fierro firmando con el seudónimo El Gavilán (*).

Me apasioné con Rayo Rojo, Misterix y, por supuesto, leí la historieta de Oesterheld cuando apareció en Hora Cero Semanal. Las coleccionaba: creo que están todos los números en casa. Mirá, me acuerdo de un delirio de los 19 años, cuando a uno le parece que ya puede dirigir una película. Fui a ver a Oesterheld. Busqué el teléfono en la guía y fui a verlo allá, a Acassusso (N. del E: a su casa en Beccar). Me fui con una sinopsis que había hecho fundiendo varias historietas de Bull Rockett para un largo. Y bueno… lo leyó, le pareció bien pero… creo que se debe haber dado cuenta de que yo era un pendejo” (1).

No está tan lejos de Bruno Stagnaro, director de la serie que hoy estrena Netflix, cuando dijo:

El Eternauta representa a mi viejo trayéndome los fascículos semanales de los cómics. Creo que fue de las primeras cosas que leí completas en mi vida, a los diez años, y tuvo una profunda influencia en mi manera de entender la ficción hecha en mi país”. CITA

A lo largo de los años, los directores interesados en filmarla hicieron cola. Desde Luis Puenzo, Gustavo Mosquera, Damián Szifron hasta el español Álex de la Iglesia, quizá el primer cineasta en preguntarle a Ricardo Darín si le interesaba interpretar a Juan Salvo. Cada vez que un director argentino obtenía éxito o prestigio, recuerda Martín Mortola, se renovaba el interés por los derechos de El Eternauta.

Sin embargo, el obstáculo para que estos proyectos prosperaran no era la falta de ideas, sino la dificultad de desarrollar una producción viable: ninguno de los intentos contaba con un trabajo de desarrollo sólido, sino apenas con planteos generales.

En 2008, Lucrecia Martel, reconocida por su sensibilidad para retratar lo cotidiano, fue elegida por la familia Oesterheld para una nueva adaptación. Aunque no provenía del cine fantástico, Martel propuso una visión precisa que combinaba lo mundano con lo cósmico, entrelazando la vida barrial porteña con la amenaza de Manos, hombres-robot y gurbos. Su enfoque obtuvo el visto bueno de la familia, pero el proyecto tampoco logró concretarse.

LA MÁS ANTIGUA PELÍCULA DEL ETERNAUTA NUNCA FILMADA

Hoy podemos ver varios segundos del intento más remoto de rodar El Eternauta, cuyo prematuro lanzamiento quedó documentado en el número 1 de la revista 2001, Periodismo de anticipación del 4 de octubre de 1968.

Más de una década llevaba la historieta de Oesterheld-Solano López en el imaginario nacional. El Eternauta ya era la nave insignia del gran guionista y escritor, tardíamente reivindicado, además, por su rol fundacional en la revista Más Allá y guionista de Bull Rockett en Misterix (1952), Uma Uma en Rayo Rojo (1955) y hasta de figuritas como Platos Voladores al ataque!! (1971).

La narrativa oesterheldiana, caracterizada por cierta omnipresencia de la por entonces flamante cultura plativolista, reaparece en 2001, la revista que anuncia el inminente estreno del cortometraje: “Bariloche: desde el cielo nos vigilan” (una crónica de Alejandro Vignati), “Documento OVNI” (un artículo anónimo escrito con la prosa de Eduardo Azcuy), “El abominable Hombre de las Nieves”, “La vida en los canales marcianos”, “Guerrillas en el siglo XXI” (una de luchadores urbanos del futuro que merece una nota aparte), “La mujer del 2000”, “Adamski y el hombre de Venus”, “2001. Odisea del Espacio”, “La ciencia ficción en la historieta”, etc.

El artículo, casi una publinota adjunta a una apología de Los invasores (la serie que desde 1967 cautivaba a los argentinos cada domingo a las 22.30 horas), anunciaba:

El cortometraje argentino ha ingresado ya en el campo de la ciencia ficción, con veinticuatro minutos de ágiles secuencias que conforman El Eternauta

El argumento está basado en una historieta de Héctor Oesterheld, quien alcanzara en su momento gran renombre con las revistas «Frontera», «Hora Cero» y la no menos inolvidable «Misterix». Su obra surge de la inquietud por encontrar temas que puedan reflejar el mundo del futuro, poblándola con nuevas imágenes y aventuras del pensamiento.   

Sin duda, no dejaba de ser un proyecto apasionante dentro del terreno de la historieta, pero recién alcanza verdadera magnitud cuando la empresa Gil y Bertolini se interesa en el tema y decide llevarlo al celuloide.   

La responsabilidad y capacidad creadora de esta empresa en la realización de cortos comerciales, acreedora de varios premios otorgados por APTRA a las mejores producciones, es factor importante para el éxito del filme.   

Con la realización de El Eternauta se ha puesto en práctica un nuevo sistema técnico que permite intercalar el trabajo de actores dentro de la misma tira de dibujos animados.  Los costos de la producción se reducen y la mano obra es económica y a su vez eficiente.   

El Eternauta es una revolución del corto argentino. Es la transformación total de dos lenguajes: el de la historieta y el del cine. Estos hechos pueden ubicar sin duda a la Argentina en un lugar de privilegio en el mercado internacional, ya que en EE.UU. hace tiempo que no se producen series de dibujos animados.

Interrogado Roberto Gil (h) sobre este tipo de realización comparada con la publicidad, nos comenta «que aún faltan medios para llevarlas a cabo, y fundamentalmente, imaginación creadora de la que carecen los que sucedieron a Walt Disney«.

El Eternauta, que posiblemente compita en la Bienal Mundial de la Historieta, a realizarse en octubre en el Instituto Di Tella, tratándose de una experiencia nueva en materia de cortos, puede resultar una realización positiva. Se ha dicho, y no sin razón, que prácticamente todos los argumentos sobre temas de la vida real han sido abordados o por lo menos soslayados. Dejemos ahora en la mitad de nuestro siglo, en plena ascensión hacia lo desconocido, el campo abierto a la imaginación. Si el filme llegara a impulsar al espectador hacia una actitud pensante y que a la vez le sirva como medio de evasión de los problemas terrenos habrá logrado su objetivo. En breve lo juzgaremos.”

El texto no parece escrito por Oesterheld pero sí, quizás, por el director de 2001, Enrique Llanas.

2001 adelantó la novedad: se estaba por estrenar un cortometraje de El Eternauta que combinaba acción real con animación. El guionista ya figuraba en el staff del primer número. Aquella revista argentina, años después ungida leyenda por miles de aficionados a enigmas, futurismo y visiones del Hombre Nuevo, también fue el primer destino de ¡Guerra de los Antartes! escrita por Oesterheld e ilustrada por el rosarino Luis Napoo (seudónimo de Antonio Mongiello Ricci, 1942-2020), publicada entre mayo de 1970 y febrero de 1971. La nota salía justo cuando Héctor iba a visitar a Alberto Breccia (1919-1993) para proponerle hacer una historieta sobre la vida del Che Guevara (2).

EL DESCUBRIMIENTO

Nunca sabremos si los escasos 30 segundos encontrados y presentados por el realizador Leandro Listorti en el documental La película infinita (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, 2018) hacen justicia de lo que podría haber sido la versión completa.

EL METRAJE RECUPERADO. El director Leandro Listorti confirmó a Factor que el material le fue cedido directamente por el productor y realizador publicitario Hugo Gil.

En el corto se perciben destellos visuales y temáticos que remiten a dos tanques de la cultura popular: La guerra de los mundos (Byron Haskin, 1953) —en la representación de los vehículos marcianos que evocan los trípodes imaginados por H. G. Wells —, y Los invasores (1967), la serie de televisión protagonizada por Roy Thinnes, con las muertes incandescentes de los alienígenas infiltrados en la Tierra, que deben desaparecer sin dejar rastros de su existencia.

EL DERROTERO DEL CORTOMETRAJE

En 2002, los investigadores Hernán Ostuni y Fernando García tomaron nota del curioso precedente.

En 1968, Roberto Gil, Mario Bertolini y Roberto Gil (hijo), directivos de Gil & Bertolini, una importante empresa dedicada a la producción de comerciales publicitarios para televisión, adquieren los derechos del personaje para realizar una serie de animación para TV, que se iba a presentar en la Primera Bienal Mundial de la Historieta en el mes de  octubre de 1968 en el Instituto Torcuato Di Tella.

“En la premisa argumental pautada, cada capítulo comenzaría con una introducción a cargo del propio Oesterheld, cuyo rol de anfitrión humano serviría para recapitular los hechos principales de la acción, teorizar sobre los avances en el terreno de la animación y, probablemente, ejercer la docencia militante”, escriben (3).

JORGE MOLITERNI

El diseño gráfico de la serie corrió por cuenta de Jorge Moliterni, historietista de Misterix recordado por su trabajo en Watami (1963), con guiones de Oesterheld. Si bien los personajes de El Eternauta mantenían su estilo físico, fueron modificados “basándose en conceptos plásticos derivados de las vanguardias europeas, esencialmente las del mayo francés”, explicaron los autores. La faz técnica del trabajo recayó en Miguel Angel Nanni y Cayetano Carluggio (animadores), Alejandro Tempesta (camarógrafo) y Carlos Berrincomo (director de arte).

FELIPE RICARDO ÁVILA. En 2017, el historietista e historiador del género dio una conferencia titulada Los marcianos de Oesterheld en nuestro evento A 70 años de los Platillos Voladores: Ciencia, Mito y Ficción. Primer Encuentro Cercano. A nuestro infatigable Felipe le dedicamos este trabajo.

Sin embargo, el proyecto nunca llegó a su fin. Tempesta le explicó a Felipe R. Ávila que los minutos filmados fueron dibujados con rotoscopio, una técnica de animación que consiste en calcar fotograma a fotograma imágenes reales filmadas previamente, para crear movimientos más realistas. El dispositivo era tan costoso que solo había sido usado en producciones cinematográficas de la Disney y la Paramount.

“Creo que se llegó a terminar solamente un pencil-test que no fue más allá de dos o tres minutos, con unas corridas de Franco y Juan por Palermo. Más que eso, no”, llegó a confiar otro animador del proyecto, Carlos Berrino, al redactor de Fierro. Durante años, el metraje permaneció envuelto en el misterio: algunos hablaban de apenas unos segundos, otros se atrevían a decir que duraba más de veinte minutos. Finalmente, fueron hallados treinta segundos —un fragmento valioso, aunque tosco, que no sabemos si llegó a proyectarse en el Instituto Di Tella.

“Parece increíble, pero en aquellos tiempos trabajar con 35 mm. era muy difícil. Lo normal era hacer un piloto en tres meses y conseguir (alguien) que hiciera el aguante de costos por lo menos un año, que era lo que se necesitaba para armar un largometraje en dibujos animados, o una serie, y eso no aparece cuando hay crisis financieras galopantes”, explicó Tempesta a Ávila. “Me acuerdo –continúa–  que filmé las tomas en dibujo animado, era un piloto donde se mezclaba tomas en vivo con material en blanco y negro en alto contraste (figuras en silueta) con filmación animada”.

El director del corto era Toti Gil, el Jefe de Producción Tito Scaglioni y, entre los dibujantes, estaban el mencionado Carlos Berrino, Miguel A. Nanni, Carlos Baratto y Lucas Carluccio. Los layout estuvieron a cargo de (Jorge) Moliterni.

Había un actor en vivo. ¿Su nombre? “Un tal Gancé”, le recordó Tempesta a Ávila.

Filmar la película empezaba a ser la obsesión de unos cuantos.  “Nadie pudo con ella. Hasta ahora”, escribía El Gavilán en aquella nota pionera.

MÁS RASTROS EN «FIERRO»

En el número de enero de 1989 de Fierro, El Gavilán-Pérez publicó sus conversaciones con Roberto Toti Gil sobre el proyecto. “¿Cómo podemos aprovechar estos baches en el trabajo para hacer algo que nos guste? Entonces se me ocurrió que podríamos iniciar el piloto para una serie de TV”. ¿Por qué se interesó en El Eternauta? “Por la dinámica que tiene el relato, una acción bien resuelta que está cerca del cine y, sobre todo, porque ocurría en un lugar muy cercano, Buenos Aires”.

Toti Gil contó que compró a Oesterheld el guión e inmediatamente se abocó a la adaptación. “En ella, el mismo Oesterheld dibuja y cuenta la historia, así se puede mezclar dibujo animado y acción viva. La historia comenzaba en vivo, luego yo me iba metiendo en los cuadros que él dibujaba, los cuadros se animaban y ocurría toda la historia”.

Molterni plantaba las escenas y hacía los dibujos de Franco y Salvo. Filmaron planos de Manos con armas, corridas, caídas, tomas del estadio River y otros elementos para que los animadores pudieran trabajar. “Aunque hubo cierto entusiasmo en Europa por el material –le contó a El Gavilán Mario Bertolini– no se pudo conseguir una adecuada distribución y un seguro en las ventas que balanceara la inversión”.

Todo se diluyó. Moliterni se pudrió, el proyecto se empezó a franelear, que sí, que no, que empezamos el lunes, que la plata, que los contratos, que se firma, que no se firma. A todo esto, Oesterheld sentado horas y horas haciendo antesala, queriendo ver material, cómo se estaba encarando”.

A mediados de 1981, Alfredo Scutti, dueño de Ediciones Record, llamó al estudio de Berrino por un temita. “Necesitaba realizar el comercial de TV para relanzar en fascículos semanales El Eternauta a todo color. Berrino, entonces, se da el gusto. Al mismo tiempo, el productor Mario Álvarez le propone filmar una serie… ¿Cuál? El Eternauta, claro.

A TODO COLOR. A comienzos de los ochenta, Ediciones Record comienza a publicar los fascículos semanales coleccionables de El Eternauta coloreados por Luis Parmiggiani.

BUENOS AIRES EN LA RESISTENCIA. Invasión imagina una Buenos Aires sitiada, convertida en campo de batalla entre una resistencia local y una fuerza invasora desconocida. Como en El Eternauta. Nacidas en lenguajes distintos —la historieta creada por Héctor G. Oesterheld y Francisco Solano López en 1957, y la película dirigida por Hugo Santiago en 1969, con guión de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares—, las dos obras comparten el enfrentamiento desigual contra un enemigo poderoso, silencioso, casi abstracto. En Invasión, la defensa de Aquilea recae en un grupo liderado por Don Porfirio; en El Eternauta, Juan Salvo y sus amigos enfrentan la nevada mortal, los cascarudos, los gurbos, las Manos y los Ellos, al frente de todos. El héroe no es un individuo aislado, sino el colectivo. En ambos casos, lo esencial es resistir. Si Oesterheld dijo “el verdadero héroe es el héroe colectivo”, Santiago recueda: “el coraje, el miedo y el vértigo intemporal que acecha a los hombres desde siempre”. El punto de contacto es narrativo y filosófico: ambas ficciones revelan una angustia existencial y política ante las cambiantes formas del poder.

Es hora de refrescar el contexto.

Héctor G. Oesterheld había sido secuestrado por un grupo de tareas de la dictadura el mediodía del 27 de abril de 1977, cerca de la esquina de La Rioja y Venezuela, en el barrio porteño de San Cristóbal.

Oesterheld estaba desaparecido. La TV estaba intervenida por los militares. En ese momento de julio de 1981, Berrino se acercó a la Servicio de Información Pública (SIP), el organismo que supervisaba, censuraba y controlaba la propaganda de los contenidos de los medios de comunicación durante la dictadura militar argentina.

“Hablé con un amigo y le pregunté si habría algún problema en hacer un guión de Oesterheld. Me respondió que ninguno, es más: ‘un coronel Villar le dijo que sería una maravillosa oportunidad para mostrar el aggiornamiento en armas y uniformes del ejército argentino”.

Editorial Récord había vendido los derechos para cine a un productor italiano. La viuda de Héctor, Elsa Sánchez de Oesterheld (1925-2015), informó sobre el escollo, a todas luces insalvable. Aristarain tropezó con los mismos obstáculos cuando, después de filmar Últimos días de la víctima (1982), sondeó estudios estadounidenses, como Columbia, para rodar la película. Y siempre la misma duda. ¿Tiene sentido filmar El Eternauta en escenarios e idiomas que no son los nuestros?

Alejandro Tempesta le dijo a Felipe Ávila que no se quedó con material. Pero sus recuerdos siguen frescos. “Yo había hecho en una marioneta articulada de 30 cm. para filmar cuadro a cuadro las ‘cucarachas’ (los cascarudos) en madera y acrílico moldeado. Logré hacer una prueba en 16 mm. para ver el resultado. También las dos ametralladoras tipo americanas en madera y pintadas de negro, para usar en silueta en tomas de vivo.” El piloto, recordó, se estaba haciendo en simultáneo con otra animación sobre las aventuras de una abejita realizada por Oscar Grillo (leer sus comentarios, al pie de esta misma nota), dirigido por Hugo Gil y la producción de Norberto Gaite. (4)

El hechizo de El Eternauta persiste a través de generaciones y estilos porque su núcleo sigue intacto: una narrativa de supervivencia colectiva, una potencia visual que salió a caminar mundos y un mix que nos sigue convocando: la ciencia ficción y la memoria política argentina reciente.

El corto animado de 1968, impulsado por la fe en el progreso técnico y la imprevisibilidad de los futuros que los argentinos empezaban a imaginar, reflejó una época de entusiasmos heroicos. Y, casi como hoy, prevalecía la precariedad material.

A estas alturas del siglo XXI, los jugadores cambiaron —bueno, quizá no tanto. Lo que sí se transformó de forma radical fueron las tecnologías, los lenguajes digitales y las plataformas, que ahora permiten reimaginar El Eternauta en múltiples dimensiones. Pero la historia —la de la nevada mortal, la resistencia y la traición— tiende sobre nosotros el mismo manto de pánico y extrañeza. Casi como en 1957.

LA VOZ DE OESTERHELD. Referencias a la animación y a los proyectos sobre una película en esta entrevista que le hizo Martín García a H.G.O. en enero de 1976, en Radio Belgrano.

***

Martín García: —Los gurbos, los cascarudos, la destrucción por parte de los gurbos de muchas partes de Buenos Aires, su irrupción en los subterráneos, marca un estilo, muy en boga, que es la catástrofe. ¿Esto hace casi imposible, por los costos argentinos, pasarlo a película? ¿Alguna vez se pensó?

H.G.O.: —Se ha pensado varias veces hacerla… Hasta alguna vez se pensó, para salvar los costos, en hacerla en dibujo animado. Pero nunca terminó de concretarse ningún proyecto. Yo creo que se podría hacer. No es tan difícil. Pero los que entienden más dicen que no se puede. Yo creo que se podría.

Entrevista de Martín García a Héctor Oesterheld. Radio Belgrano, enero de 1976

(*) En una versión que se mantuvo online hasta el 1/5/2025, el autor identificó erróneamente El Gavilán con Carlos Trillo. Sin embargo, el colaborador de la revista Fierro que firmaba con ese apodo era Martín Pérez. Queda hecha la debida enmienda.

Bibliografía consultada

1) Pérez, Martín (“El Gavilán”). “Para cuando nieve en Buenos Aires: El Eternauta y el cine”, revista Fierro Nro 56, p. 46-47. Disponible en Ahira – Archivo Histórico de Revistas Argentinas.

2) Nicolini, Fernanda y Beltrami, Alicia. Los Oesterheld, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2016. Pág. 45

3) García, Fernando y Ostuni, Hernán. El Eternauta. En Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta N 7 vol 2, septiembre de 2002. Pp. 125-152. Disponible en línea.

4) Avila, Felipe. Oesterheld, Gil, Bertolini y Tempesta (3 de noviembre de 2009). Disponible en Rebrote 

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  1. En esa epoca yo estaba en GeBe y como dicen correctamente trabajando en un proyecto de serie de la abejita «Damby» con un guion de los hermanos Heredia,uno trabajaba para Garcia Ferré y el otro dibujaba Perro Mundo para La Nacion. Todo en el estudio era un poco un despelote. Nadie sabia para que lado estaba agarrando. No habia dinero y la moral andaba por el suelo,. Yo me termine hinchando las p*lotas pues nadie sabia que pasaba y me fui. Segui trabajando como free lance en animacion e ilustracion y un año despues me vine a Europa donde aun vivo y finalmente hice pude seguir mi carrera de animador en forma ordenada. Lo que me acuerdo del Eternauta es que los dibujos de Moliterni eran una preciosura y que muy pocos tenian la habilidad de imitar en la animacion, y tambien que Stagnaro (padre) filmo algunas escenas en blanco y negro en alto contraste que prometian ser buenas pero sospecho que no usaron. Nunca crei que el proyecto iria muy lejos. Faltaba seriedad profesional. Al video que tienen aqui arriba no creo haberlo visto ante y me parece catastrofico.

  2. Estimado Oscar: estoy feliz de haber recibido tus noticias. Cada vez que publico algún trabajo nostálgico sobre tesoros culturales de Argentina pienso en quién podría recordar de qué hablo, sugerir otros puntos de vista, corregir información equivocada o agregar recuerdos valiosos. ¡Muchas gracias por aportar tus recuerdos en el sitio!

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El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

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