
Los primeros comentarios de los lectores son una andanada de descalificaciones (el abanico imaginable, desde “loco” a “pelotudo”).

Menguele es un poroto al lado de gente como este hombre que no solo no respeta su cuerpo y lo somete a cualquier cosa, sino que pretende instaurar una tecnología capaz de menospreciar a otros hombres o seres, intentando crear seres únicos en su naturaleza de una forma ridículamente artificial superior.
Dejemos de lado su comparación con Menguele porque no resiste el menor análisis. Pero no puedo dejar de preguntarme por qué escandaliza la alteración del cuerpo ajeno. ¿Acaso es algo sagrado? ¿Su conservación está más allá de los caprichos individuales? Se podría decir que la idea de Xalvador parece religiosa, pero lo descarto al recordar que algunos cultos aún practican la ablación de clítoris y la circuncisión. ¿Se puede hablar de “falta de respeto” por aquello que Stelarc hace en su cuerpo? ¿Su condición de artista lo convierte en candidato a la imitación? ¿Es cierto que Stelarc propone crear “seres únicos”, superiores a otros, o es exactamente aquello que él con su arte pretende deschavar?
Por ahí, tal vez, puede encausarse un debate. Hasta podría, incluso, aparecer una idea novedosa. Lo que no entiendo es qué fibra toca Stelarc para que su propuesta reciba tantas puteadas.







