Hace veinte años subí al Word Trade Center por segunda y última vez. Le pedí a una familia japonesa que me sacara una foto (todavía no existían las selfies) y ahí quedó mi estampa, a disposición del primer aficionado al humor negro que quiera dibujar a mis espaldas un ovni a punto de estrellarse.

Encontré un cuaderno de apuntes de aquel viaje que hice a Nueva York en octubre de 1995, seis años antes del 11S. Es un texto fugaz y sin gracia, pero, si bien creo que prevalece cierta angustia profética y acerté en llamar a las Torres Gemelas «una terraza al abismo de la modernidad«, lo cierto es que la pifié cuando dije que las películas donde alguien se lleva por delante a la Estatua de la Libertad “no se pueden creer”. Bien, a continuación mi modesto aporte al nunca escrito catálogo de antiprofecías de ayer y de siempre.

NY 20-10-95-ch
Si querés leer el manuscrito original, hacé click en la imagen y descargá la primorosa -e inédita hasta hoy- reliquia.

Vengo de subir 107 pisos del World Trade Center y resulta que me apuné.

Llegás a un piso rodeado de vitrinas y ahí ves cómo una multitud de todas las razas se apretujan contra el cielo y pegan las ñatas y tiran flashazos contra el vidrio, porque todavía no saben que podés seguir un piso más, por una escalera mecánica (y llegar) al aire libre, con un balcón al revés para que no te caigas y unos alambres de púa retorcidos para que, si se te ocurre hacer una locura, te quede el cuerpo enganchado.

Y bueno, desde allá arriba podés ver toda newyork.

En los vidrios unos dibujitos te enseñan para qué lado estás mirando, si el East River, Brooklyn o New Yersey. La Estatua de la Libertad es un soldadito ridículo de tan chiquita que se ve que no se pueden creer las películas donde alguno se la lleva por delante, porque está en medio del río, bien visible.

Se supone que es la ventana del mundo, una terraza al abismo de la modernidad, el lugar más alto creado por el hombre para sentirse más alto que las demás criaturas del universo, tanto que cuando me apoyé a la baranda y concentré la vista en esa señora apurada, que iba como una lauchita diminuta, me agarró como una angustia y me apuné.

Se supone que debe ser mucho más terrible cuando te encontrás con Dios. O sin Dios.

Nueva York, 20-10-95

AGRADECIMIENTO.

A Migo Welsh por la intervención de la foto que recuerda a este otro (falso) evento:

Archivo: Valeria Parente

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El que prescribe

Alejandro Agostinelli, editor de este blog, es periodista desde 1982.

Fue redactor de las revistas Conozca Más, MisteriosEnciclopedia Popular Magazine Gente, y de los diarios La prensaPágina/12. Fue uno de los impulsores de la Fundación CAIRP y escribió y asesoró a la revista El Ojo Escéptico. También fue productor de televisión en Canal 9 y América TV. Fue secretario de redacción de las revistas de divulgación científica Descubrir NEO y fue editor de una docena de colecciones de infomagazines para la revista Noticias y otras de Editorial Perfil. Últimamente ha colaborado en las revistas Pensar, publicada por el Center For Inquiry Argentina (CFI / Argentina), El Escéptico y Newsweek.

Fue creador del sitio Dios! (2002-2004) y del blog Magia crítica. Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas (2009-2010). Es autor de Invasores. Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Random House, 2009).

Asesoró a Incoming, el noticiero de Canal Infinito (2009-2011) y escribió la columna Ciencia Bruja en Yahoo! Argentina y Yahoo! español (2010-2012). Asesoró a las productoras SnapTv y Nippur Media en la producción de documentales históricos y científicos para NatGeo (2011-2013).

Contacto: aagostinelli@gmail.com
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