
Para mí, el gran mérito de la respuesta es que, sin perder rigor científico, su retórica se acerca maravillosamente a lo que muchos entendemos por «religión» o «espiritualidad» (relacionarse a partir de «lo sagrado» por medio de enseñanzas, prácticas, rituales y creencias socialmente cohesivas), convirtiéndose en un ejemplo claro de cómo la ciencia se puede superponer con la religión.
Transcripción de la respuesta de Neil deGrasse Tyson:
“El hecho más asombroso [del universo] es el saber que los átomos que forman la vida en la Tierra, los átomos que forman el cuerpo humano, los podemos encontrar en los crisoles que cocinaron elementos ligeros en elementos pesados en su núcleo bajo temperaturas y presiones extremas. Estas estrellas, las de mayor masa, se volvieron inestables al final de su existencia, colapsaron y luego explotaron y desperdigaron sus entrañas enriquecidas a lo largo de la galaxia, entrañas hechas de carbono, nitrógeno, oxígeno y de todos los ingredientes fundamentales de la vida. Estos ingredientes forman parte de la nube de gas que se condensa, colapsa y forma la próxima generación de sistemas solares, estrellas orbitadas por planetas. Y estos planetas ahora tienen los ingredientes básicos para la vida. Así que cuando miro el cielo nocturno sé que sí, somos partes de este universo, estamos en este universo, pero quizá aún más importante que esos dos hechos, es que el universo está dentro nuestro.
“Cuando miro el universo y miro hacia arriba, mucha gente se siente pequeña porque es pequeña y el universo es muy grande. Pero yo me siento grande. Porque mis átomos provienen de esas estrellas, hay un nivel de conectividad. Y eso es lo que queremos en la vida, queremos estar conectados, sentirnos relevantes, queremos sentir que formamos parte de las actividades y eventos que suceden a nuestro alrededor. Y eso es precisamente lo que somos sólo por estar vivos.»
Gracias a Mirta Cristina Rodriguez de Corderi por llamar mi atención hacia el clip.







