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Entradas Etiquetadas ‘Evangelios y apócrifos’

Entrecruzamientos (el resultado de un concurso)

Domingo, 15 de julio de 2012 Sin comentarios

 

¿Qué tienen en común? ¿Qué puentes unen Evangelios y apócrifos, la novela de Daniel Riera, con Invasores, el libro de A. Agostinelli?
En el post donde anunciamos el concurso explicamos que los ganadores iban a estar entre quienes respondieran con mayor detalle esta pregunta. Y que esos comunes denominadores podían referirse al contenido, a los autores, a las relaciones con personajes o a situaciones presentes en ambas obras. También decíamos que varios indicios de los paralelismos entre ambos libros podían ser hallados en la web. Es decir, no íbamos a considerar Leer más…

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Tres libros que entusiasman

Viernes, 27 de mayo de 2011 2 comentarios

Uno de mis amigos en Newsweek Argentina, Sebastián Catalano, me pidió que eligiera tres libros “dentro de tus temas” para recomendar en la edición de esta semana. Me vinieron en mente varios, dos de ellos que nunca tuve tiempo de comentar aquí. Sebastián me hizo resumir mi impresión de cada libro en 350 caracteres. Te dejo entonces con tres grageas de otros tantos libros que me llevaré a donde vaya. No sé si fui capaz de contagiar mi entusiasmo de manera pareja, pero sin duda ninguno de ellos defraudará la inteligencia de sus lectores.

Si querés saber cuáles son, clickeá “Continuar”, por favor.
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Daniel Riera presenta "Evangelios y apócrifos"

Martes, 18 de mayo de 2010 Sin comentarios

Por Daniel RieraLa Espiga de Trigo había cambiado su legendario nombre por el más existencial Ya no somos los que éramos. Nadie dudaba de la audacia del gesto: algunos, sí, se atrevieron a dudar de su pertinencia. El nuevo nombre parecía destinado a espantar a la clientela cautiva, la que había hecho grande a la panadería, la que valoraba el respeto por ciertas marcas de estilo que, sumadas, determinaban una tradición.

“La ex Espiga de Trigo se convirtió en una panadería de vanguardia: las colchonetas en el suelo obligaban a los clientes a quitarse los zapatos al entrar. Una empleada solícita se encargaba de guardarlos en un viejo horno en desuso y de repartir números como si se tratara de un guardarropa. La empleada estaba vestida de riguroso y ceñido cuero negro, con una máscara de soldador que le cubría el rostro, y era el único ser humano que veían los clientes. El viejo mostrador había sido reemplazado por un paredón de cemento alisado con una puerta negra en el centro. Sobre el paredón habían colgado cuadros con fotos de los productos que ofrecía la panadería, nomenclados de acuerdo con un código alfánumerico. Las medialunas de grasa, por ejemplo,  eran F 1; las de manteca, F2; los cañoncitos de dulce de leche, F3; los de crema pastelera, F4, y así. Cada vez que alguien entraba en Ya no somos… activaba un sensor que activaba a su vez a la liana que trasladaba el micrófono que los clientes debían utilizar para hacer los pedidos. Desde el sótano, un operador “atendía”. Leer más…

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