Energizante cultural que no subestima las autodefensas naturales del cerebro
El lado oscuro de los platillos voladores
Alejandro Agostinelli
“¿Por qué no dedicaste ningún capítulo a José de Zer, a la “mancha” de la Sierra del Pajarito, en Capilla del Monte, o a la locura del Bastón de Mando en el cerro Uritorco? ¿Qué hay de los ‘villanos’ de la familia cósmica, como Guillermo Romeu de Radar-1?”. Estas fueron algunas de las preguntas que recibí de los mejores lectores deInvasores. Historias Reales de Extraterrestres en la Argentina. Hace poco, Diego Erlan, editor de revista Ñ, me llamó para preguntarme por qué en Invasores ignoré al «contactado» Francisco Checchi.
Erlan había presenciado una charla que dio en la ciudad de Buenos Aires e intentaba reconstruir la historia del «personaje».
Le comenté que lo conocí en los ochenta, en tiempos de El Club del Curso, un “instituto” que compartía con otro de su linaje, Gustavo Mario Fernández, y al que apropiadamente llamábamos El Club del Curro. Por entonces, tanto Checchi como Fernández estaban intentando vivir de lo que les interesaba: ovnis, tarot, radiestesia y hasta crochet, si la novia de alguno de ellos se animaba a dar un curso sobre tejido. Poco después, Checchi despistó por una variante que nunca supe si en su caso corresponde llamar religiosa, y el otro siguió en la misma: todavía hoy vive de su gran capacidad para adaptar sus “dones” (una verba florida y serpentaria) a la necesidad de los incautos.
A comienzos de los noventa, Checchi viajó con su Grupo Alfa a Catamarca, donde intentó armar una comunidad. Le comenté a Erlan que todas los relatos que escuché sobre aquella experiencia fueron de malos recuerdos y que el hombre volvió a Buenos Aires casi como se había ido, con unos pocos seguidores de la vieja guardia y el mismo recurso recaudador, unos shows audiovisuales que ya eran antiguos en los ochenta. Por supuesto, Checchi actualizó el calendario apocalíptico. Ahora, no sitúa al Armagedón a fines del siglo XX sino hacia diciembre de 2012, tal como lo asegura en un dvd que le dedicó al tema que no, no tendré la paciencia de ver. Además para qué, si ya nos habla de todo eso el propio Erlan en la lúcida y sintética crónica que publica en su sección «Flora y Fauna», publicada ayer sábado (que se puede descargar aquí mismo porque la nota no es parte de la edición online.)