Hay cosas que dan un poco de vergüenza ajena, sobre todo porque están tan naturalizadas que ya no indignan a nadie. Por eso me apuro a escribir los renglones que siguen: la noticia empieza a ponerse vieja y no quiero que me pase lo de otras veces, que me acuerdo de escribir cuando el tema ya no le interesa a nadie.
Hace un par de semanas, “cierto programa de televisión” reveló que el padre Julio César Grassi seguía operando sus teje-manejes desde la cárcel. Lo de siempre: chanchullos económicos seguidos de acciones miserables hacia quienes –si fueran ciertos sus juramentos ante Dios, presuntamente su máxima autoridad– hubiese debido cuidar.
Ese “cierto programa” (lo podemos ver arriba) resulta ser Periodismo Para Todos (PPT), conducido por Jorge Lanata. Hay varias reacciones posibles: “¡Ups, qué contrariedad, cuántas veces habremos dicho que ese programa es un bodriazo!”, “¡La puta que lo parió, si esta vez tiene razón pudo haber embocado otras que ya hemos denostado!”, o bien: “Magnífico! ¡Volvió al lado de la Verdad, ha enderezado el rumbo!”. Y así.
Podemos ampliar el menú de reacciones revisando el abordaje de los medios oficialistas. Y bien: digamos que los medios próximos a la ideología oficial han cubierto el caso con prudencia, no sea cosa de darle ventaja al vocero de los “medios hegemónicos”. (Clásico argentino: si los medios opositores silencian o dejan de lado las noticias susceptibles de ser interpretadas como “favorables” para el gobierno, los medios oficialistas ignorarán o evitarán toda alusión a la procedencia de aquellas noticias potencialmente dañinas. Si, en cambio, la noticia es un “éxito” o rebota en otros medios, prestigiará al canal que la catapultó: citar a la publicación opositora será entonces “pecaminoso” o “incoherente”; tanto que, antes de decir las cosas como son, más vale hacerse los distraídos.)
Por otro lado, el programa de Lanata descuida un detalle tan visible que es imposible no ver: no es que Grassi «tiene poder», el poder se lo otorga la Iglesia Católica, que todavía le permite seguir usando sotana. Pese a que cumple una condena de 15 años por abuso de menores, aún está en la nómina del Obispado de Morón. Y aún es protegido por el papa Francisco, el mismo que -hace más de un año- prometió “tolerancia cero” con el abuso de menores dentro de la institución que preside.
Desde el principio, las denuncias contra el padre Grassi fueron el caballito de batalla de El Trece y, también desde el principio, la figura del sacerdote acusado de abusar de menores que estaban al cuidado de su Fundación siguió siendo defendida por la derecha y el más rancio clericalismo; entre los demás, convocó un generalizado consenso (en contra). Aún así, basta que un canal televisivo enfrentado con el gobierno lance una primicia sobre el caso para que los medios oficiales o parcialmente subvencionados por el gobierno aplasten y le quiten todo mérito al informante, en una acción tan repudiable como la que le suelen atribuir al “enemigo”.
MISIÓN: CALMAR FIERAS
El 27 de julio pasado se conoció la investigación de PPT que expone las miserias del creador de la Fundación Felices los Niños. Y si bien medios afines al gobierno como Télam, Página/12 o Tiempo Argentino levantaron la noticia, el 29 de Julio, cuando el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, anunció la intervención, y el 4 de Agosto, cuando recorrió el predio de la Fundación, éstos omitieron que los allanamientos en la quinta de Grassi y otras medidas posteriores (como la remoción del Director del Penal donde está recluido el cura) fueron consecuencia de una acción iniciada por el director de Hogares de la Fundación, Juan Manuel Casolati, quien halló en la producción de Lanata, en particular en el periodista Rodrigo Alegre, su caja de resonancia.
El equipo periodístico de El Trece confirmó la denuncia de Casolati y otros miembros de la Fundación, según la cual en la Unidad Penitenciaria 41 de Campana disfrutaba de lujos propios de un hotel de algunas estrellas (plasma, frigobar, tres celulares, conexión a internet…), en cualquier caso un duro contraste con las privaciones que sufren los 40 niños y jóvenes que todavía residen en el predio de la Fundación que él creó –probablemente para encauzar sus impulsos pedófilos.
Quizá a Grassi le incomodó saber qué clase de vejámenes pueden llegar a cometer los presos a un condenado por abusar de menores. Así, para garantizarse una temporada apacible en el presidio, el cura armó un operativo para desviar cajas con comida y otros artículos de primera necesidad hasta la cárcel de Campana, a fin de “donar” a los presos y el personal penitenciario buena parte de los alimentos, cuyo destino eran obviamente los niños de la Fundación.
Ahora bien, una mirada equilibrada sobre la cuestión no puede ignorar quién produjo la noticia.
¿MERCENARIO O SESGADO?
Jorge Lanata, acusado de bifronte, es repudiado desde que pasó de ser el primer cruzado contra el multimedios liderado por “Clarín” a firmar un millonario contrato con éste para convertirse en ariete de su lucha contra el gobierno. ¿Acaso el “periodismo corporativo” ejercido por Lanata lo inhabilitan, a él o a su equipo, a volver, de vez en vez, a un periodismo digno?
La prédica “matemos al mensajero” es poco aconsejable cuando muchos –quién más, quién menos–, conocemos a periodistas poco o nada creíbles a los que les llegó información fidedigna que se encargan de retransmitir, e incluso conocemos casos de charlatanes con suerte. Los medios oficialistas, en cambio, no le negaron entidad a la noticia –de hecho la difundieron– pero ¡suprimiendo la fuente! ¿Acaso creyeron que citar a Lanata los conducía a una contradicción? ¿Acaso –¡ironía!– «el enemigo» no puede ejercer ocasionalmente un periodismo virtuoso?
Digo esto reconociéndome del lado de los que no digieren a Lanata, y no por el hastío que provoca su despliegue de insultos o que su emblema sea un repulsivo gesto de violencia; considero tóxico su modo de ejercer el periodismo desde el momento que, enceguecido en su lucha contra el oficialismo (contra un gobierno con el que, dicho sea de paso, tampoco simpatizo), comenzó a imaginar datos para agrandar el volumen de su presa o acudió a la tergiversación al servicio de un efectividad discursiva con exiguo o nulo respaldo informativo.
El ojo tuerto del oficialismo también es vergonzoso.
PPT emitió un informe que, según mi falible criterio de espectador, hizo esfuerzos evidentes (como el seguimiento de un camión sospechoso con varias cámaras) para documentar el desvío de alimentos donados para la Fundación Felices los Niños a la Unidad Penitenciaria 41 de Campana. Si se me ocurriera omitir en este post el enlace al programa, el que practicaría un despreciable “periodismo selectivo” sería yo.
Digamos también que la denuncia tampoco es de Lanata sino de Casolati, director de hogares de la Fundación FLN desde que Grassi fue detenido. Pero eso no supone minimizar el trabajo de PPT, que recogió y verificó los dichos del funcionario y de los empleados de la Fundación con una infrecuente –y meritoria– meticulosidad.
Es por lo tanto justo celebrar la emisión de PPT dedicada al cura pese a que durante el programa nadie dijo ni pío sobre la obstinación con que Jorge Bergoglio elude abordar el caso.
Tal vez, por esa insólita ventaja de tener un papa argentino, Julio César Grassi termine consagrándose como el último cura abusador protegido por la Iglesia Católica.
Si va a ser así, esperemos que al último sacerdote pedófilo le apaguen la luz: la Justicia terrestre no debería relajarse, ni permitir semejantes excesos a las almas oscuras.
Gracias Carlos Santillán por sugerirnos la nota de Vitali !
RELACIONADAS
¿Qué hace un papa aparte de encubrir abusos sexuales? (9-04-2012)
Apoyo poco feliz de un padre a otro (Humor, 10/08/2010)
El padre Grassi fue condenado y Portal dice: “¡Hop! ¡Pum para arriba!” (11/06/2009)