Centenares de londinenses se aprestaban a disfrutar de un festival que honraba a la literatura palestina cuando un comando pro sionista intentó aguar la fiesta. Allí estaba el periodista Pablo Robledo, autor de la siguiente crónica. Que tiene final feliz.
Por Pablo Robledo
Sábado a la mañana. Suena el despertador a las 7: 30 am. Miro por la ventana. Se sienten truenos, Londres está lluviosa y gris, como siempre, pero con ese aire entre despreocupado y vicioso que tienen las grandes ciudades los sábados por la mañana. Estoy contento. A las 10 am empezará, en uno de los barrios más pobres de Londres, el Tottenham Palestine Literature Festival, organizado por Haringey Justice for Palestinians.
La otra ciencia ficción
Es llamativo descubrir cuánto ignoramos las sociedades occidentales del impacto que ha tenido en las culturas islámicas la cultura del terror, la fantasía y la ciencia ficción occidental. ¿O acaso no interesa la ciencia ficción en las comunidades musulmanas? Hoy experimenta un “revival”.
Una buena fuente de información es la web Islam and Science Fiction.Este año Rebecca Hankins, profesora asociada y archivista de la Texas A&M University, College Station TX y estudiosa de las conexiones e influencia histórica de los musulmanes en la ciencia ficción contemporánea, la fantasía y la literatura cómic, dio una conferencia en Universidad Sogang, en Corea, sobre la presencia de temas islámicos y las culturas musulmanas en la narrativa gráfica, escrita y visual estadounidense.
Hankins formó parte de un panel que debatió las conexiones e influencias en los dos sentidos: así como el Islam ha influido en la producción de la ciencia ficción y la fantasía a lo largo de la historia (sobre todo bajo la forma de fábulas y aventuras fantásticas), ambos géneros de matriz cultural básicamente yanqui, también han inspirado a millones de musulmanes, siendo los iconos indiscutidos Star Wars, Star Trek y Duna.
Le debemos a la imaginación científica –esa que hace posible lo que parece imposible– los descubrimientos que todos disfrutamos y es largamente conocido el impacto de la producción científica islámica en la cultura occidental.
No deja de ser una curiosa omisión.
El Festival de Literatura Palestina de Tottenham, el barrio donde hace solo un par de años empezaron los disturbios raciales que incendiaron Londres. El programa promete: Ruqayyah Kareem, la mayor experta mundial en ciencia ficción musulmana; Naomi Foyle, Presidenta de la Asociación de Escritores y Académicos Británicos por el Boicot a Israel y ella misma autora de Astra, un fabuloso libro de ciencia ficción y a la vez feroz crítica eco-distopica a los colonos fundamentalistas que habitan los ilegales asentamientos civico-militares de los Territorios Ocupados; Sarah Schulmann, Profesora de la City University de New York, activista lesbiana y judia-antisionista, autora de Israel/Palestine and The Queer International; Ghadeer, activista lesbiana palestina de la organización feminista Aswat; Selma Dabagh, autora de la excelente novela Out of it, sobre la vida en Gaza y Londres. Y muchos, muchas y mucho más. Camino, me tomo el subte, me tomo un ómnibus y llego al sitio, una escuela primaria en el corazón de la pobreza.
Ambiente tranquilo, café, dulces y tortas palestinos, gente sonriendo, stands llenos de libros, de organizaciones de ayuda y activismo, de gente de teatro, músicos, cineastas, de médicos de Medical Aid for Palestinians. Alegría, solidaridad y buena onda serían las palabras justas. Me meto en la primera charla. El auditorio está casi lleno. Habla el periodista Tim Llewellyn, ex editor, corresponsal de la BBC para Medio Oriente y miembro del Consejo para el Entendimiento Árabe-Británico. El tema de la charla es un libro de 728 paginas, publicado en 1939 por un ignoto periodista inglés, re-descubierto hace un año y del que solo quedan 8 ejemplares en todo el mundo. El libro, según los historiadores y expertos que lo han re-descubierto, cuenta de una manera absolutamente documentada y científica, casi implacable, la “cocina”, de la Declaracion Balfour, la infame declaración hecha por el Imperio Británico a los líderes sionistas en 1917 y que marcó el comienzo de la Nakba, la tragedia del pueblo palestino.
De repente aparecen ellos. De la manera en que siempre lo hacen. Por sorpresa y a traición. Uno se levanta de su asiento y corre al escenario, donde se planta con unos carteles escritos a mano. Otros tres también se levantan y se ponen a filmar con sus teléfonos móviles desde un costado. Otra se para y empieza a gritar. Otro va a encarar a los panelistas con gestos desaforados. Son las patotas de agentes provocadores, profesionales de la violencia a sueldo del Estado sionista de Israel. Van a romper y atacar cualquier actividad artística, social, cultural o política que esté relacionada con la causa del pueblo palestino. Son rápidos, son crueles, son inteligentes. Saben lo que hacen. Actúan a la manera de los Comandos Civiles de la Libertadora o de los Grupos de Tarea de la Dictadura. Están entrenados para crear el caos. Son sionistas fanáticos. El moderador del debate, un bibliotecario jubilado, terminó con la cabeza partida, los anteojos destrozados y en el hospital. Otros, que quisieron parar el ataque, terminaron con las caras pintadas de rojo por los efectos de un aerosol mezclado con químicos y pimienta que usan los sionistas para atacar, y que daña terriblemente la piel y los ojos. Los sionistas emprendieron la retirada a los gritos, la cacafonía usual de insultos baratos: ¡Vayan a leer ¡ antisemitas! ¡ Vayan a aprender! ¡ Dejen de mentir! ¡ Los tenemos filmados y los iremos a buscar! Etc, etc, etc. Llegó la policía, rodeó el lugar con 8 ó 10 coches, hubo varios arrestos. Creí que habían conseguido lo que querían, arruinarnos el día.
Pero no, el Festival después del caos y los lógicos nervios, continuó. Llegó cada vez más gente y las charlas y debates se pusieron sabrosísimos.
Literatura y política en estado puro. Lo que me lleva a pensar que la desesperación de los sionistas es profunda, sobre todo después del último y brutal ataque a Gaza, donde la gran mayoría del planeta repudió, sin atenuantes ni condicionamientos, su accionar asesino. Saben que se les terminan las mentiras, saben que su enorme maquinaria de propaganda y desinformación se ha quedado vacía o ha sido contrarrestada, saben que el mundo los repudia porque ya no pueden seguir engañando a nadie y el colonialismo y la ocupación, en el siglo XXI, son anacronismos. Volví a mi casa con una sonrisa y lleno de literatura y política.
La vida, una vez más, le había ganado a la muerte.
-Pablo Robledo (desde Londres)
NOTAS RELACIONADAS
Objetivo: deshumanizar al enemigo (31-07-2014)
Ciencia árabe sin milagros (28-06-2011)
La guerra que no has visto (18-12-2010)